En 1948 Oregón enterró tuberías geotérmicas bajo una carretera para derretir 7,6 cm de nieve por hora: funcionó casi 50 años hasta que el hierro se corroyó

Publicado el 26 de septiembre de 2026 a las 09:46
Síguenos
Calle del centro de Klamath Falls en Oregón

En 1948, una cuesta de Klamath Falls, en Oregón (Estados Unidos), empezó a recibir calor desde el subsuelo para combatir la nieve. Los ingenieros enterraron tuberías bajo el hormigón y las conectaron a un pozo geotérmico. Aquella instalación funcionó durante casi medio siglo, hasta que la corrosión provocó fugas.

El sistema quedó fuera de servicio en 1997, pero la idea sobrevivió. La reconstrucción de 1998 sustituyó la red de hierro del pavimento por tuberías de plástico PEX y mantuvo el aprovechamiento del calor terrestre. El caso muestra tanto las posibilidades de esta energía como la importancia de cuidar los materiales que la transportan.

Calor bajo una cuesta

El proyecto nació cuando la carretera US 97 pasó a discurrir por Esplanade Street. Allí había una pendiente del 8 % junto a un semáforo, una combinación que complicaba la tracción de los vehículos en invierno. Arrancar cuesta arriba con nieve era el problema que había que resolver.

Según el informe técnico de John W. Lund, del Geo-Heat Center, el pozo original tenía unos 128 metros de profundidad. Un intercambiador situado en su interior recogía calor y lo transfería a una mezcla de agua y etilenglicol a partes iguales.

Ese líquido circulaba por un circuito cerrado bajo la calzada, separado del agua geotérmica. Las tuberías de hierro estaban a unos 7,6 centímetros de la superficie y separadas unos 46 centímetros. El principio recuerda al suelo radiante de una vivienda, aplicado aquí al hormigón de una carretera.

Cuánta nieve podía fundir

Las cifras históricas llaman la atención. La documentación estimaba que el calor disponible podía mantener el pavimento relativamente libre de nieve con temperaturas exteriores de unos −23 °C y nevadas de hasta 7,6 centímetros por hora. Son las equivalencias de los −10 °F y las tres pulgadas por hora del informe.


Conviene leer ese dato con cuidado. Expresa una capacidad calculada para determinadas condiciones, no una garantía de que cualquier carretera calentada pueda responder igual ante cualquier temporal. Tampoco equivale a una medición continua durante los casi 50 años de servicio.

El pozo también cambió

Con los años, la temperatura del agua en la parte superior del pozo descendió de unos 62 a 37 °C. Para aumentar el aporte de calor se añadió una bomba que extraía agua geotérmica y la vertía al sistema de drenaje pluvial. Después hubo que revisar esa solución.

Una norma municipal aprobada en 1985 exigió eliminar los vertidos superficiales y al alcantarillado procedentes de pozos geotérmicos. En 1992 se profundizó el pozo hasta unos 305 metros y se alargó el intercambiador hasta aproximadamente 274 metros. Así podía aprovechar agua más caliente.

Aquella reforma costó unos 115.000 dólares, según Lund. La cifra corresponde a las modificaciones del pozo en 1992, una actuación anterior a la sustitución de las tuberías de la carretera.

La corrosión marcó el límite

En 1997, las fugas causadas por la corrosión exterior del hierro acabaron dejando fuera de servicio el sistema. La reconstrucción del año siguiente incorporó tuberías de polietileno reticulado (PEX) en la red del pavimento. La superficie calentada del puente y la calzada sumaba unos 2.044 metros cuadrados.

El documento técnico Pavement Snow Melting sitúa el coste del conjunto de la reconstrucción en unos 430.000 dólares. También señala que el sistema renovado parecía funcionar eficazmente durante las nevadas de enero y febrero de 1999. Es una referencia concreta sobre su funcionamiento tras la obra.

Qué aporta al medio ambiente

Calentar el pavimento puede reducir la necesidad de recurrir a sales para combatir el hielo. El Servicio Geológico de Estados Unidos explica que los cloruros de esas sales pueden llegar a ríos y acuíferos arrastrados por el agua. En concentraciones elevadas perjudican a plantas y animales de agua dulce.

Pero el resultado depende del diseño y de las condiciones del lugar. Un estudio publicado en 2019 en Advances in Civil Engineering señala que el aislamiento, la profundidad de las tuberías y su separación influyen en el rendimiento de estos sistemas. Tener calor disponible es solo una parte del trabajo.

La ciudad sigue aprovechándolo

Actualmente, el Ayuntamiento de Klamath Falls describe un servicio geotérmico que suministra calefacción a 23 instalaciones y alimenta sistemas para fundir nieve en aceras y puentes. Su red utiliza intercambiadores y devuelve el agua geotérmica al acuífero mediante un pozo de reinyección.

El plan municipal de inversiones 2025–2031 también contempla 1,25 millones de dólares para renovar tuberías en North 8th Street. La actuación incluye una conexión al intercambiador del sistema de deshielo de aceras. Se trata de una previsión del plan, que por sí sola no confirma que las obras hayan terminado.

La experiencia continúa, acompañada de necesidades de mantenimiento. Estas actuaciones están recogidas en el Plan de Inversiones 2025–2031 publicado por el Ayuntamiento de Klamath Falls.

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

Deja un comentario