Un estudio sigue durante tres años la colonización microbiana de coladas recién solidificadas y apunta a la lluvia como vía clave de llegada y estabilización
La lava sale del subsuelo a temperaturas que esterilizan todo lo que toca. Cuando se enfría y se vuelve roca negra y porosa, el paisaje parece una pizarra en blanco. Sin embargo, esa “nada” dura poco. Un equipo de la Universidad de Arizona ha documentado que comunidades microbianas empiezan a instalarse sobre lava recién solidificada en cuestión de horas y días, un paso inicial que hasta ahora resultaba difícil de observar en campo con tanta precisión.
La investigación, publicada en Communications Biology, aprovecha una circunstancia rara en ecología. El sistema volcánico de Fagradalsfjall, en la península islandesa de Reykjanes, entró en erupción en 2021 y repitió actividad en 2022 y 2023. Esas tres fases permitieron comparar el arranque de la vida microscópica en coladas distintas bajo un marco parecido, como si la naturaleza hubiera ofrecido un “triplicado” experimental.
El trabajo, liderado por Nathan Hadland y con participación de Solange Duhamel, combinó muestreos de lava a distintas edades con recogidas de posibles “semillas” biológicas del entorno. Los autores tomaron roca que llevaba pocas horas fría, además de agua de lluvia y aerosoles, y extrajeron ADN para reconstruir qué microorganismos estaban llegando y cuándo. El diseño incluyó seguimiento frecuente durante la fase eruptiva de 2021 y muestreos a lo largo de los tres años, con el invierno como prueba de estrés ecológico.
Los resultados dibujan un proceso en dos tiempos. Primero aparece una comunidad inicial variable, capaz de sobrevivir con muy poca agua y casi sin nutrientes orgánicos en la roca recién formada. Después, tras el primer invierno, el conjunto tiende a estabilizarse y a repetir un patrón parecido en las tres erupciones. Esa regularidad es relevante porque en sucesiones ecológicas tempranas suelen pesar el azar y las diferencias locales, mientras aquí se observa una pauta que se repite.
Una de las claves del estudio está en el “vehículo” de esa colonización. En las fases más tempranas, las señales microbianas encajan con aportes de partículas arrastradas por el viento y material del suelo cercano que cae sobre la superficie caliente ya solidificada. Con el paso de los meses, y sobre todo tras el invierno, la lluvia gana protagonismo como fuente de llegada de nuevos microbios, un recordatorio de que el agua de precipitación no es biológicamente estéril y puede actuar como mensajera constante de vida.
El equipo añade un componente predictivo. Con los datos de 2021 entrenó un modelo que, según el artículo, logra anticipar el “estado” sucesional de las comunidades en 2022 y 2023. Más allá del detalle técnico, la idea es práctica. Si se entiende cómo cambia la vida microbiana cuando un terreno pasa de roca desnuda a ecosistema incipiente, se pueden interpretar mejor otras lavas jóvenes y también estimar qué señales podrían conservarse con el tiempo.
El eco planetario aparece en la discusión, con cautela. Marte es un planeta de superficie mayoritariamente basáltica y con un pasado volcánico intenso. Los autores no plantean que haya vida marciana detectada, pero sí sugieren que estudiar estas colonizaciones rápidas ayuda a afinar qué huellas buscar en rocas volcánicas y cómo distinguir señales persistentes de simples depósitos pasajeros de polvo o agua. La lección de Islandia es que incluso en un sustrato recién nacido, la biología entra pronto y lo hace a través de rutas concretas, aire primero, agua después.
Queda, en todo caso, una frontera abierta. La presencia de ADN o células no equivale automáticamente a un ecosistema funcional con ciclos completos, y la propia investigación subraya lo extremo de estas coladas, comparables por baja biomasa a desiertos fríos o hiperáridos. La relevancia está en haber puesto fechas y mecanismos a un inicio que solía intuirse, pero no medirse casi “a reloj”, y en haber mostrado que el primer capítulo de la vida sobre roca nueva puede ser rápido, frágil y, a la vez, sorprendentemente ordenado.


















