Abrir de nuevo el paso del agua puede devolver a los peces el acceso a un hábitat que había quedado aislado. En un humedal del Refugio Nacional de Vida Silvestre Ottawa, en Ohio (Estados Unidos), un equipo dirigido por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) registró 3,44 millones de detecciones mediante sonar después de reconectarlo con Crane Creek, un afluente del lago Erie.
El seguimiento reunió 2022 horas de observación entre 2011 y 2014 y mostró un uso persistente del entorno del paso. El trabajo científico, publicado en 2026, aporta pruebas del valor de recuperar estas conexiones, aunque la cifra tiene un matiz fundamental. Son detecciones acumuladas, no un censo de millones de peces distintos.
Una conexión recuperada
La intervención permitió comunicar una laguna rodeada de diques con Crane Creek y, a través de este, con el lago Erie. La estructura de control del agua se abrió en la primavera de 2011, según el informe inicial del proyecto, desarrollado mediante la colaboración del USGS, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre estadounidense y Ducks Unlimited.
¿Qué cambia para un pez cuando se abre ese paso? Puede acceder a zonas de vegetación que antes quedaban al otro lado de una barrera, con nuevas oportunidades para encontrar alimento, refugiarse o reproducirse. La restauración recupera así una relación entre ambientes cercanos que el aislamiento había interrumpido.
Observar bajo el agua
Contar peces en aguas turbias tiene una dificultad evidente, porque desde la orilla apenas se ve lo que ocurre debajo. El sonar utiliza ondas sonoras para detectar objetos sumergidos y permite observar actividad incluso con poca luz, una ventaja frente a las cámaras convencionales. También ayuda a seguir cambios que pueden quedar ocultos en un muestreo con redes.
Los investigadores distribuyeron las observaciones en 56 campañas a lo largo de cuatro años. Los datos publicados por el USGS se procesaron por horas para estimar la actividad y la dirección del movimiento hacia el humedal o hacia el arroyo. Esa escala permite estudiar cómo cambia el uso del paso dentro de un mismo día.
Qué significa la gran cifra
El artículo comunica un total de 3 436 118 detecciones, con registros horarios que oscilaron entre 3 y 9353. Los propios autores explican que un pez podía aparecer varias veces si permanecía dando vueltas por la zona o regresaba al espacio observado. El procesamiento informático también podía fragmentar una trayectoria y generar recuentos repetidos.
La cifra debe leerse, por tanto, como un indicador de actividad. Es parecido a contar pasos por una puerta sin identificar a quien la cruza, porque una misma visita puede producir varias anotaciones. Además, los registros corresponden al área cubierta por el sonar y no representan un inventario completo de toda la laguna.
Cada estación tiene su ritmo
El seguimiento incluyó observaciones diurnas, nocturnas y de las horas próximas al amanecer y al atardecer. Los resultados mostraron variaciones diarias y estacionales, de modo que el uso del lugar no fue uniforme. Para quienes gestionan el humedal, saber cuándo aumenta o disminuye la actividad puede ser tan útil como conocer el recuento acumulado.
También hay que comparar los años con cuidado. En 2011 se analizaron 718 horas, mientras que en 2014 fueron 314, y los autores atribuyen buena parte de las diferencias en los totales al distinto esfuerzo de muestreo. Una cifra anual menor no demuestra, por sí sola, que quedasen menos peces.
Refugio y zona de cría
La información del sonar se suma a otros trabajos sobre la misma restauración. El informe inicial del USGS, publicado en 2014, documentó la entrada de 13 especies que no se habían encontrado antes en la laguna. También describió su función como zona de desove y de crecimiento de peces jóvenes, con resultados destacados para el lucio.
Son observaciones complementarias que ayudan a entender por qué importa recuperar el acceso. El seguimiento acústico permite estudiar cuándo hay actividad, mientras que los muestreos de peces aportan información sobre las especies que utilizan el lugar. Juntar ambas miradas ofrece una imagen más completa del funcionamiento del humedal.
Restaurar y seguir midiendo
Estos resultados pueden orientar decisiones muy concretas. Los autores plantean programar actuaciones que puedan perturbar a los peces durante los periodos de menor utilización, para reducir su impacto. Recuperar una conexión es un primer paso, pero comprobar cómo se utiliza ayuda a decidir cuándo intervenir de nuevo.
El caso del lago Erie muestra por qué el seguimiento debe acompañar a la restauración, ya que permite comprobar la respuesta de la fauna y ajustar la gestión con datos.
El estudio ha sido publicado en Aquatic Ecosystem Health & Management.
Imagen: Dakota Callaway / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)













