Hallada en un arroyo termal de California, la ameba de fuego establece un nuevo límite conocido para la reproducción de células eucariotas y resiste más calor al formar un quiste.
Se ha encontrado un hallazgo sorprendente y tiene como protagonista a una especie de ameba que ha llevado al límite la capacidad de los organismos con células complejas para poder sobrevivir incluso cuando se dan circunstancias de calor extremo. Los responsables ha sido un equipo de investigadores de la Universidad de Siracusa que han descubierto a Incendiamoeba cascadensis en las aguas termales del Parque Nacional Volcánico de Lassen, en California.
Y gracias a ellos se ha podido encontrar esta ameba que puede alimentarse y reproducirse a temperaturas de hasta 70 °C. Todo esto aparece reflejado en la revista Cell y supera el límite de 60 °C considerado durante décadas para los organismos eucariotas. El estudio revela además que esta diminuta ameba cuenta con mecanismos genéticos y estructurales que le permiten proteger sus proteínas y reparar su ADN bajo condiciones extremas.
Una diminuta ameba de fuego que puede reparar su ADN incluso en condiciones extremas
Un equipo de la Universidad de Siracusa (EE UU) ha descubierto una nueva especie de ameba capaz de sobrevivir a temperaturas que acabarían con cualquier otro tipo de vida compleja conocida.
El organismo, que han bautizado como Incendiamoeba cascadensis, vive en las aguas termales del Parque Nacional Volcánico de Lassen, en California, y es capaz de alimentarse y reproducirse incluso a 70 °C. Esto bate el récord de las temperaturas que se creían el límite de supervivencia de los organismos eucariotas (organismos de células complejas).
Según ha podido observar el equipo científico, lo consigue gracias a un cambio de forma y la creación de una capa externa protectora. Los detalles de la investigación se publican en la revista Cell.
“Estos resultados nos muestran que los eucariotas pueden crecer a temperaturas más altas de lo que creíamos posible”, dice a SINC Angela Oliverio, investigadora de la universidad estadounidense y autora principal del estudio.
Condiciones extremas en el laboratorio
El récord del organismo que crece a mayor temperatura lo ostenta Methanopyrus kandleri, una arquea (y un microorganismo relativamente simple) que vive a 122 °C en las proximidades de las fuentes hidrotermales de las profundidades oceánicas.
Para los organismos eucariotas, durante décadas se ha considerado que los 60 °C eran el límite de temperatura para su supervivencia. Este grupo de seres vivos incluye a los animales, las plantas, los hongos y algunos microbios, y muy pocos de ellos pueden acercarse a ese límite.
Estudios anteriores habían encontrado rastros de amebas —microorganismos unicelulares capaces de cambiar de forma— cerca de manantiales geotérmicos, donde la temperatura del agua puede superar los 60 °C. Pero no se había investigado si podían ir más allá, aunque fuese en condiciones creadas en el laboratorio.
El equipo de Oliveiro hizo precisamente eso. Entre 2023 y 2025, recogieron organismos de arroyos geotérmicos en el Parque Nacional Volcánico de Lassen, en la cordillera de las Cascadas de California, donde las temperaturas del agua en los puntos de muestreo oscilaban entre unos 47 °C y 64 °C.
Entre todas las muestras recogidas, destacó una ameba hasta entonces desconocida. El organismo creció sin problema a 57 °C en el laboratorio, la temperatura más alta conocida hasta entonces para el crecimiento de una ameba. Pero el equipo siguió aumentando la temperatura.
A 63 °C, observaron que la ameba entraba en mitosis, un proceso mediante el cual se dividen las células eucariotas. Esto confirmó que no solo podía sobrevivir, sino también prosperar a temperaturas superiores al límite reconocido hasta entonces para los eucariotas.
Cuando la temperatura superó los 63 °C, el equipo observó que Incendiamoeba cascadensis podía protegerse cambiando de forma y creando una capa protectora exterior, hasta llegar a los 70 °C.
Genes para soportar el calor
“Estos resultados nos muestran que los eucariotas pueden crecer a temperaturas más altas de lo que creíamos posible”, dice a SINC Angela Oliverio, investigadora de la universidad estadounidense y autora principal del estudio.
Pero el equipo científico no se quedó ahí. Quisieron investigar cómo estaba ‘construida’ la ameba para poder soportar tales temperaturas.
Por eso, secuenciaron el genoma (material genético) del pequeño organismo y descubrieron que posee genes específicos asociados al mantenimiento de proteínas y a la reparación del ADN que podrían ayudar al organismo a soportar el calor extremo en comparación con otras amebas que viven en entornos más templados.
La ameba posee genes específicos asociados al mantenimiento de proteínas y a la reparación del ADN para soportar el calor extremo
Según explica Oliverio, también compararon las propiedades químicas y estructurales de las proteínas de las amebas con las de otros 13 organismos que toleran el calor, incluyendo formas de vida más simples.
“Descubrimos que I. cascadensis presentaba una mayor concentración de aminoácidos con carga positiva en su superficie, algo que observamos en otros organismos termófilos (que soportan el calor extremo)”, dice la investigadora. “Esto sugiere un mecanismo evolutivo común para mantener la estabilidad de las proteínas en calor extremo”.
A pesar de que esta nueva especie de ameba solo superó en unos pocos grados el récord anterior para los eucariotas, Oliverio afirma que este hallazgo podría inspirar futuras investigaciones para evaluar la tolerancia ambiental de los organismos sin límites preconcebidos.
“Cada vez que se establece un nuevo récord mundial en el deporte, resulta asombroso y se celebra, aunque sea por milisegundos”, afirma Oliverio. “Deberíamos hacer lo mismo con las amebas. Estos cambios tan pequeños amplían nuestra comprensión de lo que creemos que es posible”, concluye.












