Más de 500 voluntarios reconstruyeron 244 metros de un muro de 600 años y poco después un huracán volvió a ponerlo todo en peligro

Publicado el 20 de septiembre de 2026 a las 12:22
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Terreno junto al estanque de Alakoko con árboles dañados tras el paso de un huracán

Un estanque tradicional hawaiano de unos 600 años quedó protegido frente a la urbanización gracias a una donación de cuatro millones de dólares de Priscilla Chan y Mark Zuckerberg. El dinero permitió asegurar Alakoko, en la isla de Kauaʻi, y dejar su cuidado en manos de una organización local. Pero la batalla no terminó al firmar la compra.

La historia ha vuelto a circular en septiembre de 2026, aunque hay un detalle clave. La operación se cerró el 17 de noviembre de 2021. Hoy la noticia es que la comunidad continúa restaurando este humedal histórico y acaba de comenzar a evaluar los efectos del huracán Lowell.

La compra no es de 2026

Trust for Public Land negoció la operación, reunió los fondos y compró la propiedad en 2021. Después la transfirió a Mālama Hulē‘ia, una organización sin ánimo de lucro de Kauaʻi, para su gestión cultural y comunitaria. La escritura reserva el lugar para conservación, educación y usos comunitarios a perpetuidad.

Chan y Zuckerberg no compraron el estanque para sí mismos ni adquirieron participación alguna en el terreno. Su aportación se canalizó mediante el Chan Zuckerberg Kaua‘i Community Fund de Hawai‘i Community Foundation. Este matiz importa, porque el resultado fue devolver la responsabilidad del lugar a manos locales.

El empujón de cuatro millones

La finca salió al mercado en enero de 2021 y existía el riesgo de que acabara urbanizada. Más de 5.500 personas apoyaron su protección y cientos de vecinos y organizaciones presentaron testimonios escritos. Había respaldo público, pero obtener financiación del condado exigía más pasos y el reloj corría.

La donación privada cubrió toda la compra para conservación, los gastos de la transacción y parte del apoyo a las dos organizaciones implicadas. Por tanto, no es exacto decir que el precio del terreno fuese de cuatro millones de dólares. «Kauaʻi significa mucho para nuestra familia», explicó Chan en el comunicado oficial.


Mucho más que un estanque

Otra cifra necesita contexto. Los 102 acres, unas 41 hectáreas, corresponden a toda la propiedad protegida, no solo a la lámina de agua. Un permiso del Departamento de Tierras y Recursos Naturales de Hawái sitúa el estanque en unos 40 acres, alrededor de 16 hectáreas.

Alakoko es un loko kuapā, un sistema tradicional de acuicultura cerrado por un muro. Su kuapā supera los 2.700 pies, unos 823 metros, y corta un antiguo meandro del río Hulēʻia. El agua es salobre, recibe la influencia de las mareas y circula mediante dos compuertas conocidas como mākāhā.

Durante generaciones, el lugar produjo peces y limu, el nombre hawaiano de distintas algas comestibles. También sostiene vegetación costera y hábitat para aves acuáticas amenazadas, junto al Refugio Nacional de Vida Silvestre de Hulēʻia. La tradición oral atribuye la construcción nocturna del muro a los Menehune, pero debe entenderse como un relato cultural, no como una conclusión arqueológica.

Una restauración piedra a piedra

Décadas de manglar invasor y temporales dañaron partes del muro y alteraron la circulación del agua. El permiso estatal señala que se retiraron 26 acres de manglar, aunque aún quedaban sedimentos, brechas y zonas inestables. En la práctica, proteger la escritura fue solo el primer paso.

El 18 de octubre de 2025, más de 500 voluntarios reconstruyeron 800 pies, unos 244 metros, del muro histórico. No es poca cosa. Cada piedra ayuda a recuperar la función del estanque y, al mismo tiempo, mantiene vivo un conocimiento tradicional que pasa de una generación a otra.

El trabajo siguió en abril de 2026 dentro del refugio vecino. Los voluntarios comenzaron a recuperar cinco acres de ribera y un curso alimentado por manantiales que desemboca en el sistema de Alakoko. El objetivo es mejorar la calidad del agua, reconectar el flujo de agua dulce y favorecer a peces y aves nativas.

El huracán abre otro frente

El 16 de septiembre de 2026, Mālama Hulē‘ia informó de los primeros efectos del huracán Lowell. El viento derribó árboles, bloqueó accesos, dañó estructuras y áreas de trabajo, dispersó materiales y destrozó el cobertizo del vivero. Quedaba mucha limpieza por delante.

La primera inspección del estanque y del kuapā resultó alentadora, pero la organización advirtió de que todavía no había completado la evaluación. Es importante no exagerar. Por ahora, no se puede afirmar que el muro histórico haya sufrido daños graves.

Proteger no significa abandonar

La compra evitó que Alakoko quedara expuesto a un desarrollo incompatible con su valor cultural y ecológico. Sin embargo, ninguna cláusula registral frena un temporal, elimina una especie invasora o repara un muro antiguo. Para eso hacen falta tiempo, financiación y muchas manos.

La meta sigue siendo que Alakoko vuelva a funcionar como estanque productivo y aula al aire libre. Allí, los estudiantes podrán aprender sobre acuicultura hawaiana, historia y ecosistemas nativos, mientras la isla recupera una fuente local de alimentos. Ese es el verdadero legado del proyecto.

El comunicado oficial sobre la protección de Alakoko fue publicado por Trust for Public Land y puede consultarse en su página oficial.

ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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