El veneno para ratas llega a los bosques del noroeste de California: el 35,7 % de 837 búhos barrados tenía anticoagulantes en el hígado y en los jóvenes cayó del 50 % al 20 %

Adrián Villellas
Publicado el 17 de octubre de 2026 a las 20:46
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Búho barrado joven con una ardilla en la rama de un árbol, especie en la que se ha medido el veneno para ratas

Entre 2019 y 2025, los equipos que retiraban búhos barrados de los bosques del noroeste de California guardaron muestras de hígado de 1003 aves. En el conjunto regional, formado por 837 búhos recogidos entre 2022 y 2025, el 35,7 % tenía al menos un raticida anticoagulante, el veneno para ratas que mata por hemorragia interna, aunque las aves vivían en bosques mayoritariamente alejados de ciudades y explotaciones agrícolas.

Para llegar hasta allí, el veneno tiene que pasar de un animal a otro. Los roedores comen el cebo y los depredadores que los cazan acumulan los compuestos en el hígado, lo que los científicos llaman exposición secundaria.

El trabajo lo dirigió Vitek Jirinec, investigador del Integral Ecology Research Center (IERC), una organización sin ánimo de lucro. Según la nota de prensa del IERC, es el mayor conjunto de datos de biomonitorización de raticidas reunido nunca para una sola especie de fauna salvaje en Norteamérica. La biomonitorización consiste en seguir un contaminante a través de los tejidos de animales vivos o muertos.

Búhos sanos en lugar de cadáveres

El búho barrado (Strix varia) es originario del este de Norteamérica y ha invadido el oeste, donde compite con el búho moteado del norte (Strix occidentalis caurina), una subespecie amenazada. Para comprobar si su retirada ayuda a estabilizar al búho moteado, en la región se hacen extracciones experimentales de búhos barrados, y de ahí salen las aves del estudio.

Eso cambia el tipo de muestra. «Casi todos los estudios sobre raticidas se basan en animales que aparecieron enfermos o muertos, así que tienden a recoger los peores casos», explicó Jirinec en la nota del IERC. «Nuestros búhos eran, en apariencia, aves sanas que hacían su vida. Eso nos da una imagen mucho más fiel de lo que circula en la población y más confianza en que las tendencias que vemos son reales».

La zona de muestreo ocupa 3990 kilómetros cuadrados en los condados de Humboldt, Del Norte, Siskiyou y Trinity, desde la costa hasta unos 100 kilómetros tierra adentro y desde la frontera de Oregón hasta unos 230 kilómetros al sur. Incluye terrenos federales, estatales, tribales y privados entre las montañas Klamath y la Cordillera Costera.

Bosques de coníferas y montañas del norte de California, donde viven los búhos barrados analizados por veneno para ratas
Bosques de coníferas y montañas nevadas del norte de California. (Foto: Vitek Jirinec / IERC)

Más de un tercio llevaba anticoagulantes

Los investigadores buscaron 14 compuestos raticidas en cada hígado. Casi toda la exposición a anticoagulantes correspondía a los de segunda generación, presentes en el 35,2 % de los búhos, mientras que los de primera generación apenas aparecieron en el 1,2 %.

Los de segunda generación son más potentes y se desarrollaron porque las ratas se volvieron resistentes a los primeros, un problema que también preocupa en Europa, donde las ratas españolas han desarrollado resistencia a los venenos más tóxicos. El estudio recuerda que la vida media del brodifacum en el hígado de ratas de laboratorio llega a 113 días.

Ese compuesto fue el más frecuente, con un 30,6 % de las aves, seguido de la bromadiolona, con un 14,2 %. Entre los búhos con anticoagulantes, la concentración media de estos compuestos fue de 14,7 partes por mil millones.

«Los raticidas están extendidos en las redes tróficas forestales del oeste de Norteamérica, incluso en paisajes alejados de los centros urbanos y agrícolas», escriben los autores. En España ya se había descrito una alta prevalencia de rodenticidas anticoagulantes en jabalíes urbanos y periurbanos, aunque en ese caso cerca de las ciudades.

Las hembras y los adultos acumulan más veneno

La tasa de exposición, la concentración y el número de compuestos distintos fueron mayores en las hembras que en los machos y crecieron con la edad. Los autores lo ven coherente con la bioacumulación, es decir, que el animal incorpora el tóxico más deprisa de lo que lo elimina.

