Un análisis a 4,2 millones de personas ha dejado obsoleto el mito de que «todo ejercicio suma» y ha demostrado que el trabajo físico no solo no es ejercicio, sino que puede afectar gravemente la función cognitiva.
Mientras que correr o pedalear reduce un 24 % el riesgo de sufrir demencia, matarse a trabajar físicamente lo incrementa en un desgarrador 20 %.
Hacer ejercicio de manera voluntaria sí es sano, pero cuando la rutina es repetitiva e impuesta por el trabajo que se realiza, la fatiga y el estrés pueden afectar a la reserva cognitiva.
La ciencia lo tiene claro: ni el ejercicio obligado ni el sedentarismo son buenos para la salud cognitiva de la población.
No todo el ejercicio protege igual frente a la demencia
David Raichlen profesor de Ciencias Biológicas y Antropología, es quien ha dirigido el equipo de investigación. Analizaron datos de 74 estudios en los que participaron cerca de 4,2 millones de personas de entre 45 y 93 años pertenecientes a 30 países.
Para saber si la “paradoja de la actividad física”, ampliamente estudiada en el ámbito cardiovascular, se extiende a la demencia, se realizó un seguimiento a los participantes durante un periodo de 10 años, registrando diagnósticos de demencia, demencia vascular y enfermedad de Alzheimer.
“Hay mucha evidencia sobre dicha paradoja: a mayor ejercicio total, más prevención de demencia y a mayor ocupación física durante la vida laboral, menor prevención (quizás por menor dedicación intelectual; son muchos los años de vida laboral)”, explicó Lucrecia Moreno, directora de la Cátedra DeCo para el Estudio del Deterioro Cognitivo de la Universidad CEU Cardenal Herrera, “En este último punto hay que afinar más y no poner a todos en el mismo saco”.
El ejercicio a lo loco no cuenta
El ejercicio voluntario puede reducir el riesgo de demencia en un 24% frente al sedentarismo, sin embargo, cuando el ejercicio viene asociado al trabajo, el riesgo no disminuye, sino que aumenta en un peligroso 20%. Estos datos, aunque no son concluyentes, ya que son necesarios más estudios sobre la actividad doméstica y los desplazamientos al trabajo, han desmantelado la premisa de que “todo movimiento suma”, demostrando que el ejercicio “a lo loco” puede ser muy perjudicial para la salud.
El ocio frente al trabajo
La comunidad médica lleva décadas metiendo en el mismo saco el trabajo pesado, los deportes, las tareas domésticas y los desplazamientos de todos los días, algo muy equivocado, ya que se ha demostrado que el ambiente donde se practica ejercicio es decisivo para la salud.
Cuando se practica ejercicio de manera voluntaria, se puede regular la intensidad; suele ser autodirigido e implica la interacción social y, en la mayoría de los casos, reducción de estrés. Sin embargo, los trabajos físicamente exigentes implican estar de pie muchas horas, cargar con mucho peso, realizar tareas repetitivas y exponerse a riesgos laborales.
El estrés: uno de los problemas más graves
Según los investigadores, el deterioro neurológico no se debe al esfuerzo muscular en sí, sino a las condiciones socioambientales en las que se realizan las profesiones más duras.
La precariedad laboral, el estrés continuado, la falta de autonomía y la exposición a la contaminación ambiental o sonora son factores clave en este riesgo. También hay que tener en cuenta que los trabajadores cuentan con poco tiempo libre para realizar actividades de ocio o deporte, lo que agrava su situación.
Las tareas domésticas podrían ser una salvaguarda de esta situación, aunque la comunidad científica pide cautela, ya que son necesarios más estudios al respecto para sacar conclusiones fiables.
Son necesarios más estudios
Los investigadores han advertido que es necesario realizar más en diferentes países, ya que los estudios en los que ellos se han basado pertenecen a países de renta alta y es por todos sabido que los países de rentas bajas y medias son los que sufrirán la mayor cantidad de casos de demencia en el futuro.
La conclusión de los investigadores es que el entorno y la motivación son determinantes para la protección cognitiva. Es por ello que se deben promover políticas que faciliten espacios verdes, una mejora sustancial de las condiciones laborales, programas y ayudas para la gestión del estrés y tiempo libre efectivo y de calidad.



