Una de espías, y no es una película…

o se trata de una película. Es la declaración de una de las muchas personas con las que ha contactado Greenpeace antes de presentar una demanda por espionaje corporativo contra las empresas químicas Dow Chemicals y Sasol. Ambas, a través de las firmas de relaciones publicas Dezenhall Resources y Ketchum, contrataron a investigadores privados de la empresa Beckett Brown International (BBI) para espiar a Greenpeace entre 1998 y el año 2000. Se les acusa del robo de miles de documentos, la grabación y escucha de numerosas llamadas telefónicas, allanamiento de morada y robo de información confidencial relacionada con el trabajo de Greenpeace.

En aquella época, Greenpeace estaba inmersa en el trabajo con comunidades amenazadas por dioxinas y otros contaminantes químicos presentes en el Lago Charles en Louisiana. Uno de los grupos locales de ciudadanos que trabajaban con Greenpeace sufrió la infiltración de un operativo de gente de BBI, una empresa compuesta por antiguos agentes del servicio secreto y ex-oficiales de policía.

BBI y las empresas de relaciones públicas involucradas expandieron su espionaje a la oficina de Greenpeace en Washington donde, durante dos años, robaron miles de documentos confidenciales. Greenpeace comenzó a investigar estas actividades tras ser contactada por un periodista en 2008. Como en cualquier buena película de espías.

Desde entonces, Greenpeace ha sacado a la luz documentos que muestran la naturaleza del espionaje sufrido y la identidad de muchos de los participantes. El dossier entero que Greenpeace ha presentado ante la Corte Federal de Washington DC. Todos los documentos relacionados con el caso están disponibles en www.spygate.org (en inglés)

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– Maria José Caballero, responsable de Campañas de Greenpeace

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