La UE tiene que demostrar que se merece el premio Nobel de la Paz

Hoy he visto, junto con otros millones de personas en todo el mundo, que el Premio Nobel de la Paz se otorgó a la Unión Europea por su contribución a la «promoción de la paz y la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa.»

Mientras que la UE merece un reconocimiento por su búsqueda de la paz en el difícil período posterior a la Segunda Guerra Mundial, también debe ser el momento de reflexionar sobre el «sistema pacífico» que la UE ha puesto en marcha, ya que tiene un precio. ¿Qué ha hecho la UE para promover la paz y la seguridad a largo plazo?

Aunque técnicamente la UE tiene poco que decir en defensa, hay que destacar que tres de los cinco principales países exportadores de armas en el mundo son importantes Estados miembros. Las armas fabricadas en Francia, Alemania y el Reino Unido se utilizan en conflictos en todo el mundo. Asimismo, la UE gasta unos 300 mil millones de dólares al año en armas y soldados (más que Rusia y China juntos, pero aún menos que los Estados Unidos).

Pero, en cualquier caso, la seguridad a largo plazo es mucho más que la ausencia de guerra.

En 2007, el Comité del Premio Nobel de la Paz reconoció la magnitud de la amenaza que supone el cambio climático para la «seguridad de la humanidad» y galardonó con el premio al Panel Intergubernamental de la ONU para el Cambio Climático (IPCC) y a Al Gore. El comité pidió una acción inmediata sobre el cambio climático, antes de que «se mueva más allá del control del hombre.»

Puede ser una «verdad incómoda», pero el cambio climático representa la mayor amenaza a la seguridad de nuestro tiempo, el mayor desafío a la paz y la prosperidad. Aumenta la presión sobre los recursos más básicos: alimentación, agua, energía y suelo. Estas presiones están desencadenando ya conflictos y sufrimiento y esto sólo va a empeorar a menos que se tomen medidas urgentes para hacer frente a las causas fundamentales que lo provocan.

La UE fue probablemente el primero en reconocer que los peligros ambientales trascienden las fronteras nacionales. Aunque dista mucho de ser perfecto, la leyes paneuropeas han ayudado a establecer estándares ambientales más altos y métodos de producción menos contaminantes. Pero la UE ya no puede dormirse en los laureles con los logros del pasado.

En la COP de este año en Doha, la UE no logró elevar la ambición de los objetivos en la lucha contra el cambio climático. No es sorprendente, dado que la UE es culpable de su propia falta de ambición: su objetivo de reducción para las emisiones de carbono para el año 2020 es tan baja que ya lo ha alcanzado, ocho años antes de lo previsto.

La UE sigue siendo una de las regiones más contaminantes del mundo (después de China y los EE.UU.), en gran parte debido a su continua dependencia del carbón. Algunos gobiernos europeos están dando pasos positivos hacia delante, evitando la construcción de nuevas plantas, cambiándolas  por energías renovables en su lugar. Pero otros se quedan atrás. Polonia, uno de los nuevos Estados miembros, sigue siendo más del 90% dependiente del carbón y se resistente al cambio.

La UE ha tardado en aceptar que la paz y la prosperidad están estrechamente vinculadas a la protección del medio ambiente. Como la mayor economía del mundo, casi todas las políticas de la UE tienen impactos cada vez más graves y profundos más allá de sus fronteras, tanto ambientalmente, socialmente como económicamente. Ahora nos gastamos 100.000 millones de € cada día para importar petróleo y otros combustibles fósiles, dañinos para el clima, de lugares como Oriente Medio, donde el petróleo continúa alimentando conflictos. La sobrepesca crónica de los mares europeos y la gestión de la pesca irresponsable han hecho que la flota pesquera de la UE esté saqueando las aguas frente a la costa occidental de África y otros países en desarrollo, con graves consecuencias para las comunidades locales. La demanda de ropa de marca barata en las principales calles de Europa está contaminando los ríos de China (y la UE) con productos químicos tóxicos … Hay un montón de ejemplos de la creciente presencia de Europa en el resto del mundo y sus consecuencias para la paz y la prosperidad mundiales.

El reciente premio Nobel de la Paz debería impulsar a la UE a cambiar las cosas y convertirse en el ejemplo de un nuevo tipo de prosperidad que no tenga un coste para el medio ambiente y la pobreza mundial. El apoyo a las energías renovables y la eficiencia energética podría liberar a Europa de la dependencia de las importaciones de combustibles fósiles y crear empleos verdes. Una mayor sensibilidad en la gestión de la pesca podría fomentar la pesca sostenible en Europa y poner fin al agotamiento de los recursos en el extranjero. Políticas más restrictivas sobre sustancias químicas peligrosas para ayudar a mantenernos sanos y mantener limpio el medio ambiente.

En años anteriores, el Comité que otorga el Premio Nobel de la Paz ha elegido a premiados no sólo por sus acciones pasadas, sino sobre la base de su potencial futuro para promover un cambio. A menos que la UE pueda desempeñar un papel verdaderamente transformador en el escenario del medio ambiente, dentro y fuera de sus fronteras, sus logros durante el último medio siglo serán negados a las generaciones futuras.

Jen Maman, advisor de paz de Greenpeace


http://www.greenpeace.org/
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