Un estudio de la Universidad de Sevilla y la Universidad de Strathclyde publicado en 2010 mezcló lana de oveja sin lavar y alginato de algas con arcilla escocesa y duplicó la resistencia de la tierra sin cocer, que pasó de 2,23 a 4,44 megapascales (MPa) sin pasar por el horno de un ladrillo cerámico. Dieciséis años después, el agua sigue siendo su punto débil.
Firmaron el trabajo Carmen Galán-Marín y Carlos Rivera-Gómez, de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Sevilla, con Jelena Petric, de la Universidad de Strathclyde, en Glasgow. La lana venía directamente de ovejas escocesas y se cortó en hebras de 10 milímetros. El alginato es un polímero natural de las paredes celulares de las algas pardas.
Lana sin lavar y arcilla de Perth
La Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) presentó el estudio en una nota del 5 de octubre de 2010. Galán y Rivera explicaron que buscaban un compuesto «más sostenible, no tóxico», hecho con materiales locales abundantes y capaz de aguantar condiciones climáticas adversas, como las del Reino Unido.
La arcilla la suministró ERROL Brick Company, un fabricante de ladrillos de Perth, y el alginato llegó de FMC BioPolymer, en Girvan. Según los autores, en Escocia abunda la fibra de lana a la que la industria textil ya no da un uso generalizado. A esa lana sobrante se le buscan hoy otros destinos, como las mantas con las que Suiza cubrió un glaciar para frenar el deshielo.
Cinco mezclas en la prensa
El equipo preparó cinco mezclas: tierra sola, tierra con alginato, tierra con un 0,25 % de lana y dos combinaciones de alginato con un 0,25 % y un 0,5 % de lana. Las probetas pasaron 24 horas en una estufa a 50 °C. Un ladrillo cerámico se cuece a entre 1000 y 1200 °C, según un estudio posterior del mismo grupo.
La resistencia a compresión mide la presión que soporta el material antes de aplastarse. El alginato solo la subió un 69 %, hasta 3,77 MPa, y la lana sola, un 37 %, hasta 3,05 MPa.
«El modo de rotura de la probeta de tierra natural fue muy rápido y casi sin aviso», escriben los autores. Con lana, las piezas seguían deformándose después de alcanzar la carga máxima y en su superficie aparecían grietas finas antes de romperse.

Menos lana funcionó mejor
La mezcla con alginato y un 0,25 % de lana alcanzó 4,44 MPa, y la de un 0,5 % se quedó en 4,37 MPa. Los mejores resultados llegaron, por tanto, con la cantidad menor de lana.
Los 4,44 MPa se parecen a los de una tierra estabilizada con un 10 % de cemento Portland, según las bases españolas para construir con tapial publicadas en 1992 por el antiguo Ministerio de Obras Públicas y Transportes. También superan los 3,6 MPa que ese documento recoge para una dosis alta de cal.
Los autores concluyeron que los suelos estabilizados con alginato podrían sustituir al suelo estabilizado con cemento. Según un trabajo del grupo de 2013, fabricar adobe exige unos 5 kWh por metro cúbico, frente a unos 1000 kWh para el ladrillo cocido. Otros materiales con residuos, como los posos de café que ya refuerzan el hormigón en Melbourne, persiguen ese mismo ahorro.
2013 y 2016: la lana y el alginato, por separado
En 2013, Galán-Marín, Rivera-Gómez y Fiona Bradley repitieron la receta con tres arcillas escocesas, las de Errol, Ibstock y Raeburn, en 210 ensayos de compresión. La lana sola solo ayudó en la tierra de Errol, la más plástica. En la de Ibstock la resistencia bajó de 2,06 a 1,89 MPa y en la de Raeburn, de 2,44 a 1,88 MPa. Con alginato y un 0,25 % de lana mejoraron las tres.

En 2016, Cassandra Dove, de la Universidad de Strathclyde, y sus colegas de Glasgow y Sheffield probaron cinco alginatos con tres suelos, sin lana. El mejor, un alginato del tallo del alga parda Laminaria hyperborea, dio más del doble de resistencia a compresión que su probeta de control. Con la mayoría de los otros, los valores quedaron parecidos al control o por debajo.
2018: una fachada con un 54 % menos de emisiones
En 2018 el grupo de Sevilla llevó la mezcla a un panel de fachada que no soporta la estructura del edificio, con un 3 % de alginato y un 0,25 % de lana. Dos piezas de tierra encierran 45 milímetros de espuma de poliuretano como aislante. El estudio, publicado en Sustainability, lo comparó con tres fachadas habituales en España de aislamiento equivalente.
El panel de tierra emitía un 54 % menos que la fachada de doble hoja de ladrillo cerámico y un 40 % menos que la de ladrillo con placa de yeso. Costaba 52,43 euros por metro cuadrado, frente a 67,20 de la opción convencional más barata, un 22 % menos. Esa cuenta incluye el poliuretano y el mortero de las juntas, así que el beneficio corresponde a la fachada completa. La lana también se ha probado como aislante natural para casas.
Lo que todavía no se sabe
Ya en 2010, Galán-Marín y sus colegas señalaban que el principal inconveniente de la tierra cruda es su afinidad por el agua. Aquellos ensayos fueron mecánicos y dejaron para más adelante la absorción de humedad.
El trabajo de 2016 lo midió hundiendo cinco milímetros de cada pieza en agua durante 60 segundos. «La durabilidad general sigue siendo motivo de preocupación, dado que todas las muestras sufrieron una disgregación considerable al entrar en contacto con el agua», escribieron Dove y sus colegas. Por eso, añadieron, el material sigue limitado a aplicaciones interiores y protegidas.
Una revisión de la Universidad de Strathclyde publicada en febrero de 2026 en Buildings recoge que las arcillas tratadas con alginato perdieron alrededor de un 40 % de resistencia tras al menos cinco ciclos de mojado y secado. Sus autores, Abdulaziz Alawadhi, Matteo Pedrotti y Enrico Tubaldi, recuerdan además que el alginato industrial es bastante más caro por kilo que el cemento Portland, aunque se usa en dosis pequeñas.
Según ellos, aprovechar todo el potencial del alginato en la ingeniería civil exige seguir investigándolo y estandarizarlo. Otros grupos exploran caminos parecidos, como los ladrillos biológicos fabricados con suelo.
El estudio completo se ha publicado en Construction and Building Materials.
Foto: Galán-Marín et al. / FECYT













