Un quebrantahuesos reintroducido en Picos de Europa aparece envenenado y activa una investigación en Cantabria. El ejemplar, llamado Centenario, fue hallado muerto el 18 de enero entre Peñarrubia y Cillorigo de Liébana y la Fundación que lo seguía advierte de un “envenenamiento dirigido”
El cuerpo sin vida de Centenario, un quebrantahuesos reintroducido en el entorno de los Picos de Europa, apareció la tarde del 18 de enero en el límite entre los municipios cántabros de Peñarrubia y Cillorigo de Liébana. La necropsia confirmó que murió envenenado, según ha comunicado la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos (FCQ), que seguía sus movimientos mediante un emisor satelital.
La alerta saltó de madrugada. La baliza del ave señaló una parada brusca y, ya sobre el terreno, el equipo localizó un vómito compatible con la ingesta de un tóxico. Las muestras se han remitido a un laboratorio para identificar el compuesto, un dato clave para orientar la investigación y la cadena de responsabilidades. En el mismo entorno se encontraron también cuatro perros muertos, un indicio de que el cebo pudo tener efectos no selectivos, un patrón habitual de estas prácticas.
La FCQ sostiene que el caso apunta a un episodio intencionado. “No hay ningún motivo que explique, ni justifique ni autorice el uso de venenos en España”, afirmó a este medio Gerardo Báguena, vicepresidente de la entidad, que habla de un “envenenamiento dirigido”. La hipótesis que circula en la zona vincula el episodio al conflicto en torno al lobo y a la presión sobre la ganadería extensiva, aunque la fundación subraya que la investigación debe determinar autores, motivaciones y, sobre todo, el veneno empleado.
El suceso golpea un proyecto de conservación que se ha construido durante años y a base de paciencia. La muerte de un ejemplar adulto es una mala noticia por sí sola, pero en este caso añade un factor biológico delicado. Según la fundación, Centenario formaba pareja y su pérdida puede dejar “huérfana” a una hembra en plena fase reproductora, con el riesgo de que una puesta no salga adelante sin intervención. Ese trabajo invisible (seguimiento en campo, interpretación de datos de satélite, control de riesgos como tendidos o zonas de caza) es el que, en palabras de la entidad, queda “tirado por tierra” en un episodio de veneno.
La dimensión del caso trasciende lo ecológico. El envenenamiento se produce en un espacio de alta afluencia turística, en la periferia de un parque nacional que se extiende entre Asturias, Cantabria y Castilla y León y que constituye uno de los grandes motores económicos locales. En una comarca donde buena parte de la actividad gira alrededor del paisaje, la hostelería y las rutas de montaña, el veneno no solo mata fauna protegida, también introduce un riesgo para mascotas y, potencialmente, para otros animales carroñeros que pueden consumir restos contaminados.
La respuesta institucional se apoya en varias vías. La FCQ ha trasladado el caso a la Fiscalía y la investigación se canaliza a través de distintos departamentos autonómicos y del SEPRONA de la Guardia Civil. En paralelo, se ha reforzado la vigilancia en varios municipios del entorno, una medida destinada tanto a localizar posibles cebos como a disuadir de nuevos episodios.
El marco penal existe, pero su eficacia depende de la prueba. El uso de veneno en el medio natural está tipificado como delito y puede acarrear penas de prisión, multa e inhabilitación para cazar o pescar, además de sanciones económicas elevadas en función del daño causado. La propia fundación, en su comunicado sobre la muerte de Centenario, recuerda que estos hechos pueden conllevar inhabilitaciones y multas que escalan según la gravedad.
El episodio llega, además, cuando la reintroducción del quebrantahuesos había empezado a dejar señales de arraigo en la cordillera Cantábrica. La cadena SER en Cantabria sitúa a Centenario como un ejemplar liberado en 2017 y vinculado a una de las primeras unidades reproductoras consolidadas en la zona tras décadas sin presencia estable. El veneno, en ese contexto, no es un accidente aislado, sino una amenaza directa al retorno de una especie catalogada como “en peligro de extinción” en España.
La investigación deberá concretar el tipo de sustancia empleada y su origen, una pieza crucial para entender si se trata de un producto de uso agrícola o veterinario y cómo llegó al monte, en un contexto en el que el debate sobre los químicos y su impacto ambiental gana peso.
La vigilancia sanitaria de la fauna, además, se ha intensificado en los últimos meses por episodios recientes de grullas afectadas por la aves y el primer zorro hallado muerto en España por esta causa, un recordatorio de que los riesgos para la biodiversidad se solapan y exigen respuestas coordinadas.
El comunicado oficial ha sido publicado en FCQ.



















