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Ni el grupo sanguíneo ni el color de piel: la razón por la que los mosquitos siempre te eligen a ti es por una combinación única de 1.000 olores y el CO₂ que exhalas

Ni el grupo sanguíneo ni el color de piel: la razón por la que los mosquitos siempre te eligen a ti es por una combinación única de 1.000 olores y el CO₂ que exhalas

Hay una escena muy de verano que casi todos conocemos. Una cena al aire libre, calor pegajoso, alguna ventana abierta y, de pronto, una persona acaba llena de picaduras mientras otra parece invisible. No es imaginación. Los mosquitos sí pueden sentirse más atraídos por unas personas que por otras, aunque la explicación no está en el mito más repetido.

Un nuevo estudio liderado por la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas ha puesto el foco en el olor corporal y en una mezcla de compuestos químicos que desprende la piel. La clave no sería el grupo sanguíneo, ni el color del pelo, ni tener los ojos de una forma u otra. Es algo bastante más sutil, una especie de “firma química” que cambia con la microbiota, el sebo, el ciclo menstrual, el embarazo y otros factores. Y eso se nota.

Por qué unos atraen más

Los mosquitos no llegan a una persona por casualidad. Primero detectan el dióxido de carbono que exhalamos al respirar, una señal conocida desde hace más de un siglo. Rickard Ignell, investigador sueco, lo resume así, el CO2 es “la primera señal” que activa su comportamiento cuando están a cierta distancia.

Después entra en juego el olor. A unos diez metros, según explicó Ignell, los mosquitos empiezan a detectar nuestra nube química personal y combinan esa información con el CO2, el calor corporal y la humedad. En la práctica, no buscan solo sangre. Buscan señales.

El olor de la piel decide

Para comprobarlo, el equipo trabajó con 42 mujeres y mosquitos Aedes aegypti, una especie conocida por transmitir enfermedades como el dengue y la fiebre amarilla. Los investigadores recogieron muestras de olor corporal y analizaron qué compuestos detectaban las antenas de los insectos. Entre cientos de sustancias posibles, identificaron 27 compuestos volátiles que podían influir en la atracción.

Uno llamó especialmente la atención. Se trata del 1-octen-3-ol, también conocido como octenol o “alcohol de hongo”, un compuesto relacionado con la descomposición del sebo de la piel. Aparecía en niveles más altos en participantes muy atractivas para los mosquitos y también en mujeres embarazadas. Pero hay matiz. No manda una sola molécula, sino la combinación y la proporción de varias sustancias.

La sangre pierde fuerza

Durante años se ha repetido que los mosquitos prefieren ciertos grupos sanguíneos. Sin embargo, los expertos consultados por AFP rebajan mucho esa idea. Frederic Simard, del Instituto Francés de Investigación para el Desarrollo, afirmó que esa explicación “no tiene base científica” sólida, porque los estudios disponibles eran pequeños.

Tampoco parece depender del color de la piel, del pelo o de los ojos. Lo que cambia el riesgo de picadura es, en buena parte, el olor que produce cada cuerpo. Y ese olor no es fijo. Por eso alguien puede ser un imán una noche y pasar más desapercibido otra.

Embarazo y ciclo menstrual

El estudio también observó que el ciclo menstrual y el embarazo influían en el nivel de atracción. No significa que todas las mujeres embarazadas vayan a recibir siempre más picaduras, pero sí que ciertos cambios fisiológicos pueden modificar el olor corporal y hacerlo más detectable para los mosquitos.

Ignell pide prudencia. El investigador reconoce que harían falta más participantes y seguir a las mismas personas durante el ciclo menstrual y el embarazo. También plantea estudiar a personas que no menstrúan y comprobar si otras especies de mosquitos usan la misma estrategia. Ese detalle es importante. La ciencia avanza, pero aún no ha cerrado el caso.

La cerveza no ayuda

La cerveza también aparece en esta historia, aunque conviene no exagerar. Un estudio publicado en PLOS ONE en Burkina Faso encontró que beber cerveza aumentaba la atracción de Anopheles gambiae, un mosquito transmisor de la malaria, mientras que beber agua no tuvo ese efecto. En aquella investigación se probaron miles de mosquitos y el resultado fue consistente.

Lo interesante es que el mecanismo no quedó del todo claro. En ese trabajo, el aumento de atracción no se explicó por más dióxido de carbono exhalado ni por la temperatura corporal. Dicho de forma sencilla, puede que la cerveza cambie algo en el olor corporal, pero no sabemos aún toda la película. Por si acaso, en zonas con muchos mosquitos, moderarse con el alcohol puede ser una ayuda más.

Un problema que mira a Europa

Esto no va solo de picaduras molestas. Los mosquitos son vectores de enfermedades y su distribución preocupa cada vez más en Europa. El ECDC actualizó el 3 de junio de 2026 sus mapas de mosquitos invasores, con datos de abril de 2026, para vigilar especies como Aedes aegypti y Aedes albopictus.

España también está reforzando la vigilancia. El Ministerio de Sanidad recuerda que su plan nacional incluye medidas frente a enfermedades transmitidas por mosquitos como dengue, chikungunya, zika y virus del Nilo Occidental. Además, la iniciativa Mosquito Alert confirmó la presencia del mosquito tigre en 156 municipios españoles desde 2023. No es poca cosa.

Qué puedes hacer

No existe una fórmula mágica para volverse invisible. Pero sí hay medidas sencillas. Sanidad recomienda cubrir la mayor parte del cuerpo con pantalón largo, manga larga, calcetines y calzado cerrado, mejor con ropa clara. También aconseja usar repelentes autorizados con ingredientes como DEET, icaridina, IR3535 o citriodiol, siempre siguiendo la etiqueta.

En casa, las mosquiteras, el aire acondicionado y evitar abrir ventanas sin protección reducen el riesgo. También ayuda revisar platos de macetas, cubos, bebederos y cualquier recipiente con agua. Menos agua estancada significa menos criaderos. A veces, la prevención empieza en un rincón del patio.

Lo que cambia este hallazgo

El gran cambio es que los mosquitos no parecen elegirnos por un rasgo simple. No es “tu sangre” y ya está. Es una mezcla cambiante de señales, olor, CO2, calor, humedad y química de la piel. Una nube invisible que ellos leen mucho mejor que nosotros.

El estudio oficial ha sido publicado en la revista iScience.

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