Lo que en el Mediterráneo se lleva siglos pescando como bacoreta no es un solo pez. Un estudio internacional con participación del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) concluye que hay dos especies de bacoreta, casi calcadas por fuera. Una vive en el Atlántico norte y el Mediterráneo, y la otra en las aguas tropicales de África.
El trabajo, publicado en la revista Hydrobiologia, analizó el ADN de más de 600 ejemplares y cerca de 38.000 marcadores genéticos. ¿Y a quién le importa esto, aparte de a los biólogos? Pues a quien gestiona la pesca, ya que las capturas de este pequeño túnido se cuentan en áreas que podrían mezclar dos especies.
Un nombre de 1817
Hasta ahora toda la bacoreta figuraba en los libros como Euthynnus alletteratus. Los investigadores proponen rescatar el nombre Euthynnus quadripunctatus para los peces del Atlántico norte y el Mediterráneo. Viene de una descripción de 1817 y se usó un tiempo, hasta que acabó absorbido por el otro.
El nombre de siempre se quedaría para las poblaciones tropicales estudiadas en Senegal, Costa de Marfil y Gabón. En la práctica, la bacoreta que se pesca en aguas españolas pasaría a llevar otro apellido científico. Un cambio pequeño en el papel, pero con bastante miga.
Más de 600 peces analizados
El estudio lo han liderado la Universitat de Girona (UdG) y el IEO-CSIC, con personal de sus centros oceanográficos de Cádiz y Málaga. También han participado equipos de Portugal, Estados Unidos, Vietnam, Brasil, Túnez, Senegal, Costa de Marfil y Gabón.
Para llegar a esa conclusión, el equipo cruzó tres tipos de pruebas. ADN mitocondrial de más de 600 ejemplares, un análisis genómico con cerca de 38.000 marcadores y 466 espinas dorsales. Las espinas sirven para calcular la edad del pez, algo parecido a contar los anillos de un tronco.
Todos los métodos para separar especies dijeron lo mismo. Los dos grupos forman linajes evolutivos distintos, tan alejados como otras especies ya reconocidas del género Euthynnus. Son lo que los biólogos llaman especies crípticas, parecidas por fuera y diferentes por dentro.
Las del norte crecen más
La diferencia entre las dos bacoretas tampoco se queda en el ADN. Los ejemplares del norte crecen más rápido y alcanzan tallas mayores a la misma edad. Los modelos del estudio les calculan una talla máxima teórica de unos 99 centímetros, frente a unos 70 en el grupo tropical.
En el norte, además, el crecimiento se acelera en los meses cálidos, y en el trópico es bastante más constante. Cuadra con su reproducción. En el Mediterráneo se concentra entre finales de primavera y el verano, y en el Atlántico tropical se reparte por buena parte del año.
Dicho de otro modo, el pez del norte apuesta por criar en temporada y crecer rápido. El tropical va más despacio, pero se reproduce durante más meses.
Sicilia separa más que Gibraltar
Dentro de cada especie hay más divisiones de las esperadas. En la del norte, los resultados apuntan a por lo menos tres grandes poblaciones. Una en el Atlántico occidental, otra en el Atlántico oriental y el Mediterráneo occidental, y una tercera en el Mediterráneo oriental.

Lo curioso es dónde cae la frontera. Uno pensaría en el estrecho de Gibraltar, pero los análisis señalan como gran barrera genética el canal de Sicilia. Este mar tiene sus propias reglas para los túnidos, como ya se vio al contar por qué las Baleares son clave para el atún rojo.
En la especie tropical también hay diferencias entre Senegal, Costa de Marfil y Gabón. Eso sí, son mucho menores que la brecha que separa a los dos linajes.
Senegal, en la casilla equivocada
Y aquí llega la parte práctica. Las capturas de pequeños túnidos en el Atlántico se apuntan en grandes áreas estadísticas que no siempre coinciden con las poblaciones reales. Algunas, advierten los autores, podrían estar juntando ejemplares de dos especies.
El ejemplo más claro es Senegal, incluido en una de las grandes áreas del Atlántico norte. Pero las bacoretas analizadas allí son del linaje tropical. Viene a ser como sumar en la misma cuenta dos peces que crecen y crían de forma distinta.
Por eso piden saber mejor dónde vive cada especie antes de fijar nuevas unidades de gestión. El trabajo nace del programa de pequeños túnidos de la ICCAT, el organismo que fija las reglas para proteger al atún de la sobrepesca. Lo han financiado ese programa y la Unión Europea.
Un hueco frente a Mauritania
Queda una incógnita gorda, porque no hay muestras de Marruecos, el Sáhara Occidental ni Mauritania. Sin ellas no se sabe dónde está el límite entre los dos linajes ni si llegan a mezclarse. También harán falta muestras del Atlántico sudoccidental.
Aun así, el IEO subraya que es uno de los primeros trabajos que cruza genómica de alta resolución y crecimiento para estudiar especies crípticas en túnidos. Y recuerda que puede haber «biodiversidad no reconocida» incluso en peces explotados desde hace siglos. Encontrar algo nuevo en la selva, como la diminuta especie de pez naranja descrita en la Amazonia, es casi lo esperable, pero en un pez de lonja sorprende bastante más.
El estudio completo puede consultarse en abierto en la revista Hydrobiologia, y la nota oficial ha sido publicada por el Instituto Español de Oceanografía.
Foto: Xavi Salvador Costa / Fishipedia













