La Coordinadora Verde reprocha al gobierno su apoyo a la industria transgénica y su olvido de la agricultura ecológica

Los ecologistas condenan la autorización por parte de la CE de nuevos alimentos transgénicos anteponiendo el lucro de las multinacionales sobre la bioseguridad, la biodiversidad y la salud de la población.

La autorización de la Comisión Europea para la comercialización de cinco nuevos alimentos transgénicos ha sido condenada hoy por la Coordinadora Verde, que lamenta, en palabras de su coportavoz, Florent Marcellesi, que “en Europa pesen más los lobbys de la industria pro-transgénica y los intereses de algunas grandes multinacionales de la alimentación, de la industria química y farmacéutica que los derechos de sus ciudadanos”.
 
Los cinco expedientes aprobados se refieren a la comercialización de tres tipos de maíz transgénico, al cultivo y comercialización de una patata con fines industriales, como el de la fabricación de papel,  y a la utilización de la fécula de esa patata como pienso.
 
Marcellesi ha recordado que “una tecnología basada en una aplicación perversa e irresponsable de la Ciencia, que no produce más rendimientos que la agricultura tradicional, que necesita más pesticidas, que puede contaminar a otros cultivos, que consume más agua y que daña la salud, bien puede decirse que es una tomadura de pelo muy rentable para las grandes corporaciones”.
 
Igualmente, el portavoz ecologista lamenta la alegría con la que se permite que esta industria ponga en riesgo la salud de la población al insertar en la patata transgénica autorizada a  la multinacional BASF un gen que confiere resistencia a determinados antibióticos, así como que tal autorización “se haya colado por la gatera de la Comisión Europa, con absoluto desprecio hacia la opinión mayoritaria de los consumidores europeos”.
 
En este sentido, el coportavoz verde reprocha al ejecutivo de Zapatero el apoyo prestado a la autorización europea de la patata transgénica,  siguiendo con la línea habitual de la política socialista de apoyar a la industria protransgénica y convirtiendo, incluso, a España en el primer país europeo en el que se toleran este tipo de experimentaciones y cultivos y añade que “cuando en España nos aprieta la crisis económica y financiera, es imperdonable que el gobierno de la nación no dé un impulso decisivo a la agricultura ecológica, que generaría multitud de empleos, recuperaría uno de los recursos naturales más apreciados como es el suelo fértil y que, junto a la oferta de turismo rural, podría relanzar un nuevo tipo de turismo de calidad, verde y saludable”
 
Por último, Florent Marcellesi ha señalado que se hace urgente exigir un etiquetado de alimentos en el que se haga constar si incluye algún tipo de componente transgénico o si contiene productos de animales que han sido alimentados con piensos transgénicos, a fin de respetar la libertad de elección del consumidor y no imponer, mediante la ocultación, productos alimenticios con organismos genéticamente modificados.   

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