Se trata de reservas de gas que no se encuentran en bolsas subterráneas, como las convencionales, sino que se encuentra fuertemente adherido a las rocas a gran profundidad. Para extraerlo se inyecta agua mezclada con componentes químicos a gran presión, lo que consigue que el gas se libere y pueda ser recogido en superficie.
La amenaza ahora se extiende a España, como puede comprobarse en este mapa de sondeos, permisos y explotaciones de hidrocarburos:
Mapa de posición de sondeos, permisos y concesiones de hidrocarburos
Los impactos asociados a esta actividad son múltiples, y van desde la destrucción del paisaje, a las emisiones de gases a la atmósfera. Podemos destacar:
– Contaminación de acuíferos: un volumen de hasta el 2% de lo que se inyecta en el subsuelo con el agua a presión son productos químicos, que acaban contaminando los acuíferos subterráneos de la zona afectada.
– Destrucción del paisaje: para las explotaciones de fracking se necesita una gran superfíeie plana sobre la que ubicar las balsas, torres de perforación etc. Directamente se consigue con un gran movimiento de tierras para allanar el espacio, y con la consecuente destrucción paisajística.
– Residuos sólidos: el fracking requiere de una enorme movilización de materiales que quedan acumulados como residuos, en muchos casos contaminados por las sustancias químicas utilizadas.
– Emisiones contaminantes: durante el propio proceso de extracción se producen escapes de gases contaminantes.
Por otro lado, finalmente el producto final del proceso es un combustible fósil, el gas, cuya combustión generará más emisiones para continuar contaminado la atmósfera y agravando el cambio climático.
Estaremos atentos pues a los posibles proyectos que se puedan producir.
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