Las ciudades del centro y norte de Europa no están pensadas para las ‘olas de calor’, y pasa esto

Publicado el: 28 de julio de 2025 a las 11:29
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Las ciudades del centro y norte de Europa no están pensadas para las ‘olas de calor’, y pasa esto

Las olas de calor en Europa del Norte han comenzado a manifestarse con mayor intensidad y frecuencia a medida que pasan los años. Jornadas nunca vistas en esas latitudes y caracterizadas por temperaturas excepcionalmente altas.

Esto no es solo una cuestión de termómetro, sino que estos grados tan elevados impactan en el medio ambiente, pero también en la salud pública y en la economía regional de ciudades del centro y norte del continente europeo.



El norte de Europa se fija en el sur para resistir las olas de calor

La ausencia de persianas en edificios o la suficiente sombra en ciudades, así como una planificación urbana e infraestructuras ferroviarias poco pensadas para las altas temperaturas convierten a las ciudades del centro y norte de Europa en especialmente vulnerables a las olas de calor, un fenómeno cada vez más frecuente. Sigfredo Herráez, decano del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), señala que esta “protección” frente al calor es una cultura “muy del sur de Europa” y que en los países del centro y norte se terminarán adaptando.

El patrón que marcó el cierre de junio y el inicio de julio –con temperaturas récord en países como Bélgica, Países Bajos o Suiza– refleja, como alerta la ONU, una tendencia creciente, con fenómenos que se volverán cada vez más frecuentes e intensos.



Viviendas y ciudades poco adaptadas al calor

En muchos países del norte europeo, los edificios cuentan con ventanales amplios en búsqueda de la luz que escasea en invierno. Sin embargo, en verano, la entrada de los rayos solares, multiplicados por el cristal, eleva la temperatura en el interior. «Van a empezar a aparecer persianas y contraventanas», pronostica Herráez. El arquitecto revisita las persianas de madera que, en España, se abren a primeras y últimas horas del día para permitir la entrada de aire fresco y que se cierran durante el día, evitando que el sol penetre directamente.

En los edificios de países como Alemania o Reino Unido, los aires acondicionados tampoco suelen colonizar las fachadas. Aun así, Herráez no cree que vayan a generalizarse. Por un lado, cita los problemas de salud que pueden acarrear, como la humedad, y por otro, la mentalidad ecológica de estos países, que los hace “reticentes” a instalar un sistema que consumiría mucha energía para, por el momento, pocos días de uso al año.

Asimismo, recuerda los pueblos blancos del sur de España, encalados para reflejar el sol. Colores similares, más claros, prevé, “se irán moviendo al centro y norte de Europa” como estrategia frente a las altas temperaturas.

En relación a las ciudades, Herráez ha destacado la necesidad de planificarlas valorando el calor, algo que hasta ahora no se había considerado en muchas regiones del norte. «El dirigir una calle en una dirección en la que soplen vientos o pensarla con una cierta inclinación que permite que los edificios den sombra» hace que sea transitable en verano o no.

También destaca la importancia de introducir vegetación, especialmente en forma de árboles que proporcionen sombra, así como láminas de agua que ayudan a suavizar la temperatura. Por otro lado, si bien deben seguir existiendo en las ciudades europeas «plazas duras», de cemento, que albergan mucho más tiempo el calor, en su opinión también deben hacerlo otros espacios de materiales distintos, como los terrosos.

El transporte público, punto crítico

Muchas de las infraestructuras de transporte público en estas ciudades del centro y norte de Europa fueron concebidas para condiciones térmicas muy distintas a las actuales. Así, Herráez insiste en que «para fomentar su uso debe ser cómodo y confortable» y pone como ejemplo los tranvías de Copenhague, «los mismos que había hace 100 años», que necesitarán renovarse o reacondicionarse.

La vocal de la Junta de Gobierno del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, María Luisa Domínguez, explica algunas de las causas detrás de los retrasos o cancelaciones que sufren algunas rutas ferroviarias europeas ante episodios de calor. En las líneas convencionales, los carriles se instalan con una holgura entre barras para absorber la dilatación del acero, pero si el calor expande el material más de lo previsto, «la unión salta y la línea queda cortada hasta que se repare o sustituya».

Esto no ocurre en los sistemas más modernos, con barras continuas soldadas y “liberación de tensiones”, que permiten una mejor adaptación al calor. La experta añade que en países como Italia, se ha optado como medida adicional por pintar algunos de sus carriles de blanco, para repeler el sol, aunque se trata de pruebas piloto pendientes de confirmar resultados.

También advierte que, en los últimos años, las altas temperaturas han provocado movimientos milimétricos en los aparatos de vía, como los desvíos, que obligan a detenerse a los trenes por su sistema de seguridad, pero que se puede solventar con un mantenimiento específico que antes no era preciso. Pese a los retos que enfrenta Europa ante un clima cada vez más extremo, Herráez no es pesimista y confía en que la adaptación llegará: «Ante la búsqueda de necesidad y de confort, la gente aprende rápido», sostiene.

Sin duda, una muestra más del drama del cambio climático, que altera los patrones climáticos tradicionales y genera situaciones extremas más frecuentes en zonas que hasta hace años no se enfrentaban a estos eventos climáticos. EFE / ECOticias.com