Serge Latouche: Qué decidimos, decrecimiento o colapso

El ciclo ha tenido como objetivo exponer algunos aspectos clave de los procesos de producción y consumo actuales así como sus efectos transformadores sobre los sistemas sociales y naturales. En este marco, Latouche expuso sus ideas para lograr una sociedad más justa y con un nivel más alto de felicidad en una conferencia que llamó «Por un mundo más justo de abundancia frugal: la utopía concreta del decrecimiento».

El profesor repasó la evolución del concepto de felicidad a lo largo del tiempo. Ya el filósofo inglés John Bentham planteó en el siglo XVIII la idea de utilitarismo, que de forma muy resumida persigue la mayor felicidad para el mayor número de personas posible. Enseguida se dio por entendido que el bienestar era la vía para alcanzar esa felicidad y muy deprisa también otorgamos a la palabra un sesgo reduccionista: el bienestar restringido al ámbito económico. Un bienestar, hay que decirlo, que ha sido el motor y el fundamento de una sociedad de crecimiento pero que desde hace tiempo quiebra. «Hay que deconstruir la ideología de la felicidad cuantificada», dice Latouche hacia el imaginario actual de un bienestar vinculado directamente al PIB. Un PIB que se basa en la riqueza mercancía y que no tiene en cuenta tantas otras cosas que también deberían ser cuantificadas y que no lo están en absoluto: desde la pérdida de patrimonio natural y la extinción de especies, hasta el trabajo que pese a que sea indispensable no está remunerado, como lo son por ejemplo las tareas del hogar.

El error conceptual del PIB, afirmó, ya lo expuso Robert Kennedy en 1968: «El PIB no tiene en cuenta la salud de nuestros niños, la calidad de su educación o el placer que experimentan mientras juegan. No incluye la belleza de nuestra poesía ni la fuerza de nuestros matrimonios, la inteligencia del debate público o la integridad de nuestros funcionarios. No mide nuestro coraje, ni nuestra sabiduría, ni la devoción a nuestro país. Lo mide todo, en definitiva, menos lo que hace que la vida valga la pena. » ¿Por qué, como propuso el rey de Bután en 1972, en lugar de buscar un aumento del PIB ad infinitum, no nos esforzamos en potenciar el crecimiento de la tasa de Felicidad Nacional Bruta, FNB?

Según el Índice de Felicidad del Planeta (Happy Planet Index), los países desarrollados cada vez somos más los que nos sentimos insatisfechos, inmersos en un «círculo infernal», dijo Latouche, que nos empuja a buscar una felicidad basada en la acumulación de bienes, en el consumo. Un consumo que provoca la eclosión de nuevas necesidades y que establece un ciclo que se retroalimenta y no acaba nunca. En resumen: este frenesí de crecimiento y consumismo no nos ha llevado a un estado aceptable de felicidad, al contrario: ha generado un estado de insatisfacción generalizado y una situación de crisis globalizada, social y ambientalmente hablando, que está llegando a límites bastante preocupantes.

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¿Qué debemos hacer, para salir de él? «Tenemos que salir de este sistema, hay que inventar un nuevo imaginario. El decrecimiento no es que sea la alternativa, pero puede ser una matriz de muchas alternativas, es un paso para parar la desmesura actual». Hay que construir una nueva economía que no se base en la destrucción de bienes comunes para el enriquecimiento de una minoría. Hay que dejar de ser depredadores para convertirnos en jardineros de la naturaleza. Hay que crecer, y tanto, pero en bienes relacionales y no materiales. Latouche propone una sociedad de abundancia frugal, que establezca un sistema más cooperativo, mucho más local, formado por pequeños grupos autoorganizados, del estilo de las «Transition Towns» originadas en Gran Bretaña. Una nueva fórmula que plantea basándose en ocho conceptos interdependientes (lo que Latouche denomina círculo virtuoso de las 8 R): reciclar, reevaluar, reconceptualizar, reestructurar, redistribuir, relocalizar, reducir y reutilizar.

Tal como él lo ve, el decrecimiento sucederá forzosamente. De forma voluntaria si entendemos que es una alternativa que favorece la mayoría, o tras el colapso al que irremediablemente llegaremos más pronto que tarde. La religión es el opio del pueblo, dijo Marx. Hoy parece que lo es la economía tal como la hemos entendido desde hace un tiempo. Parece también, sin embargo, que cada vez somos más los que pensamos que un nuevo sistema social es posible. Se nos viene encima mucho trabajo.

 sostenible.cat

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