Los investigadores no se lo creen: los osos pardos sienten curiosidad y por eso hurgan entre las cosas de la gente

Publicado el: 13 de abril de 2026 a las 15:31
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Oso pardo caminando y olfateando el entorno, comportamiento ligado a su curiosidad por objetos humanos.

Dejas la mochila en el suelo para hacer una foto y, al girarte, un oso pardo la está olfateando. Impone, claro, pero muchas veces no es un gesto agresivo, es una inspección rápida para saber si hay comida.

Un artículo reciente en la edición húngara de National Geographic, firmado por el veterinario y profesor asociado Sándor Sikó-Barabási, recuerda que hablamos de un animal inteligente y muy curioso. La conclusión es sencilla y práctica, si nuestros residuos y despistes le dan premios fáciles, aumentan las visitas y con ellas el riesgo de conflicto.



Curiosidad que viene de su forma de vivir

El oso pardo (Ursus arctos) es omnívoro y explora lo que no conoce. Por eso revisa objetos como material de senderismo o cubos de basura para comprobar si son comestibles.

Este comportamiento se confunde a veces con amenaza, cuando suele ser simple curiosidad. Las crías, además, aprenden observando a la madre y jugando, y ese aprendizaje les ayuda a moverse con más seguridad en su entorno.



El olfato que le guía a distancia

En los osos, la nariz manda. National Geographic explica que el olfato es su principal forma de orientarse y que, según estimaciones, puede ser hasta 100 veces más potente que el nuestro, con capacidad de seguir olores durante kilómetros.

Aun así, hay que ponerlo en contexto porque estas cifras varían según cómo se midan. El Servicio de Parques Nacionales de EEUU señala que, en el oso negro, la mucosa nasal puede ser unas 100 veces mayor que la nuestra y que su olfato se ha estimado alrededor de siete veces más fino que el de un sabueso de San Huberto.

Cuando una mochila se convierte en “recompensa”

El problema aparece cuando el oso une puntos. Si alguna vez encuentra comida en una bolsa, una papelera o una mochila, aprende rápido que lo humano puede significar premio y esa asociación puede durarle años.

Aquí la prevención pesa más que la reacción. Un informe sobre osos y basuras en la Cordillera Cantábrica lo resume con una frase muy clara, “Evitar que este hábito se propague es mucho más fácil que corregirlo”.

Basura y compost, el imán que repetimos sin querer

La basura es un atajo energético. El informe de la Fundación Oso Pardo y colaboradores explica que los residuos pueden atraer a los osos a zonas humanizadas y que, cuando se acostumbran, aumentan los conflictos y los daños.

Además, no basta con que una persona lo haga perfecto si en la calle de al lado hay un cubo abierto. Un reportaje de SINC recuerda que cerca de casas puede haber muchas fuentes de alimento, como compost sin asegurar, comida de mascotas o pienso del ganado, y que las soluciones funcionan mejor cuando se aplican en comunidad.

León y Palencia apuestan por contenedores antioso

Con ese contexto, la Junta de Castilla y León ha anunciado la instalación de 144 contenedores antioso en zonas oseras de León y Palencia, financiados por fondos NextGeneration UE. El objetivo es simple, dificultar el acceso del oso a la basura orgánica para reducir la presencia de ejemplares rebuscando en entornos urbanos y periurbanos.

En el comunicado se explica también por qué la basura “sale tan a cuenta” para un oso. Está disponible todo el año, suele estar en los mismos lugares y le exige poco esfuerzo, por eso mejorar el almacenamiento de residuos puede reducir la conflictividad en gran medida.

España con más osos y más convivencia

La recuperación del oso en España hace que estos temas se vean más. La Fundación Oso Pardo sitúa la población cantábrica entre Asturias, Castilla y León, Cantabria y una pequeña parte de Galicia, y estima un área de presencia permanente de unos 8.600 km2.

Esa recuperación se refleja en el seguimiento de osas con crías, con un crecimiento medio del 10% anual en los últimos 25 años, según la Fundación. La misma ficha recoge una estima genética de unos 370 osos en 2020 en la Cordillera Cantábrica y, en los Pirineos, un mínimo de 96 ejemplares en 2024.

Qué hacer si vives o visitas una zona osera

La idea central es no enseñar al oso que nuestras casas, merenderos o mochilas son un sitio donde “siempre hay algo”. En el monte, guarda la comida y no dejes basura ni restos a mano, ese olor a bocadillo que parece poca cosa puede ser un imán.

En pueblos, cuida especialmente el orgánico y el compost, y no dejes bolsas fuera de los contenedores. Si en tu zona hay contenedores antioso, úsalos y ciérralos bien, ¿merece la pena el riesgo por ahorrarse un segundo?

Y si hay un encuentro, distancia y calma. Evita acercarte para hacer fotos y, si un oso merodea cerca de viviendas o contenedores, avisa a los servicios locales o al 112 para que intervengan los equipos especializados.

El comunicado oficial sobre la instalación de contenedores antioso ha sido publicado por la Junta de Castilla y León en su sala de prensa.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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