Una ave históricamente extinta podría ser la primera especie en volver a la vida después de 300 años

Publicado el: 31 de enero de 2026 a las 09:45
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Ilustración de un dodo junto a un embrión de ave manipulado en laboratorio en un proyecto de desextinción genética.

Hace más de tres siglos que nadie ve un dodo caminando por los bosques de Mauricio. Ahora, una empresa de biotecnología con sede en Texas, Colossal Biosciences, asegura haber dado un paso clave para intentar “resucitar” a esta ave convertida en símbolo de la extinción. La pregunta sale sola. ¿Significa esto que vamos a tener dodos reales en unos pocos años?

La respuesta corta es que todavía no. Lo que sí existe hoy es un conjunto de avances en genética de aves que abre una vía técnica para crear un animal muy parecido al dodo, mientras se reaviva el debate sobre hasta dónde debe llegar la desextinción y qué papel juega en plena crisis de biodiversidad.



Qué han conseguido realmente los científicos

Colossal ha anunciado que su equipo ha logrado cultivar en el laboratorio células germinales primordiales de paloma, las PGC. Son células embrionarias que, con el tiempo, se convierten en óvulos y espermatozoides. Hasta ahora estos cultivos solo se habían conseguido en gallinas y gansos, por lo que extender la técnica a palomas se considera un hito en biología aviar.

En paralelo, la empresa ha creado gallinas modificadas que no producen sus propias células germinales. El plan es inyectar en esos embriones PGC de paloma de Nicobar, el pariente vivo más cercano del dodo, previamente editadas para que su ADN se parezca al de la especie extinta. En teoría, esas gallinas podrían poner huevos de una paloma muy transformada que, generación tras generación, se iría aproximando a un dodo.



Además del trabajo en el laboratorio, Colossal ha secuenciado genomas de varias especies clave, incluido un pangenoma del propio dodo y de sus parientes, así como un genoma de alta calidad de la paloma de Nicobar. Estos datos sirven para decidir qué cambios genéticos hay que introducir para recuperar rasgos como el gran pico curvado o la incapacidad de volar.

Un nuevo dodo, no el dodo original

Aquí llega el matiz importante. Aunque el marketing hable de “resucitar” al dodo, lo que permitiría esta tecnología no es traer de vuelta exactamente la especie que se extinguió en el siglo diecisiete, sino crear un organismo híbrido, un proxy con rasgos de dodo construido a partir de palomas actuales. Varios trabajos en conservación recuerdan que la desextinción genera sustitutos, no copias perfectas, porque los genomas antiguos tienen huecos y errores inevitables y porque nunca se puede recrear al detalle la interacción entre genes y ambiente.

Científicos independientes señalan que ni siquiera conocemos toda la biología del dodo original. El medio ambiente de Mauricio ha cambiado de forma radical, con bosques alterados, especies invasoras y un clima distinto. Un “nuevo dodo” tendría que enfrentarse a un paisaje para el que no evolucionó y en el que podría comportarse de manera muy diferente a lo que imaginamos a partir de crónicas antiguas y restos fósiles.

La duda de fondo es sencilla y complicada a la vez. Aunque nazca un ave robusta, de andar pesado y sin capacidad de vuelo, ¿podremos decir que es realmente un dodo o será otra cosa nueva que hemos diseñado para ocupar un papel parecido en el ecosistema?

Plazos, dinero y dilemas éticos

Tras el último anuncio, la empresa habla de un horizonte de cinco a siete años para ver el primer ejemplar vivo con rasgos de dodo. Ese cálculo se apoya en el salto que ha supuesto dominar las PGC de paloma, pero el propio equipo reconoce que todavía quedan por delante muchas fases de edición genética, cría y pruebas. Otros expertos comparan estos plazos con las promesas sobre la energía de fusión, que siempre parece estar unos cuantos años por delante.

El proyecto no se mueve en pequeño formato. Colossal ha cerrado una nueva ronda de financiación de ciento veinte millones de dólares y suma ya más de quinientos cincuenta millones recaudados, con una valoración superior a los diez mil millones. Todo ese dinero privado se dirige a unos pocos proyectos estrella centrados en especies extintas como el dodo, el mamut lanudo o el lobo terrible.

Ahí es donde muchos conservacionistas levantan la ceja. Un artículo reciente en la revista Biological Conservation sostiene que la desextinción debe verse como una herramienta complementaria y no como una solución mágica para la crisis de biodiversidad. El autor advierte de riesgos claros, entre ellos desviar fondos de la protección de especies vivas en peligro, exagerar lo que la tecnología puede hacer y restar urgencia a la tarea de conservar hábitats reales aquí y ahora.

También preocupan el bienestar de los animales que intervienen en el proceso y las consecuencias ecológicas de liberar aves nuevas en ecosistemas ya degradados. En Mauricio, Colossal ha creado un comité asesor con científicos y actores locales para estudiar zonas seguras sin depredadores introducidos, pero incluso así nadie puede garantizar qué pasará cuando estas aves, si llegan a existir, interactúen con bosques fragmentados, especies invasoras y un clima más cálido.

Qué puede aportar al medio ambiente

Con todo, no todo el mundo ve este proyecto solo como espectáculo tecnológico. El propio comunicado de Colossal subraya que las técnicas desarrolladas para el dodo pueden servir para rescatar aves en peligro crítico, como la paloma rosada de Mauricio o el “pequeño dodo” de Samoa, reforzando su diversidad genética, creando líneas celulares resistentes a enfermedades y guardando material biológico en bancos de células como seguro ante futuras pérdidas.

En la práctica, la desextinción se está convirtiendo en un laboratorio donde se prueban herramientas que luego pueden aplicarse a la conservación clásica. La clave, según buena parte de la comunidad científica, es mantener los pies en la tierra. Extinguir una especie sigue siendo definitivo. Ningún laboratorio puede devolver exactamente lo que se perdió, pero sí puede ofrecer nuevas opciones para que no sigamos perdiendo lo que aún queda.

Para el lector que se pregunta qué debe sacar en claro, el mensaje es prudente. No hay dodos en incubadoras ni fechas cerradas para verlos en libertad. Sí hay avances importantes en genética de aves y una discusión abierta sobre si tiene sentido usar esos avances para intentar reparar errores del pasado, o si es mejor centrarlos en proteger a las miles de especies que hoy mismo rozan la desaparición.

El comunicado oficial sobre este avance en la desextinción del dodo se ha publicado en la la web de Business Wire.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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