Sin el calentamiento global causado por el ser humano, la tormenta Boris habría dejado entre un 6% y un 9% menos de lluvia, pero sus picos de crecida habrían sido entre un 14% y un 22% menores.
Un aumento moderado de las lluvias puede provocar una crecida mucho mayor de los ríos. La tormenta Boris, que causó graves inundaciones en Europa central y oriental en septiembre de 2024, permite mensurar esa diferencia.
Una investigación publicada en Science Advances concluye que, sin el cambio climático causado por el ser humano, sus precipitaciones habrían sido entre un 6% y un 9% menores y los picos de crecida habrían resultado, de media, entre un 14% y un 22% más bajos.
El equipo combinó simulaciones climáticas con dos modelos hidrológicos para estudiar cómo la lluvia se transforma en escorrentía y alimenta los ríos. El análisis compara el episodio de la tormenta Boris bajo las condiciones climáticas actuales con un escenario sin el calentamiento global antropogénico.
La explicación está en la respuesta de las cuencas fluviales: cuando el suelo se satura, pierde capacidad para absorber agua y una mayor parte de la lluvia llega a los cauces y los desborda. Ese efecto puede comprometer las defensas que se implanten frente a las inundaciones. Los autores consideran posible una amplificación similar en España, aunque advierten de que hacen falta estudios específicos para confirmarla y cuantificarla.
Los estragos de la tormenta Boris
El cambio climático aumenta el riesgo de precipitaciones extremas (mucha lluvia en poco tiempo) e incrementa aún más el peligro de inundaciones. En el caso de la tormenta Boris, en septiembre de 2024, las agravó en un 22 % en Europa central y oriental, según un estudio.
La tormenta Boris fue un evento histórico que provocó precipitaciones extremas e inundaciones graves en amplias zonas de Europa central y oriental. Polonia, República Checa y Austria se vieron especialmente afectadas. En algunas regiones cayeron varios cientos de litros en pocos días y numerosos ríos se desbordaron.
Una investigación previa demostró que el cambio climático antropogénico, causado por la acción humana, intensificó las precipitaciones durante la tormenta Boris respecto a si no hubiera habido calentamiento global, pero no ahondó en las inundaciones.
Hoy el mismo equipo internacional de investigadores europeos analiza también esta variable en un artículo recogido en Science Advances. Entre los autores está el científico climático español Antonio Sánchez Benítez (afiliado al Instituto Alfred Wegener de Alemania).
Aumento desproporcionado de las inundaciones
En este estudio, el equipo ha ido un paso más allá, combinando simulaciones climáticas con dos modelos hidrológicos diferentes, con el fin de comprobar de qué forma las lluvias caídas en una cuenca hidrográfica generan escorrentía y, en última instancia, provocan inundaciones.
Aunque un aumento de las precipitaciones no conduce necesariamente a un incremento proporcional de la magnitud de las inundaciones, hasta ahora no estaba claro el alcance de este efecto en eventos concretos ni en qué medida podía atribuirse al cambio climático antropogénico.
«Este nuevo estudio muestra que, para este caso y esta región, el aumento de los picos de crecida de los ríos es incluso mayor que el de la precipitación, debido a efectos no lineales», explica Sánchez Benítez.
El equipo ha constatado que, sin el cambio climático antropogénico, las precipitaciones durante la tormenta Boris habrían sido entre un 6 % y un 9 % menores, dependiendo del modelo climático, pero los picos de inundación habrían sido, de media, entre un 14 % y un 22 % más bajos.
En esos porcentajes está la diferencia entre que una tormenta sea severa y cause ciertos daños a que haga estragos y provoque inundaciones con víctimas mortales, como ocurrió con la tormenta Boris en 2024. La razón de este aumento desproporcionado de las inundaciones radica en cómo responden las cuencas hidrográficas a las precipitaciones adicionales.
«El suelo puede absorber al principio parte de la lluvia en un episodio de lluvia intensa, pero, una vez saturado, cada milímetro adicional va directamente al río. Por eso, un aumento moderado de la precipitación puede traducirse en un aumento mucho mayor de la escorrentía«, señala el investigador español.
Un efecto a tener en cuenta
El impacto climático en las inundaciones es «especialmente relevante» y actualmente no se suele tener en cuenta en las medidas de protección contra las inundaciones, que, según recuerdan los investigadores, se diseñan para umbrales de crecida específicos.
«Si el cambio climático aumenta las precipitaciones extremas en un 10%, eso no significa que las inundaciones se incrementen solo un 10%. También podrían aumentar un 20%. Si los niveles de las inundaciones superan los umbrales para los que se han diseñado las medidas de protección contra inundaciones, pueden producirse daños graves muy rápidamente», subraya Sánchez Benítez.
«Esto pone de manifiesto la importancia de tener en cuenta no solo los cambios en la precipitación, sino también en la escorrentía, a la hora de evaluar cómo cambia el peligro de inundación», añade.
Como este impacto del calentamiento en las inundaciones es una característica general, «es probable que se produzca una amplificación similar en otras regiones, incluida España, aunque harían falta análisis específicos para confirmarlo y cuantificarlo», concluye el investigador.
La tormenta Boris y los ríos de Europa
La extensión del desastre ayuda a entender por qué importa esa amplificación. Según el sistema Copernicus, durante la tormenta Boris se registraron picos de caudal de al menos el doble del máximo anual medio a lo largo de 8.500 kilómetros de ríos.
En algunas zonas afectadas cayeron, entre el 12 y el 16 de septiembre, el equivalente a 3 meses de lluvia. Además, las crecidas avanzaron aguas abajo durante varios días en varias corrientes fluviales: el bajo Óder alcanzó su máximo el 20 de septiembre, cuando el episodio principal de precipitaciones ya había terminado.












