Brasil propone impuestos al petróleo y los multimillonarios, nadie podrá decir que no se moja y contraataca con un nuevo documento a pocas horas del inicio de la COP31, para impulsar la financiación climática: la brecha de 840.000 millones no es baladí y retrata la insuficiencia de los compromisos actuales.
Brasil ‘contraataca’
Brasil propone impuestos al petróleo y los multimillonarios mientras la financiación contra el cambio climático y el calentamiento progresivo sigue lejos de cubrir las necesidades del sur global. La contradicción es demoledora: las ‘buenas palabras’ internacionales conviven con una la ‘gran mentira’ proyectada de 840.000 millones de dólares anuales.
La presidencia brasileña de la COP30 presentó este 8 de noviembre una propuesta para movilizar al menos 1,3 billones de dólares anuales hacia 2035. Su ambición merece respaldo; su cumplimiento exige mucho más que aplausos diplomáticos.
El plan señala seis vías de financiación y abre una disputa decisiva: cuánto deben aportar los países ricos, qué responsabilidad corresponde a los contaminadores y quién asumirá los riesgos de atraer al capital privado.
Brasil propone impuestos al petróleo y los multimillonarios: toca repartir responsabilidades
La propuesta de Brasil incorpora impuestos sobre grandes fortunas, combustibles fósiles, transacciones financieras y aviación, entre otras actividades. Esta iniciativa podría aportar hasta 129.000 millones de dólares anuales. Son ingresos potenciales: los impuestos todavía están años luz de convertirse en recaudación.
El planteamiento cuestiona el actual reparto profundamente injusto: que las economías vulnerables tengan que financiar su protección mientras quienes concentran riqueza o participan en actividades contaminantes esquivan una contribución suficiente. La responsabilidad climática pierde toda la credibilidad cuando desaparece de los presupuestos.
Solo con estas medidas adicionales, el informe proyecta flujos de unos 461.000 millones anuales hacia 2035. Frente al objetivo de 1,3 billones, el enorme agujero presupuestario ronda los 840.000 millones. Esa distancia muestra a todas luces la insuficiencia del rumbo actual.
Garantías públicas para inversores: el dinero debe justificar cada riesgo
El capital privado tendría que multiplicarse por más de nueve hasta alcanzar 882.000 millones de dólares anuales. Para atraerlo, el documento de Brasil plantea garantías, seguros y protección frente a las oscilaciones cambiarias.
Líneas rojas: si las administraciones asumen riesgos, deben exigir resultados ambientales comprobables y condiciones totalmente transparentes. Movilizar fondos no puede convertirse en una excusa para cargar pérdidas al contribuyente de a pie, los de siempre, mientras los beneficios de las grandes petroleras quedan blindados.
La financiación pública internacional y multilateral podría alcanzar hasta 384.000 millones anuales. Otras soluciones incluyen mercados de carbono, cooperación Sur-Sur y reasignación de derechos especiales de giro del FMI. Sus estimaciones deben interpretarse en su contexto actual dentro de los escenarios del informe, evitando sumar máximos como si fueran ingresos independientes garantizados.
Una brújula para vigilar promesas que todavía no son dinero
Brasil propone impuestos al petróleo y los multimillonarios dentro de una hoja de ruta más bien orientativa. Lamentablemente el documento no crea por sí mismo obligaciones fiscales ni asegura desembolsos: muestra caminos que los gobiernos tendrán que ejecutar.
La propuesta de una Brújula de Acción del Financiamiento Climático busca seguir el destino y lal aplicación de los fondos. Su utilidad dependerá de no confundir compromisos, desembolsos, préstamos y subvenciones. Contabilizar anuncios como ayuda efectiva sería otra forma de maquillar el fracaso.
El FMI estima que los subsidios explícitos a los combustibles fósiles alcanzaron la cifra bochornosa de unos 730.000 millones de dólares en 2024, aproximadamente el 56 % de la meta climática anual de 1,3 billones.
Son magnitudes de distinto alcance, pero revelan que las prioridades presupuestarias van por otro camino y no tiene visos de cambiar. Los países que mantienen esos apoyos deben explicar por qué sostener la dependencia fósil encuentra recursos mientras proteger a los vulnerables sigue pendiente de nuevas y efímeras promesas.








