España a la cola de gasto en comercio justo

No obstante, estas cifras implican que en España sólo se gastan 66,8 céntimos por habitante y año, cuando la media europea es 15 veces mayor, 10,3 euros. Sólo los habitantes de República Checa, Lituania y Letonia gastan menos que los españoles en comercio justo.

Las ventas de productos de comercio justo alcanzaron los 31,1 millones de euros en 2013, un diez por ciento más que en 2012 y hasta un 64,5 por ciento más que al inicio de la crisis económica, según la memoria anual de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo y Fairtrade Ibérica.

No obstante, estas cifras implican que en España sólo se gastan 66,8 céntimos por habitante y año, cuando la media europea es 15 veces mayor, 10,3 euros. Sólo los habitantes de República Checa, Lituania y Letonia gastan menos que los españoles en comercio justo.

El informe, presentado este jueves por la presidenta de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo (CECJ), Mercedes García de Vinuesa; la jefa de Educación para el Desarrollo en la AECID, Pilar Debén; y el director Ejecutivo de Fairtrade, Álvaro Goicoechea; recoge datos del 99% de un sector que se va abriendo camino aunque sigue siendo minoritario.

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En total, el 70% de las ventas el año pasado producían de hostelería, restauración y catering, el 29,7% se salieron de los supermercados y el 28,3%, de los minoristas que, en un 20,1% son tiendas de Comercio Justo.

«Nos gustaría que este reparto no fuera tan desigual», ha señalado García Vinuesa, quien ha incidido en que la tendencia apunta hacia una mayor concentración en las grandes superficies en detrimento de las tiendas, canales tradicionales de distribución de este tipo de productos.

En este sentido, pese a la evolución positiva global, las tiendas de comercio justo han visto bajar sus ventas desde el inicio de la crisis con una facturación de 6,3 millones de euros el año pasado frente a los 10,2 que se habían registrado en 2009. Mientras, los herbolarios han aumentado sus ventas un 60%, aunque su volumen de venta es muy limitado.

«Vemos cómo nuestras ventas van disminuyendo poco a poco mientras las empresas convencionales lo ven interesante e introducen productos certificados en sus canales. En 2008 las ventas eran casi totalidad de la Coordinadora. Ahora somos el 7,5% una parte muy pequeña de lo que se puede encontrar en el mercado», explica García de Vinuesa.

Para la representante de la AECID, este aumento del peso de las grandes superficies en la distribución conlleva un riesgo, que el consumidor no vea más allá de la calidad del producto «sin poner en valor el resto de principios» que hay detrás de esta forma de comercio y que nacen de la constatación de que el modelo global de producción y consumo es injusto e insostenible.

Goicoechea señala que, con todo, se trata de una tendencia normal, pues al final, el mercado en general está en manos de los grandes distribuidores, que son quienes manejan las cifras de venta más elevadas. «Somos pequeños pero no bichos raros», ha apuntado.

EL 90% DE LAS VENTAS SON DE ALIMENTACIÓN

Por productos, el 90,3 por ciento de las ventas son en alimentación, especialmente el café (47,8%), azúcar (24%) y cacao (5%). Las artesanías son el 7,8% del total de ventas de comercio justo, y abarcan desde los textiles hasta artículos de decoración.

Sobre la certificación, el informe indica que tres de cada cuatro productos de comercio justo llevan el sello de Fairtrade ibérica: En un 56% de los casos son distribuidos por empresas convencionales y el 20% por importadores de la coordinadora.

En este sentido, la CECJ importa productos de 127 organizaciones de 34 países, en los que tres de cada cuatro productoras adoptan formas jurídicas de economía social, como cooperativas asociaciones o fundaciones. La mayoría son miembros de la organización mundial de comercio justo que avala el cumplimiento de los principios internacionales.

La organización dedica un apartado del informe a recordar que su labor debería dejar de ser necesaria y reivindicar un sistema global de producción, comercio y consumo que respetase a los productores locales y al medio ambiente, con acuerdos comerciales justos orientados al desarrollo.

«Las políticas de la UE están teniendo un impacto atroz en los países del sur, las decisiones que adoptan los estados miembros no sólo afectan a sus ciudadanos sino a millones de personas en otros países», ha añadido García de Vinuesa.

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