Greenpeace y WWF reclaman avances contra la deforestación en Brasil tras la reelección del presidente, que afrontará un Congreso más favorable a flexibilizar la protección ambiental.
La deforestación en Brasil vuelve al centro de las exigencias ambientales tras la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva frente a Flávio Bolsonaro. Greenpeace y WWF han celebrado la reelección del presidente y le reclaman que convierta la continuidad política en avances concretos para acabar con la tala en 2030, uno de sus principales compromisos ambientales.
El respaldo de las organizaciones llega acompañado de una advertencia: un Congreso donde la derecha ha ganado fuerza puede dificultar la protección de la naturaleza. WWF alerta de una mayor influencia de los sectores que defienden flexibilizar las normas ambientales y pide movilización social y una estrategia política sostenida durante los próximos cuatro años contra la deforestación en Brasil.
Lula inicia esta etapa tras cuatro descensos consecutivos de la deforestación en Brasil, según destacó en su discurso de victoria. Greenpeace mantendrá la presión para consolidar esos resultados y avanzar en una transición energética justa, mientras las organizaciones reclaman preservar la fiscalización ambiental y las garantías de protección de los territorios.
Deforestación en Brasil
Los ambientalistas brasileños celebraron la victoria del presidente reelecto Luiz Inácio Lula da Silva frente a Flávio Bolsonaro y pidieron este lunes avanzar hacia la eliminación total de la deforestación en Brasil.
Greenpeace afirmó en un comunicado que ganó la opción por un país «soberano» que ahora podrá seguir el camino hacia el objetivo de acabar con la deforestación en Brasil de aquí a 2030, uno de los compromisos de Lula desde el inicio de su actual mandato.
Esta organización afirmó que seguirá «presionando» al Gobierno para conseguir «avances concretos» en política ambiental y en una transición energética «justa».
WWF-Brasil, por su parte, aseguró que la elección del líder progresista por el 52 % de los votos da un «nuevo impulso» y supone una «oportunidad» para fortalecer y mejorar las políticas públicas.
Con todo, apuntó que la agenda verde afrontará «desafíos aún mayores» ante un Congreso donde la derecha se ha fortalecido y la izquierda se mantiene en minoría.
En los últimos cuatro años, el Poder Legislativo aprobó leyes muy criticadas por las ONG, como una norma que redujo los requisitos para obtener autorizaciones ambientales.
«La próxima legislatura tiende a ampliar la influencia de sectores favorables a la flexibilización de las reglas de protección a la naturaleza y a la reducción de las salvaguardas», alertó.
Por ello, reiteró la necesidad de la movilización de la sociedad civil y de una estrategia política «consistente» para los próximos cuatro años.
El medioambiente fue uno de los temas menos discutidos durante esta campaña electoral, centrada en asuntos como la seguridad, el costo de la vida y el gasto público.
Sin embargo, Lula se comprometió a seguir con la lucha contra la deforestación en Brasil, que es la principal fuente de emisiones contaminantes de Brasil y que cayó un 42 % en 2026 hasta situarse en mínimos históricos.
«Es la primera vez en este país que conseguimos reducir la deforestación en Brasil por cuatro años consecutivos«, celebró Lula durante su discurso tras la victoria electoral.
El Gobierno logró este hito gracias a un endurecimiento de las penas sobre los delitos ambientales y a una mayor fiscalización, así como a la creación de nuevos parques naturales y tierras indígenas en el mayor bosque tropical del planeta.
Del otro lado, Bolsonaro, apoyado por buena parte del sector agrícola, había expresado su intención de «revisar» las competencias de los organismos encargados de la conservación y había criticado las «trabas ambientales».
Sobre el candidato ultraderechista pesaba, además, la sombra de su padre, el exmandatario Jair Bolsonaro (2019-2022), durante cuyo mandato la tala en la Amazonía se disparó.
La estimación del INPE sitúa la deforestación de la Amazonía Legal en 3.335 kilómetros cuadrados entre agosto de 2025 y julio de 2026, frente a los 5.731 del periodo anterior. La reducción del 41,8 % equivale a 2.396 kilómetros cuadrados menos de pérdida forestal, pero todavía deja 333.500 hectáreas deforestadas en un año. Mantener la vigilancia y convertir esa caída en una trayectoria sostenida será decisivo para acercarse al compromiso de 2030.