Los búhos barrados viven 15 años o más, así que los adultos van sumando lo que comen en su territorio. Según el IERC, las hembras en edad de criar y los adultos con territorio propio son justo los individuos de los que más depende una población para mantenerse.

La caída coincide con las leyes de California

California lleva más de una década recortando el acceso a estos productos. En 2014, su Departamento de Regulación de Plaguicidas retiró de la venta al público el brodifacum, la bromadiolona, el difenacum y la difetialona, y en 2020 la ley AB 1788 prohibió usarlos en todo el estado, con excepciones como la agricultura o las emergencias de salud pública. La ley AB 2552, de 2024, extendió la prohibición a la clorofacinona y la warfarina desde 2025.

Los búhos jóvenes pueden reflejar exposiciones más recientes, así que el equipo los usó para medir la tendencia: 292 subadultos de Hoopa Valley recogidos entre 2019 y 2024. En ellos, el modelo calcula que la exposición a anticoagulantes bajó de cerca del 50 % en 2019 a cerca del 20 % en 2024.

Para Greta M. Wengert, cofundadora y codirectora del IERC e investigadora principal del estudio, el resultado muestra algo poco habitual en conservación: una ley que se traduce en un efecto medible sobre la fauna. «Llevamos más de una década viendo cómo el uso ilegal y los productos sin regular alimentan la exposición a los raticidas en estos bosques», dijo. «Ver que la exposición a anticoagulantes baja de verdad a los pocos años de que entraran en vigor las normas de California demuestra que las políticas, cuando se basan en buenos datos procedentes de una biomonitorización eficaz, pueden mejorar la situación de la fauna».

Los autores lo resumen así en el artículo: «Que las restricciones sobre los anticoagulantes más persistentes produjeran una señal detectable en pocos años demuestra que las políticas pueden traducirse en un beneficio medible para la fauna».

Un veneno sustituto aparece en los análisis

El estudio buscó también colecalciferol, la vitamina D3, que se vende como raticida y mata alterando el calcio del organismo hasta mineralizar los tejidos blandos. Ningún estudio anterior con búhos del género Strix lo había analizado.

Apareció en el 18,5 % de los búhos, y el 9,9 % lo llevaba sin ningún anticoagulante. Sus detecciones subieron mientras bajaban las de anticoagulantes, lo que según los autores apunta a una posible sustitución de productos que conviene vigilar. Contando todos los raticidas, hasta el 46 % de las aves llevaba al menos uno, según el IERC.

El otro sustituto habitual, la bromentalina, no se detectó, aunque los propios autores advierten de que el hígado no es el mejor tejido para encontrar esta neurotoxina.

El búho moteado come de la misma cadena

En 2012, el IERC ya había ligado los anticoagulantes hallados en martas pescadoras a cultivos ilegales de cannabis en terrenos públicos, en la línea de cómo la marihuana de los narcos pone en peligro los bosques de California. En 2018, otro estudio en Humboldt, Mendocino y Del Norte halló veneno en siete de diez búhos moteados y en el 40 % de 84 búhos barrados.

«Los búhos moteados tienden a alimentarse en los bordes del bosque. Como los cultivos fragmentan estos paisajes forestales, probablemente son puntos de origen de la exposición», dijo entonces Mourad Gabriel, que dirigió aquel trabajo y firma también el nuevo, en una nota de la California Academy of Sciences.

El búho moteado incluye más roedores en su dieta que el barrado, por lo que el patrón observado podría suponer un riesgo añadido para su recuperación, según el IERC.

Lo que el estudio no puede demostrar

Los autores reconocen que el origen de la exposición actual no está resuelto. Los registros estatales de plaguicidas solo recogen a los aplicadores comerciales con licencia, así que las compras domésticas y el uso ilegal quedan fuera, y los antiguos cultivos ilícitos pueden seguir liberando contaminación años después de abandonarse.

La caída del 50 % al 20 % procede de una submuestra de subadultos de un solo lugar, Hoopa Valley, y coincide en el tiempo con las leyes, que es lo que el estudio puede mostrar. Además, detectar un compuesto en el hígado no equivale a envenenamiento, y en el caso del colecalciferol el diagnóstico exige lesiones compatibles, porque la vitamina D3 también está de forma natural en el organismo.

El estudio completo se ha publicado en Environmental Pollution.

El trabajo contó con financiación del programa de subvenciones para la restauración de zonas afectadas por el cannabis del Departamento de Pesca y Vida Silvestre de California.

Foto: Daniel Hofstadter / IERC

Adrián Villellas

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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