Un vídeo nocturno capta a varios siluros africanos moviéndose fuera del agua en una charca de Sudáfrica. La escena, grabada por una cámara fija, muestra durante unos 20 minutos cómo los peces alternan salidas y regresos mientras el suelo permanece húmedo tras episodios recientes de lluvias
La escena dura apenas unos segundos en su arranque y, sin embargo, descoloca porque rompe una frontera que solemos dar por cerrada (agua y tierra). Una cámara de fauna instalada en el entorno del Naledi Bush Lodge registró de noche a varios ejemplares de siluro africano (Clarias gariepinus) que abandonan una poza y avanzan sobre el terreno húmedo antes de volver al agua, en una secuencia que se prolonga alrededor de 20 minutos. La grabación fue difundida por Africam Live y recogida después por IFLScience.
El escenario no es menor. La cámara está en una reserva privada integrada en el Greater Kruger National Park, un mosaico de cauces estacionales y puntos de agua donde las variaciones entre sequía e inundación determinan la vida diaria. En la pieza se aprecia que el grupo se concentra en el borde, se impulsa fuera del agua y “camina” con un desplazamiento lento, basado en apoyos intermitentes y un avance por tramos cortos.
Lo que parece una extravagancia es, en realidad, una estrategia conocida de la especie, aunque rara vez documentada con esta claridad en plena naturaleza. El siluro africano es un pez capaz de sobrevivir temporalmente fuera del medio acuático gracias a su respiración aérea, una ventaja en aguas pobres en oxígeno y en charcas que se fragmentan o se degradan.
La clave está en el “cómo”. En tierra firme, estos peces no avanzan como un tetrápodo, sino mediante una locomoción que combina el movimiento del tronco con el anclaje y empuje de las aletas pectorales. Estudios comparativos sobre peces con locomoción terrestre describen en el género Clarias un patrón en el que la espina de la aleta pectoral ayuda a fijar el cuerpo y a traccionar hacia delante.
El “por qué” apunta a un cruce de oportunidad y necesidad. Cuando las lluvias mantienen el suelo húmedo, disminuye el riesgo inmediato de deshidratación y se abre una ventana para explorar, buscar alimento o alcanzar otra lámina de agua cercana. La biología del siluro africano, omnívoro y oportunista, encaja con ese comportamiento exploratorio, del mismo modo que en otros contextos la presión sobre ecosistemas de agua dulce (y la expansión de especies invasoras) reconfigura el equilibrio de las comunidades acuáticas.
Más allá del asombro, el vídeo sirve como recordatorio de una ventaja ecológica que explica parte del éxito de la especie en distintos sistemas fluviales. Un pez que tolera el aire, se mueve por tierra en condiciones favorables y aprovecha recursos muy diversos dispone de más salidas cuando el hábitat se vuelve inestable (algo que también se observa en procesos amplios, desde la tropicalización de algunas aguas hasta el deterioro de hábitats). Esa plasticidad es un punto a favor para sobrevivir, pero también puede convertirse en un problema cuando la especie se introduce fuera de su área natural y compite con fauna local.
La grabación no prueba una “migración” deliberada ni una conducta nueva. Sí aporta, en cambio, una evidencia rara en su forma (la secuencia continua, nocturna y sin intervención humana directa) de un comportamiento que la literatura científica lleva años describiendo, pero que casi nunca llega al gran público con imágenes tan nítidas. Y, por la propia naturaleza del registro, deja aún preguntas abiertas (qué estímulo concreto desencadenó las salidas, si había alimento en la orilla o si el objetivo era alcanzar otra charca próxima), cuestiones que exigen observación prolongada para no convertir una escena llamativa en una conclusión precipitada, un principio básico de rigor y atribución en el El País, tan necesario como en otros debates ambientales ligados a la pérdida de bosques o al pulso de la biodiversidad.
La ficha oficial ha sido publicada en SANBI.
Foto: SANBI




















