Un colibrí bebe en un comedero y, en cuanto se acerca otro, se lanza tras él entre chirridos, picados y despliegues de plumas que apenas duran unos segundos. Los colibríes se persiguen así porque defienden el néctar, y el Laboratorio de Ornitología de Cornell propone una solución sencilla para rebajar esas peleas, que consiste en repartir varios comederos pequeños en lugar de colgar uno grande.
«En conjunto, alimentarás a muchos más colibríes poniendo cuatro comederos diminutos de una sola boca que uno gigante de ocho», escribe el laboratorio en su web All About Birds. Si se separan, añade, las aves no tendrán que verse unas a otras, que es justo lo que despierta su territorialidad.
Son consejos pensados para los jardines de América que atraen fauna silvestre, porque los colibríes solo viven de forma natural en ese continente, y ayudan a entender por qué un recipiente de agua azucarada acaba convertido en un recurso tan disputado.
Las flores tardan en reponer el néctar
El ornitólogo y escritor Scott Weidensaul, que ha estudiado y anillado colibríes, explicó a la revista Audubon que el origen de esa agresividad está en su dependencia del néctar. «Queman cantidades de energía tan extraordinarias», dijo, y recordó que algunas especies, como el colibrí gorjiazul, pueden superar los 1200 latidos por minuto.
«No me imagino que pudieran mantener el gasto energético que tienen sin esa agua azucarada», añadió Weidensaul. El problema es que el néctar escasea, ya que cada flor ofrece una cantidad limitada de azúcar y necesita tiempo para volver a producirlo.
«Ahí fuera hay un número limitado de flores», resumió el ornitólogo. «Tiene mucho sentido encontrar la manera de dominar ese recurso para uno mismo». Para un colibrí, eso significa defender su territorio con fiereza frente a cualquier intruso.
Un instinto que no distingue el comedero de una flor
El Laboratorio de Cornell lo explica de forma parecida. Los colibríes «no pueden permitirse compartir flores en las épocas en que no hay muchas abiertas, porque quizá tengan que desplazarse muy lejos cuando se agota el néctar», y esa agresividad «está tan arraigada que no consiguen entender que los comederos son distintos».
Weidensaul lo sitúa en la escala del tiempo evolutivo. «Hace quinientos o seiscientos años no había grandes extensiones de flores ornamentales, y desde luego no había comederos para colibríes», dijo. «Tienen millones de años de evolución que les dicen: “Tengo que luchar para proteger esta fuente de alimento”».
El macho dominante vigila unos 15 metros a la redonda
Doug Hitchcox, naturalista de Maine Audubon, contó al Bangor Daily News que este comportamiento llama mucho la atención de la gente. «Son las aves más pequeñas de todas, pero parecen tener el carácter más fuerte», dijo. «En realidad, todo se reduce a la comida».
Según Hitchcox, el macho de colibrí garganta de rubí defiende un perímetro de unos 15 metros alrededor del centro de su fuente de alimento, y ese círculo se reduce cuanto más comida hay dentro. Las peleas físicas son raras porque, en sus palabras, son animales muy frágiles y llegar al contacto «es el último recurso, pero ocurre».
Quienes más lo sufren son los demás. «Eso puede ponérselo difícil a los colibríes que no son el macho dominante o a los jóvenes que solo intentan encontrar un sitio para comer», explicó el naturalista. «Encuentran un buen bufé, pero en cuanto lo encuentran, el macho dominante los echa».
Cuatro comederos pequeños y fuera de la vista
En su guía para alimentar colibríes, Cornell insiste en que «más comederos suelen ser mejor que comederos más grandes». Como estas aves son muy territoriales, cuatro recipientes diminutos con una boca cada uno, repartidos alrededor de la casa, atraerán y mantendrán más colibríes que uno grande de ocho bocas.
Audubon recomienda lo mismo en su guía para crear un jardín favorable a los colibríes, donde aconseja colgar varios comederos lo bastante separados para que las aves no se vean, porque así se evita que una sola domine al resto. Según el artículo de Audubon, colgarlos al otro lado de una esquina de la casa sirve para cortar esa línea de visión.
Weidensaul menciona además la estrategia contraria, que consiste en agrupar muchos comederos en un mismo punto. «Si pones un montón de comederos en un mismo sitio y llegan un montón de colibríes, llega un momento en que nadie puede ahuyentar a todos y, sencillamente, se rinden», dijo a Audubon.
