Todo lo vegano es saludable

Lo que ocurre es que la industria alimentaria convencional, siempre tan pérfida, ha detectado que el público, que no siempre se plantea muchas cosas, entiende que todo lo vegano es sano… y ahí es donde la industria nos da gato por liebre.

El ser humano es muy gregario, como los corderos. Cuando una tendencia se pone de moda… pues todo el mundo sigue esa tendencia sin reflexionar profundamente acerca del asunto. Ahora, la tendencia vegana es una alternativa al alza. Eso puede estar bien.

Lo que ocurre es que la industria alimentaria convencional, siempre tan pérfida, ha detectado que el público, que no siempre se plantea muchas cosas, entiende que todo lo vegano es sano… y ahí es donde la industria nos da gato por liebre. No basta con que un alimento lleve el sello vegano para que debamos confiar totalmente en él. Tendría que ser, además, ecológico. Y, si es local, mejor. Pero, sobre todo, que sea sano. Ciertas cosas no son muy sanas, incluso si son veganas…

Para empezar, si un producto no es ecológico, por muy vegano que sea, es para desconfiar. Una simple pera puede ser no ecológica y tampoco es nada muy grave. El asunto se complica cuando vemos en las estanterías de las grandes superficies un montón de productos, anunciados como veganos, que esconden todo tipo de productos químicos, azúcares refinados, grasas insaturadas… Que un producto sea vegano no es la panacea de la salud, ni muchísimo menos.

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Se trata de cambiar el chip, sí, pero para alimentarnos con más verduras, frutas, legumbres… ecológicas. No para hartarnos de “frankfurts” veganos convencionales hinchados de productos químicos. ¿Qué no quieres comer carne? Me parece fantástico. Pero no la cambies por “mortadelas” veganas que contienen grasas poco saludables como las grasas hidrogenadas, los aceites refinados y la grasa de palma.

Come pan ecológico de levadura madre y que no te vengan con cuentos de harinas refinadas convencionales y sal. El veganismo no es inmune a ninguno de todos estos productos nocivos. Si quieres cambiar hacia un mundo mejor, reflexiona profundamente y no te conformes con cualquier cosa. El otro día me contaron una anécdota que ya lo dice todo.

No sé si esta historia es una leyenda urbana o si es verdad, pero habla por sí sola porque es muy creíble. Un individuo vendía pastelitos en una feria medieval. Unos chicos le preguntaron si los pastelitos eran veganos o si llevaban miel. El hombre, que era un pícaro y quería vender, les dijo que estaban hechos con miel artificial.

A los chicos les complajo más la respuesta que si hubieran llevado miel verdadera (que, según parece, era lo que se acercaba más a la realidad). Preferían comerse un pastelito hecho de miel artificial que un pastelito de miel auténtica, fuera ecológica o no. En fin… En nuestro mundo ya todo es posible, excepto lo genuino…

Pablo Bolaño

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