Corea del Sur acaba de poner nombre a dos víboras que solo viven dentro de sus fronteras. Tras ocho años de trabajo de campo y laboratorio, el Instituto Nacional de Recursos Biológicos ha confirmado que las poblaciones de víbora de lengua roja de la isla de Baengnyeong y de la isla de Jeju forman linajes propios, bautizados como Baengnyeong viper y Jeju viper. Es la primera vez que se reconocen reptiles endémicos de la península coreana más allá del lagarto de Jangsu, que solo se encuentra en el norte.
¿Qué hay detrás de este anuncio que suena tan técnico? Mucho trabajo paciente. El equipo ha analizado 513 ejemplares de la pequeña víbora conocida hasta ahora como Gloydius ussuriensis, capturados en zonas de interior y en varias islas, desde 2018. Con datos genéticos y mediciones detalladas, han demostrado que las poblaciones de Baengnyeong y de Jeju siguen su propia trayectoria evolutiva desde hace miles de años, separadas de las del continente. Algo que en biología pasa mucho más de lo que pensamos.
A primera vista, todas estas serpientes parecen la misma. Pequeñas, de tonos marrones y grisáceos, venenosas y bastante discretas. Sin embargo, cuando los investigadores miran de cerca aparecen detalles que cuentan otra historia. Uno de los rasgos clave es el número de escamas ventrales, las placas que recorren el vientre y que funcionan casi como la huella dactilar de cada especie.
En las poblaciones continentales de Gloydius ussuriensis la media ronda las 148 escamas ventrales. En la Baengnyeong viper el promedio sube hasta unas 152 escamas y el cuerpo y la cola son algo más largos. En la Jeju viper la tendencia va en la dirección contraria, con unas 143 escamas de media, claramente menos que en el resto. Estas diferencias externas van acompañadas de estructuras genéticas propias, lo que ha llevado a clasificarlas como nuevas formas endémicas dentro del grupo de la víbora de lengua roja con los nombres científicos Gloydius ussuriensis baengnyeongensis y Gloydius ussuriensis jejuensis.
En el fondo, lo que se ha hecho es algo parecido a revisar un árbol genealógico con una lupa mejor. Durante años se asumió que todas estas víboras eran una sola especie repartida por Corea, China y Rusia. El análisis fino de ADN y morfología ha revelado ramas separadas que han evolucionado por su cuenta en islas aisladas. Algo que en biología pasa mucho más de lo que pensamos.
Las islas funcionan como laboratorios naturales. Climas algo distintos, presas diferentes, menos intercambios con el continente. Con el tiempo, esos pequeños desajustes van acumulando cambios en el cuerpo y en los genes. El director del Instituto Nacional de Recursos Biológicos, Yoo Ho, resume el hallazgo como una prueba científica de cómo entornos aislados como las islas impulsan la adaptación y la evolución de las especies, y añade que la genética será una herramienta clave para conservar la biodiversidad coreana en los próximos años.
El contexto también ayuda a entender por qué esta noticia ha hecho ruido en Corea. En toda la península viven en torno a treinta especies de reptiles entre serpientes, lagartos y tortugas. Hasta ahora solo se consideraba endémico un lagarto, el skink de Jangsu, presente en el norte. Con las dos nuevas víboras, el club de reptiles exclusivos de esta región pasa de uno a tres, lo que refuerza la idea de que aún quedan tesoros biológicos por describir incluso en países muy estudiados.
A la vez, estos descubrimientos llegan en un momento delicado para las víboras coreanas. Un estudio previo que modelizó la distribución de tres especies de Gloydius bajo distintos escenarios climáticos concluyó que podrían perder más del ochenta por ciento de su hábitat potencial si las emisiones siguen aumentando y se cumple el escenario más extremo. La víbora centroasiática, por ejemplo, podría ver desaparecer hasta un noventa y ocho por ciento de sus áreas adecuadas.
En ese trabajo se señalaba que muchos de los refugios futuros para estas serpientes serían zonas de montaña y algunas áreas insulares como Jeju. Es decir, justo los lugares donde ahora se han identificado linajes propios. No es difícil imaginar lo que implica esto para la conservación. Si un solo incendio, una urbanización mal planificada o una carretera mal trazada afectan a una isla pequeña, pueden poner en riesgo una especie entera que no existe en ningún otro sitio.
Más allá del miedo comprensible que provocan las serpientes, estas víboras cumplen una función ecológica importante. Controlan poblaciones de pequeños mamíferos y otros animales, forman parte de la dieta de aves rapaces y mamíferos y contribuyen al equilibrio de los ecosistemas insulares. En la práctica, protegerlas significa también cuidar de los bosques, los paisajes agrícolas y los humedales donde viven.
El Ministerio coreano ya ha anunciado que estos resultados se incorporarán al catálogo nacional de especies y que servirán como base para futuras medidas de protección. El simple hecho de reconocer legalmente que Baengnyeong viper y Jeju viper son endémicas abre la puerta a planes específicos de gestión, desde la regulación del desarrollo urbanístico hasta campañas para reducir la persecución directa de serpientes por miedo o desconocimiento.
Para quien mira el mapa desde Europa, puede parecer una noticia lejana. Sin embargo, el mensaje es bastante cercano. Incluso en un país industrializado y densamente poblado todavía se están describiendo nuevas formas de vida que dependen de ecosistemas frágiles y muy concretos. Lo que ocurra con estas víboras insulares es, en buena medida, un anticipo de cómo tratamos nuestro patrimonio natural en plena crisis climática y de biodiversidad.
El comunicado oficial con todos los detalles técnicos ha sido publicado en la web del Ministerio de Clima, Energía y Medio Ambiente de Corea del Sur.