Agua azucarada a la sombra y cambiada cada dos o tres días
Más comederos implican más limpieza. Cornell recuerda que en el agua azucarada crecen bacterias y moho y que el azúcar fermenta, de modo que la mezcla no debe quedarse fuera más de dos o tres días y hay que cambiarla a diario cuando hace mucho calor.
Por eso aconseja elegir modelos fáciles de desmontar, con una abertura de llenado por la que quepa un cepillo para botellas. «Cuanto más fácil sea limpiar un comedero de colibríes, más probable es que lo hagas a menudo y bien», escribe el laboratorio, que también pide evitar el sol directo porque estropea rápidamente la mezcla.
Audubon añade que, si el néctar se ve turbio, hay que limpiar el comedero de inmediato, sin importar cuánto tiempo lleve colgado. En sus preguntas frecuentes también desaconseja el jabón de lavavajillas, porque puede dejar residuos dañinos, y propone agua caliente con agua oxigenada o una solución suave de vinagre.
La receta que recomiendan ambas organizaciones es una parte de azúcar blanco refinado por cuatro de agua, es decir, un cuarto de taza de azúcar (unos 50 gramos) por una taza de agua (unos 240 mililitros), de modo que el azúcar supone una de cada cinco partes de la mezcla. Audubon aconseja llevarla a ebullición y dejarla enfriar antes de llenar el comedero.
Audubon desaconseja la miel, el azúcar moreno, la melaza y los edulcorantes artificiales, y tampoco hace falta añadir colorante rojo. «Al fin y al cabo, el néctar de las flores es transparente», señala Cornell, que explica que son las piezas rojas del propio comedero las que atraen la atención de las aves.
Flores autóctonas e insectos que el comedero no da
El artículo de Audubon explica que los colibríes defienden territorios más grandes cuando hay pocas flores, de modo que plantar especies autóctonas ayuda a crear un entorno más tolerante. Weidensaul añade que de esas plantas dependen los insectos y arañas que completan su dieta, y que «tener esa complejidad de estructura y esa diversidad de especies vegetales va a proporcionar mucho más alimento a los colibríes, aparte de lo que sale del comedero», explicó.
La guía de Audubon recomienda flores tubulares rojas o anaranjadas y especies con distintas épocas de floración, y pide eliminar los pesticidas, porque los artrópodos son una parte importante de la dieta de los adultos y los pollos en el nido se alimentan casi exclusivamente de ellos. El uso intensivo de pesticidas figura también entre las causas del declive de aves y mariposas en Europa.
La propia Audubon calcula que, para mantener su metabolismo, un colibrí tiene que comer cada 10 a 15 minutos y visitar entre 1000 y 2000 flores al día. Un jardín con flores autóctonas sirve también de despensa a otros polinizadores migratorios, como las mariposas monarca que viajan hasta México.
Cristales marcados para evitar choques
La International Hummingbird Society recuerda que los choques contra ventanas son más frecuentes en la migración, cuando las aves visitan lugares que no conocen y confunden el reflejo de árboles, plantas o cielo con un espacio abierto. Por eso aconseja colgar los comederos a más de 7,6 metros del cristal o justo al lado.
Si se marcan las ventanas, las líneas o figuras deben tener al menos unos 6 milímetros de ancho, en colores claros o de alto contraste, y no estar a más de 5 centímetros en horizontal ni de 10 en vertical. Las mosquiteras exteriores, montadas al menos a unos 2,5 centímetros del vidrio, eliminan los reflejos problemáticos.
Lo que estos consejos no garantizan
La recomendación de Cornell es una pauta práctica basada en el comportamiento territorial de estas aves, y no viene acompañada de un experimento con cifras que mida cuántas persecuciones se evitan con cuatro comederos frente a uno. Tampoco hay una única estrategia, porque Audubon admite tanto separar los comederos como agruparlos.
«No hay forma de anular por completo el instinto protector de un colibrí», reconoce el artículo de Audubon, que solo habla de fomentar una mayor tolerancia. Los machos adultos suelen ser los más vehementes, pero aves de todas las edades, sexos y especies defienden el alimento, así que es probable que alguna persecución siga produciéndose.
Las pautas proceden de la guía del Laboratorio de Ornitología de Cornell en All About Birds y del reportaje de Benjamin Hack publicado en la revista Audubon el 21 de agosto de 2024, completado con las declaraciones de Doug Hitchcox al Bangor Daily News del 9 de agosto de 2021.
Imagen: USFWS Midwest (dominio público)












