Un índice actuarial de reciente creación ha situado los extremos del clima de España en torno a 1,3 desviaciones estándar, tomando como referencia parámetros de control históricos.
Un nuevo índice instituido por el IAE (Instituto de Actuarios de España) y denominado ICAE (por las siglas de Índice Climático Actuarial Español) es capaz de medir, en base a la variación de 6 parámetros determinados, cuál es la variabilidad de los eventos extremos del clima.
Esta herramienta valora las lluvias intensas, las temperaturas máximas y mínimas extremas, la humedad de los suelos, los vientos y el nivel del mar facilitados por Copernicus ERA5. Los datos ofrecidos se aplican a España sin contar los territorios insulares ni Ceuta y Melilla.
Para ver cómo funciona el índice para los extremos de España, se aplicó a dos acontecimientos extremos del clima bastante recientes, el incendio que este verano arrasó miles de hectáreas en Madrid y Ávila y la DANA de 2024 que azotó a Valencia, demostrando en ambos casos que los índices eran los más extremos de las mediciones conocidas.
Eventos extremos del clima y la herramienta que los valoriza
De acuerdo con el I Índice Climático Actuarial Español (ICAE) de los extremos del clima, el país registró durante el año 2025 el nivel de extremos climáticos más alto que se conoce desde 1961. El ICAE combina 6 indicadores climáticos diferentes para poder cuantificar la frecuencia de estos sucesos.
El documento fue elaborado por el Instituto de Actuarios de España (IAE) y mide los valores extremos del clima basados en media docena de variables concretas: las temperaturas máximas, las temperaturas mínimas, las precipitaciones, la sequía, el viento y el nivel del mar.
El ICAE no analiza el clima medio, sino que se centra en el estudio de los extremos del clima, examinando cuál es la distribución estadística de estas variables y calculando cuánto se desvían los episodios más intensos con respecto a un período de referencia histórico, que para este caso es el que está comprendido entre los años 1961 y 1990.
El resultado se expresa en desviaciones estándar (denominadas σ) con respecto al período de referencia, lo que permite comparar diferentes magnitudes como los milímetros por litro o los grados de las temperaturas y plasmarlos en una sola escala homogénea.
Mediciones realizadas para el ICAE
El análisis de las diferentes variables recoge la frecuencia de las temperaturas máximas que se ubican por encima del percentil 90 y de las temperaturas mínimas que están por debajo del percentil 10. Además, se midió la precipitación máxima que se acumuló en períodos de cinco días consecutivos.
Otro de los parámetros fue la sequía, medida a través de la pérdida de humedad del suelo respecto a los datos de la referencia. También se tuvo en cuenta la frecuencia de episodios de viento intenso, que fue calculada no solo en términos de velocidad, sino de potencia, y finalmente se mensuró la variación del nivel del mar.
Todos estos datos fueron estandarizados y promediados en una fórmula única, y los expertos lo han hecho basándose en la metodología del Actuarial Climate Index, que ha sido desarrollado en EEUU y Canadá, pero que se adaptó al contexto geográfico y climático español. La información empleada proviene del programa de observación de la Tierra de la Unión Europea, Copernicus.
El examen del ICAE demuestra que hay ‘una trayectoria clara’ puesto que, tras mantenerse próximo a cero e incluso presentando valores negativos durante buena parte de los años comprendidos entre 1970 y 1980, el índice inicia ‘un ascenso sostenido’ a partir de 1990 que en los últimos diez años se ha acentuado y que, al cierre de 2025, colocó la anomalía en torno a 1,3 desviaciones estándar, que constituye el nivel más alto de toda la serie desde 1961.
Ejemplificación de los datos
El IAE puso a prueba las mediciones de este índice de extremos del clima, estudiando dos episodios recientes: la dana de Valencia del 29/10/24 y el reciente incendio de la Sierra Oeste de Madrid (2026).
En el caso de la dana que azotó la Comunidad Valenciana, el subíndice de precipitación de la zona alcanzó una anomalía de 2,48 desviaciones estándar, por lo que es uno de los episodios de lluvia torrencial más extremos de la serie histórica regional. Los datos ‘muestran además que este tipo de anomalías se han vuelto notablemente más frecuentes en los últimos 8 años que en los 22 anteriores.
En cuanto al incendio forestal de Madrid-Ávila acontecido en julio de 2026, el subíndice de sequía llegó a 4,7 desviaciones estándar respecto a la referencia, que es el valor más extremo registrado en esa zona, lo que resulta en el ‘reflejo de un déficit de humedad del suelo excepcional en los meses previos al fuego’.
Los actuarios defienden que la utilidad del ICAE ‘va más allá del ámbito meteorológico’ puesto que ‘puede servir como sistema de alerta temprana para articular medidas de prevención’, pero también es posible emplearlo como herramienta para la planificación urbanística y para apoyar la concienciación ciudadana, además de ayudar al sector asegurador a la hora de cuantificar la brecha de aseguramiento frente a los riesgos climáticos extremos.













