Aviso a los que tienen placas solares: el oscuro origen del material con el que se fabrican y que China oculta

Publicado el: 5 de febrero de 2026 a las 09:46
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Vivienda unifamiliar con paneles solares fotovoltaicos instalados en el tejado.

La energía solar se ha convertido en el símbolo perfecto de la transición energética. Placas en los tejados, facturas de la luz más bajas y menos CO₂ en la atmósfera. Pero detrás de esa imagen limpia empieza a crecer un problema del que apenas se habla. Qué va a pasar con los millones de paneles que llegan al final de su vida útil.

Un análisis firmado por la investigadora Rabia Charef, experta en economía circular y digitalización en la Universidad de Lancaster, advierte de que el mundo se enfrenta a hasta 250 millones de toneladas de residuos solares de aquí a 2050. Hablamos de los módulos instalados durante el primer gran boom de la fotovoltaica en los años 2000 y 2010, que empiezan a agotarse justo cuando estamos llenando de paneles más tejados, naves y campos.



Quien instaló sus placas pensando en bajar la factura de la luz suele fijarse en el plazo de amortización. Veinte o veinticinco años. Lo que casi nadie se pregunta es qué pasará con esos paneles cuando toque sustituirlos. Y ahí está la parte menos verde de esta historia.

Paneles diseñados para aguantar, no para ser reparados

La mayoría de los módulos actuales se ha diseñado para sobrevivir décadas de lluvia, granizo y calor pegajoso en verano. Para conseguirlo, las capas de vidrio, células y plásticos se apilan y se pegan con adhesivos muy fuertes hasta formar un único bloque. En la práctica, esto significa que el panel se comporta como si fuera una sola pieza. No se puede abrir para cambiar una célula dañada ni separar fácilmente los materiales cuando deja de funcionar. Los expertos hablan de un producto pensado en buena medida como de usar y tirar, algo que encaja muy mal con la idea de economía circular.



El problema no es solo técnico. Si desmontar un panel es complejo y caro, las empresas tienen pocos incentivos para ofrecer servicios de reparación o reacondicionamiento. Y al final, el camino más sencillo sigue siendo enviarlo a una planta de tratamiento básico o incluso a un vertedero, sobre todo donde la regulación es débil.

Una ola de residuos solares en camino

La vida útil media de un panel se sitúa entre 25 y 30 años. Eso quiere decir que las grandes instalaciones que arrancaron a principios de siglo en países pioneros como Alemania, Japón, Estados Unidos o Australia ya están generando un flujo creciente de equipos retirados.

Estudios internacionales estimaban hace unos años entre 60 y 78 millones de toneladas de residuos fotovoltaicos acumulados para 2050. Proyecciones más recientes, que tienen en cuenta un despliegue solar mucho más rápido y reemplazos anticipados por motivos económicos, elevan esa cifra hasta los 250 millones de toneladas.

No son solo números lejanos. En Europa, y también en España, cada vez se retiran más módulos dañados por temporales, incendios o simplemente obsoletos frente a tecnologías más eficientes. Si la transición energética triplica la capacidad renovable de aquí a 2030, tal y como se acordó en la cumbre climática de Dubái, la ola de residuos llegará antes y con más fuerza.

Reciclar vidrio y aluminio no basta

Hoy, el reciclaje de paneles solares se centra sobre todo en recuperar el vidrio y el aluminio del marco. Son materiales voluminosos, relativamente fáciles de separar y con poco valor por tonelada. El problema es que la parte más valiosa del módulo, que incluye plata, cobre y silicio de alta pureza, suele perderse en procesos de triturado poco selectivos.

Se calcula que a escala global solo una parte minoritaria de los paneles que llegan al final de su vida se recicla de forma adecuada. En países como Australia, donde empiezan a implantarse planes nacionales de responsabilidad del productor, las autoridades reconocen que apenas un 17 por ciento de los módulos se reciclan hoy. El resto acaba almacenado, enterrado o tratado como chatarra electrónica general.

Los expertos insisten en que, incluso cuando el reciclaje funciona bien, debería ser el último recurso. Reparar y reutilizar conserva mucho más valor que triturar un panel entero para recuperar solo una fracción de sus materiales.

Reciclaje de placas solares | Vídeo: Henan Recycle Env Protection Equipment Co., Ltd

Cómo evitar que la energía limpia genere un problema sucio

La buena noticia es que este problema tiene solución si se actúa a tiempo. En el fondo, lo que se propone es cambiar la forma en que se diseñan y gestionan los paneles a lo largo de toda su vida.

Por un lado, distintos informes piden módulos más modulares y con uniones reversibles. Menos adhesivos permanentes y más tornillería estándar o sistemas que permitan separar capas sin destruirlas. Eso permitiría sustituir componentes dañados, reacondicionar paneles con algo menos de rendimiento y recuperar plata o silicio de alta pureza de forma rentable.

Por otro lado, Europa prepara herramientas digitales como el Pasaporte Digital de Producto. Para la fotovoltaica, este pasaporte incluiría información sobre materiales, reparaciones realizadas y opciones de reciclaje, de modo que instaladores, gestores de residuos y recicladores sepan exactamente qué tienen entre manos cuando un panel abandona el tejado.

Finalmente, las políticas de responsabilidad ampliada del productor cobran protagonismo. La idea es sencilla. Quien pone un panel en el mercado también se responsabiliza de su fin de vida, algo que ya recoge la normativa de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos en la Unión Europea. Eso obliga a fabricantes y distribuidores a pensar desde el principio en la reparación, la segunda vida y el reciclaje de calidad.

Para la ciudadanía, todo esto suena lejano, pero tiene consecuencias muy concretas. Preguntar por las garantías de reparación, por el destino de los paneles viejos o por si la instalación cumple con esquemas oficiales de reciclaje es una forma sencilla de empujar a la industria en la dirección correcta. Igual que ocurrió con los huevos de gallinas en jaula, la demanda puede mover el mercado.

La transición energética no se trata solo de cambiar combustibles fósiles por paneles solares. También tiene que cambiar la manera en que diseñamos, usamos y volvemos a usar la tecnología. Como resume la propia Rabia Charef, solo así la promesa de la energía limpia podrá convertirse de verdad en una promesa sostenible.

El análisis completo de Rabia Charef sobre los residuos de la energía solar ha sido publicado en The Conversation.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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