Los científicos no dan crédito: hallan una nueva especie de pez diminuto capaz de trepar cascadas de 10 metros

Publicado el: 15 de abril de 2026 a las 12:51
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Peces Parakneria thysi trepando una pared de roca húmeda junto a una cascada en el Congo.

En el sur de la República Democrática del Congo hay una escena que parece sacada de un documental imposible. Miles de peces diminutos (Parakneria thysi) trepan por una pared de roca vertical justo al lado de una cascada de 15 metros, como si la gravedad no fuese con ellos.

Lo más importante no es solo la rareza del comportamiento, sino lo que implica. Un estudio recién publicado en Scientific Reports lo documenta por primera vez en África con pruebas fotográficas y de vídeo, y avisa de que esta “autopista vertical” depende de algo muy frágil (que siga habiendo agua, aunque sea en forma de salpicaduras).



Una escena que cuesta creer

La escalada ocurre en las cataratas de Luvilombo, dentro de la cuenca alta del Congo, durante crecidas estacionales al final de la época de lluvias (entre abril y mayo). Los investigadores registraron el fenómeno en varias ocasiones entre 2018 y 2020, cuando el caudal y la humedad de la zona son suficientes para mantener la roca mojada.

No suben por el chorro principal. Lo hacen por la “zona de salpicaduras”, pegados a los laterales húmedos de la cascada, donde el agua no golpea con tanta fuerza pero sí deja una película resbaladiza constante. ¿Quién se imagina a un pez “caminando” por una pared así?



Un pez pequeño con un gran truco

La clave está en las aletas. El trabajo describe que Parakneria thysi usa las aletas pectorales (las delanteras) y se apoya también en las pélvicas (las traseras), como si fueran puntos de anclaje para ir ganando centímetros.

En la cara inferior de esas aletas hay “almohadillas” con microestructuras llamadas unculi, unas proyecciones diminutas con forma de gancho que ayudan a agarrarse a la roca mojada. Para entenderlo sin tecnicismos, funciona un poco como un velcro natural, y el estudio lo analiza con imágenes y escaneos (incluyendo tomografías de las estructuras óseas).

No todos pueden, el tamaño importa

Aquí viene un detalle que pone orden al “milagro”. La escalada la realizan sobre todo individuos pequeños o medianos, de unos 37 a 48 milímetros de longitud estándar (menos de 5 centímetros), aunque la especie puede llegar a ser bastante mayor (alrededor de 96 milímetros).

El motivo es casi de sentido común cuando lo ves en datos. Las almohadillas de agarre no crecen en proporción al peso, y el peso se dispara a partir de cierto tamaño, por eso los ejemplares grandes parecen perder la “capacidad de carga” necesaria para sostenerse en vertical. Dicho de otra forma, llega un punto en el que el cuerpo pesa más de lo que sus aletas pueden aguantar.

Casi diez horas para llegar arriba

El ascenso completo es lento y exigente. La nota de prensa vinculada al estudio estima que, de media, un pez puede tardar unas 9 horas y 45 minutos en llegar arriba, con muy poco tiempo de movimiento real y muchísimas pausas largas para recuperar energía.

Y no es una subida “segura”. Los peces pueden caerse si un chorro repentino de agua les golpea, sobre todo cuando se ven obligados a maniobrar en zonas con salientes y llegan a escalar incluso boca abajo para sortearlos. Algunos se desprenden y vuelven a intentarlo. No es poca cosa.

La parte ecológica que no se ve

Los autores interpretan este comportamiento como una migración parcial ligada al tamaño, un movimiento río arriba que ayuda a mantener conectadas poblaciones de zonas altas y bajas. En el fondo, es el mismo tipo de historia que vemos en otros animales migratorios, solo que aquí sucede pegado a una pared mojada y con peces del tamaño de un dedo.

¿Para qué se juegan la vida así? La explicación aún necesita más investigación, pero el escenario encaja con razones muy conocidas en ecología fluvial, buscar hábitats más favorables, con menos competencia o menos depredadores. Reuters recoge que esa es una de las hipótesis que baraja el equipo, y que la gran lección es lo poco que todavía sabemos del comportamiento de peces en la cuenca del Congo.

El riesgo real es sencillo, dejarles sin agua

La amenaza más obvia es también la más cotidiana. Si se reduce el agua, desaparece la película húmeda que hace posible la escalada, y con ella se corta la continuidad del río. El propio artículo científico advierte de episodios de desecación completa del río en la estación seca asociados, en buena parte, a desvíos de agua para riego agrícola.

A eso se suma la presión humana en el momento más delicado. El estudio describe un aumento de la pesca aguas abajo durante el periodo de crecida, y menciona el uso de redes tipo mosquitera (una práctica prohibida en la zona) que puede capturar fácilmente a estos peces cuando se concentran antes de iniciar la subida.

La conclusión es directa y sirve también para otros ríos del mundo. Mantener un “caudal ecológico” y evitar cortes bruscos por captaciones o desvíos no es un capricho técnico, es la diferencia entre que una migración exista o se rompa.

El estudio ha sido publicado en Scientific Reports.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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