Los expertos ponen el grito en el cielo: Europa está en peligro por una ola de incendios nunca antes vista

Publicado el: 15 de marzo de 2026 a las 09:42
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Incendio forestal arrasa un bosque en Europa durante una ola de calor y sequía vinculada al cambio climático

Un nuevo estudio publicado en Science concluye que la superficie forestal dañada por incendios, tormentas y plagas aumentará en Europa a lo largo de este siglo en todos los escenarios climáticos analizados. Incluso si el calentamiento global se limita a alrededor de 2 ºC, el deterioro seguiría por encima del registrado en las últimas décadas. Si las emisiones continúan altas, el daño podría duplicarse.

Europa se encamina a un siglo más difícil para sus bosques. Un equipo internacional liderado por la Universidad Técnica de Múnich calcula que las grandes perturbaciones forestales (incendios, temporales de viento y brotes de escarabajo descortezador) seguirán creciendo en todo el continente. Según la nota oficial del Potsdam Institute for Climate Impact Research, incluso en un escenario con el calentamiento contenido en torno a 2 ºC, la superficie forestal dañada cada año podría pasar de unas 180.000 a unas 216.000 hectáreas a finales de siglo. Si el uso de combustibles fósiles sigue aumentando, esa cifra rozaría las 370.000 hectáreas anuales.



Hay un detalle importante que da todavía más peso al aviso. La comparación no se hace contra un periodo tranquilo, sino frente a 1986-2020, una etapa que ya registró niveles inusualmente altos de daño forestal en Europa. Es decir, el estudio no parte de un bosque idealizado, sino de una situación que ya venía muy tensionada. Y eso se nota.

No hablamos de una simple intuición. Los investigadores combinaron imágenes de satélite, simulaciones forestales y un modelo basado en aprendizaje automático entrenado con 135 millones de datos de 13.000 localizaciones europeas. Con esa base, pudieron proyectar la evolución del bosque casi hectárea a hectárea. En la práctica, esto permite ver mejor dónde aprieta más el riesgo y cómo pueden encadenarse unos problemas con otros.



El fuego aparece como el factor más sensible al cambio climático. Golpeará con especial fuerza a la región mediterránea, pero no se quedará ahí. El trabajo advierte de que los incendios también irán ganando terreno en zonas templadas y boreales donde hasta ahora eran menos habituales. A eso se suman los brotes de escarabajo descortezador, que ya son un problema serio en partes de Europa central y que se ven favorecidos por condiciones más cálidas y secas, justo cuando los árboles tienen menos capacidad para defenderse.

¿Qué significa todo esto fuera del lenguaje técnico? Que no solo habrá más superficie dañada. También cambiará la edad de los bosques europeos. El estudio prevé más bosques jóvenes y menos bosques viejos, sobre todo en el área mediterránea. No es un matiz menor. Los bosques maduros suelen desempeñar un papel muy importante en el almacenamiento de carbono, en la biodiversidad y en la estabilidad del ecosistema. Si esa estructura cambia, cambian también muchos de los beneficios que la sociedad da por hechos.

Los autores señalan además que el sur y el oeste de Europa estarán entre las zonas más expuestas, aunque el norte tampoco queda a salvo y podría registrar nuevos focos de daño. En el fondo, esto ya no es solo un problema forestal. Cuando un bosque pierde capacidad para retener carbono, proteger el suelo, regular el agua o sostener biodiversidad, el efecto acaba llegando a otros sectores. El propio Christopher Reyeradvierte de que los bosques europeos probablemente absorberán menos carbono en el futuro, lo que metería más presión a ámbitos como el transporte o la agricultura para recortar emisiones más deprisa.

Conviene mantener un matiz. Estamos ante proyecciones basadas en escenarios climáticos, no ante una foto cerrada del futuro. Pero el mensaje de fondo es sólido. Si las emisiones se reducen con eficacia, el pico de perturbaciones podría alcanzarse hacia mitad de siglo y el daño sería menor. Si no se reducen, la tendencia sigue subiendo hasta finales de siglo. El reloj corre más deprisa que el bosque.

El estudio ha sido publicado en Science.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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