Lucha campesina

Al día de hoy, la agricultura familiar campesina es y sigue siendo el modelo de producción de alimentos más extendido en Europa y en el mundo. Desde hace varias décadas, a los agricultores europeos se les empuja ante la siguiente tesitura: renovarse o morir. Equipamiento, costosas inversiones, ampliación de las explotaciones.

Los campesinos reunidos en Noruega para la Asamblea General anual de la Coordinadora Europea de la Vía Campesina y sus aliados presentan siete medidas para fortalecer la agricultura familiar campesina ya. Reproducimos el texto de Vía Campesina.

Al día de hoy, la agricultura familiar campesina es y sigue siendo el modelo de producción de alimentos más extendido en Europa y en el mundo. Desde hace varias décadas, a los agricultores europeos se les empuja ante la siguiente tesitura: renovarse o morir. Equipamiento, costosas inversiones, ampliación de las explotaciones. Los productores se ven abocados a una espiral sin fin. La «modernización» a marchas forzadas ya no les permite obtener una mayor comodidad o una vida mejor, sino que se ha convertido en un fin en sí, en una obligación. El endeudamiento afecta a todos, y los más débiles o menos afortunados deben dejarlo. La alimentación se reduce a una mera mercancía, los campesinos se ven reducidos a simples productores de materias primas y condenados a perder el control de sus actividades.

En numerosos países y de variadas maneras, las campesinas y campesinos se han resistido a este movimiento incontrolado con el fin defender sus valores y el sentido de su trabajo. No consideran a sus animales como meras máquinas, desarrollan sistemas agroecológicos, crean asociaciones con los consumidores, defienden una alimentación sana y de calidad.
Muchos participan en las organizaciones que forman la Coordinación Europea de la Vía Campesina, como parte de un proyecto político de construcción de un sistema alimentario diferente, basado en la soberanía alimentaria.
La crisis alimentaria de 2007-2008 dejó en evidencia la importancia estratégica de la alimentación. Los responsables políticos comenzaron a reconocer la necesidad de salvaguardar todas las agriculturas -y no sólo la que sigue el modelo industrial-, en pro de la seguridad alimentaria mundial. Sin embargo, la crisis ha hecho más atractivas las inversiones en el sector agrícola, y ha favorecido el acaparamiento de tierras, los monocultivos a gran escala y el desarrollo de la ganadería industrial en perjuicio de los pequeños productores.
En la Unión Europea están concluyendo las negociaciones de la nueva PAC, una PAC que sigue vertebrada en torno a los pagos por hectárea, como ocurría con la antigua, que a su vez provocó la desaparición del 20% de los agricultores europeos entre 2003 y 2010 -o lo que es lo mismo, de 3 millones de empleos-. La UE sigue negándose a remunerar de manera digna el trabajo de los productores merced a precios justos asegurados mediante regulación pública de los mercados, y sigue manteniendo la injusticia de un sistema basado en los pagos por hectárea.
En 2014, designado por la ONU como Año Internacional de la Agricultura Familiar, celebra los pequeños productores y la agricultura familiar. Pero esta realidad contrasta con la de unas políticas públicas que se deciden a nivel mundial plegándose a los mercados y a la especulación financiera y favoreciendo la competencia y la guerra económica. Estas políticas no reconocen el papel fundamental del modelo social de producción campesina para la alimentación, el empleo y el respeto a la naturaleza.
Las campesinas y campesinos de la Coordinadora Europea de la Vía Campesina piden a todos los gobiernos nacionales y regionales, así como a las instituciones europeas que se comprometan a tomar las siete medidas siguientes:
1) Con el fin de proteger la existencia y la actividad de los pequeño productores, que son lo más vulnerables y lo primeros migrantes forzosos dentro de la propia Europa, y con el fin de proteger a lo jornalero, pastoralistas, pescadores artesanales. los estados europeos y la UE deben apoyar los trabajos del Consejo de los Derechos Humanos en pro de los Derechos de Campesinos y demás habitantes del medio rural.
2) Los acuerdos llamados de «libre» comercio por su propia naturaleza benefician únicamente a las grandes empresas transnacionales en detrimento de los pequeños productores. Se elaboran de manera opaca y antidemocrática y tienen un efecto negativo en los estándares alimentarios y sociales, y también en los países del sur. Por ello, la UE debe cesar las negociaciones de lo todo nuevo acuerdo comercial, muy en especial el TTIP con los EE.UU., suspender la aplicación de los acuerdos ya negociados, y apresurarse a renegociar otros que tengan un efecto benéfico para con la población.
3) Respecto de la Política Agrícola Común, los últimos arbitrajes de la PAC y las adaptaciones nacionales y regionales deben favorecer a los pequeños productores. Ha de asegurarse un acoplamiento máximo de las ayudas y evitarse la imposición de topes mínimos de inversión o de superficie para el acceso a las ayudas, y utilizando los topes para repartir las ayudas a todos los productores. Las subvenciones para la incorporación de jóvenes agricultores deben ser independientes de su nivel de inversión. La condicionalidad de las ayudas debe adaptarse para evitar medidas ilógicas y discriminatorias.
4) Las leyes nacionales así como la normativa comunitaria han de reconocer el derecho inalienable de los productores a producir, reproducir y comercializar sus semillas tradicionales, garantes de la biodiversidad cultivada y de su autonomía. El cultivo de transgénicos de cualquier tipo ha de prohibirse en todos los territorios.
5) Para favorecer una producción local y de calidad en circuitos de proximidad accesibles a todos, incluidas [email protected] más vulnerables, en Europa, se pide a todos los estados que elaboren reglas de higiene relativas a los talleres de transformación y las instalaciones de distribución a los consumidores que sean específicas para las pequeñas unidades de producción. En el aprovisionamiento de proximidad de los mercados públicos deberá favorecerse a los pequeños productores.
6) La incorporación de nuevos campesinos ha de ser una prioridad, para el empleo, para asegurar la renovación de los agricultores y garantizar la vitalidad de los territorios rurales. Es necesario elaborar políticas de ordenación con una directiva europea de tipo VGTL (directivas voluntarias para el acceso a la tierra del Comité de Seguridad Alimentaria de la ONU) y favorecer el acceso a la tierra de los jóvenes agricultores y a los pequeños unidades familiares, no sólo mediante la compra, sino también mediante arrendamientos garantizados para aquellos que trabajan la tierra, impidiendo con ello el acaparamiento de tierras y limitando la extensión de las mega-granjas agrícolas o ganaderas de corte industrial. La financiación de los servicios públicos y una dinámica de territorios es necesaria para mantener el atractivo del trabajo en el campo.
7) Es indispensable velar por un estricto respeto de la igualdad de derechos de las mujeres en el acceso a la tierra, a la financiación, y a todos los recursos necesarios para el desempeño de su trabajo de campesinas.

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¡Para conseguir una sociedad solidaria, un medio ambiente cuidado y una alimentación de calidad, Europa necesita a todas sus campesinas y campesinos. En el Año Internacional de la Agricultura Familiar Campesina, la lucha nos aguarda!

 

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