Unos 334 quebrantahuesos sobreviven en las montañas de Sudáfrica y Lesoto, y solo unos 209 son adultos, según un análisis de 2022 que recoge la evaluación regional de BirdLife South Africa de 2025. Para frenar la caída del quebrantahuesos en el sur de África, el programa Bred 4 the Wild cría aves en cautividad con la meta de reunir al menos 32.
Ese mínimo sale del mismo análisis de viabilidad de población, que la UICN facilitó en 2022. Sus modelos calculan que, si no se toman más medidas, en libertad quedarían 62 aves en 2072, 50 años después.
Una población aislada en el Drakensberg
El quebrantahuesos del sur de África pertenece a la subespecie Gypaetus barbatus meridionalis. Vive separado de sus parientes más cercanos, que están en Etiopía.
BirdLife South Africa lo clasifica como «en peligro crítico» en la región. A escala mundial, en cambio, figura como casi amenazado.
Hoy solo cría en las tierras altas de Lesoto y en la escarpa del Drakensberg. Busca comida en praderas alpinas por encima de los 1500 metros y ha perdido cerca del 40 % de su área histórica.

Los recuentos muestran el desplome. En 1991 se estimaban 204 parejas reproductoras, 122 en Lesoto y 82 en Sudáfrica. BirdLife calcula una caída del 82,8 % en tres generaciones.
Lo que dice el modelo de 2022
El Bearded Vulture Breeding Programme y Ezemvelo KZN Wildlife encargaron el análisis. Entre sus autores figuran la ecóloga de Ezemvelo Sonja Krüger y la responsable de la cría, Shannon Hoffman.
Su declaración final lo resume así: «Es una situación desesperada». Los adultos tienen una supervivencia anual del 90 % y la productividad reproductiva se queda en el 46 %.
Para darle la vuelta, el modelo pide evitar unas 6 muertes al año. Eso supone recortar la mortalidad un 15 % en todas las edades. También exige subir la productividad en libertad un 5 % anual, con la meta de llegar a 150 parejas en 2070.
El segundo huevo que no llega a volar
Los quebrantahuesos crían en pleno invierno, en nidos de palos forrados de lana dentro de huecos de los acantilados. Las parejas suelen poner dos huevos, pero solo sacan adelante un pollo.
Según la fundación suiza Pro Bartgeier, el segundo pollo no suele sobrevivir a los primeros días. Ese huevo de reserva es el que aprovecha la cría en cautividad.
«Ya hemos criado con éxito siete pollos a partir de huevos retirados de nidos silvestres», explicó Krüger en junio de 2020 a la Universidad de Ciudad del Cabo. Según la ecóloga, esas retiradas no afectaban a la población silvestre.
El análisis de 2022 fijó el ritmo: 6 huevos al año durante tres años. Después bastarían entre 2 y 4 cada cuatro años.
Con 32 aves, el grupo cautivo conservaría más del 90 % de la diversidad genética silvestre. Si la productividad en libertad no mejora, el informe eleva la cifra a 42.
Años de espera antes de la primera cría
El informe situaba el centro de cría en el African Bird of Prey Sanctuary, en Lynfield Park (KwaZulu-Natal). En 2022 aún no había nacido ningún pollo en cautividad en el sur de África.
Los autores añadían que el lugar resultaba caluroso para las aves. Por eso buscaban un segundo centro más fresco dentro del área de la especie.
La espera tiene una explicación biológica. Pro Bartgeier indica que el quebrantahuesos madura entre los 5 y los 7 años, pero de media no cría con éxito hasta los 8 o 9 años.
El calendario preveía empezar las sueltas hacia 2026. En Europa, las reintroducciones ya han devuelto el ave a sierras donde había desaparecido, como muestra el nacimiento de Cardaor en Albacete.
Veneno, plomo y tendidos eléctricos
Los adultos siguen muriendo fuera del centro, y ahí se juega buena parte del plan. En los estudios de Sonja Krüger y Arjun Amar, el 42 % de 21 quebrantahuesos con emisor, unos 9, murieron por veneno o por plomo.
Muchas veces el cebo iba destinado a chacales y el buitre comió después del cadáver. Los choques con tendidos eléctricos suman más bajas, y BirdLife cree que hay muchas más de las registradas porque en ese terreno remoto cuesta mucho encontrar los cuerpos.
En Lesoto, las carreteras abiertas alrededor de las presas de Katse y Mohale han llevado gente a zonas antes vacías. La ficha menciona además aves atrapadas en Lesoto, probablemente para el comercio de usos tradicionales.
El informe de 2022 pone 2027 como fecha límite. Si para entonces siguen sin control el veneno y los tendidos, el grupo de trabajo tendrá que estudiar otros puntos de suelta.
Un estudio de la UCT de 2020 ya propuso cinco zonas en Cabo Oriental y Cabo Occidental. Su supervisor, el profesor asociado Arjun Amar, defendió que una población nueva puede actuar como «una póliza de seguro contra la extinción».
Dinero desde la montaña
Treinta corredores salieron en septiembre de 2026 hacia el Drakensberg con frío, lluvia y viento, y un río crecido les obligó a cambiar de cumbre. Según el Endangered Wildlife Trust, esa Rhino Peak Challenge reunió 1,2 millones de rands para el Bearded Vulture Recovery Programme, Wildlife ACT y el propio EWT.
La misma prueba pagó en 2022 el taller presencial del análisis de viabilidad. Y cada primer sábado de septiembre se hace un recuento de quebrantahuesos dentro del Día Internacional de Concienciación sobre los Buitres.
Lo que todavía no se sabe
Las cifras de población proceden de un análisis de 2022 basado en nidos conocidos. No son, por tanto, un recuento de este año.
El propio informe advierte de que las tasas de mortalidad salen de pocas aves seguidas durante poco tiempo. Tampoco hay un balance oficial reciente sobre cuántas aves tiene hoy el programa ni sobre si alguna pareja ha criado ya.
El informe completo del análisis de viabilidad se ha publicado en el Conservation Planning Specialist Group de la UICN.
La ficha de BirdLife South Africa recoge también la estrategia bilateral de recuperación, con 10 objetivos y 127 acciones.
Foto: Derek Keats / Wikimedia Commons, CC BY 2.0








