El cambio climático podría acabar con el 36% de la biodiversidad terrestre en 2085 si no se reducen de forma urgente las emisiones globales.
Un estudio publicado en Nature Ecology & Evolution revela que no es solo el aumento de temperaturas lo que amenaza a los ecosistemas, sino la acumulación de eventos extremos como olas de calor, incendios, sequías e inundaciones, que multiplican el impacto sobre especies y hábitats.
El cambio climático podría acabar con el 36% de la biodiversidad terrestre en 2085
Un estudio internacional advierte del impacto devastador de la acumulación de fenómenos extremos sobre los ecosistemas.
Las proyecciones científicas estiman que para mediados de siglo la mayoría de la fauna terrestre enfrentará temperaturas extremas. Regiones críticas como la Amazonía sufrirán incendios y sequías que amenazarán aún más a la estabilidad ecológica local.
La acumulación de desastres climáticos impedirá que los entornos naturales se recuperen, provocando colapsos irreversibles en la biodiversidad. Las experiencias previas demuestran que la resistencia de los ecosistemas tiene límites, que se superan cuando las perturbaciones son constantes.
El cambio climático podría acabar con el 36% de la biodiversidad terrestre en 2085 por la acumulación de eventos extremos
El principal hallazgo del estudio es que los impactos climáticos no actúan de forma aislada, sino que se acumulan y encadenan, generando efectos mucho más destructivos sobre los ecosistemas.
Los modelos desarrollados por el Instituto de Potsdam (PIK) integran múltiples variables climáticas, incluyendo olas de calor, incendios forestales, sequías y crecidas fluviales, lo que permite analizar escenarios más realistas.
Este enfoque supone un avance clave respecto a estudios anteriores, ya que refleja mejor cómo funcionan los sistemas de la naturaleza, donde un fenómeno extremo suele desencadenar otros, amplificando los daños.
Exposición masiva de especies a fenómenos extremos ya desde 2050
Las proyecciones indican que, si se mantienen las tendencias actuales, para el año 2050 el 74% de los animales terrestres estará expuesto a olas de calor extremas, mientras que un 16% sufrirá incendios forestales, un 8% sequías y un 3% inundaciones. Estas cifras afectan especialmente a regiones clave para la biodiversidad global, como la Amazonía, África y el sudeste asiático, consideradas hotspots ecológicos.
Según la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), estas áreas concentran una parte significativa de las especies del planeta, por lo que su degradación tendría efectos globales.
Impacto irreversible en ecosistemas: del colapso local a la pérdida global
El estudio advierte que la acumulación de eventos extremos puede provocar colapsos ecológicos, donde los ecosistemas pierden su capacidad de recuperación. Un ejemplo reciente es el caso de Australia, donde los incendios de 2019-2020 seguidos de una sequía severa provocaron una reducción de biodiversidad entre un 27% y un 40% superior en las zonas afectadas.
Este tipo de impactos demuestra que la resiliencia de los ecosistemas tiene límites, especialmente cuando las perturbaciones son continuas.
Escenarios climáticos: cómo evitar la pérdida masiva de biodiversidad
El estudio también plantea un escenario esperanzador: si se reducen rápidamente las emisiones hasta alcanzar el cero neto a mediados de siglo, el impacto podría reducirse de forma drástica.
En este caso, la proporción de hábitats afectados por eventos extremos acumulados en 2085 descendería del 36% al 9%, lo que evidencia el margen de acción disponible. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) ya ha señalado que limitar el calentamiento a 1,5 °C es clave para evitar daños irreversibles en los ecosistemas.
La ciencia redefine la forma de entender la crisis climática y la conservación
Los autores subrayan que la planificación de la conservación debe adaptarse a esta nueva realidad, donde el cambio climático no es solo gradual, sino también extremo y acumulativo. Esto implica replantear estrategias de protección de la biodiversidad, incorporando modelos más complejos que consideren múltiples riesgos simultáneos.
Instituciones como la UICN y el PIK coinciden en que la conservación del futuro deberá centrarse en aumentar la resiliencia de los ecosistemas, no solo en su protección estática.
Alcanzar la neutralidad de emisiones reduciría drásticamente la pérdida de hábitats para finales de esta centuria. Limitar el calentamiento global resulta determinante para evitar daños permanentes en la estructura del planeta, algo que afectará a todos los seres vivos.
Expertos proponen rediseñar las estrategias de conservación para afrontar estos riesgos simultáneos y acumulativos. El enfoque actual debe evolucionar hacia una gestión que fortalezca la resiliencia natural frente a la crisis climática. Que el cambio climático podría acabar con el 36% de la biodiversidad terrestre en 2085 es una advertencia clara basada en evidencia científica sólida.
La diferencia entre ese escenario y uno mucho menos destructivo dependerá de las decisiones que se tomen en esta década, donde la reducción de emisiones se convierte en el factor decisivo para preservar la vida en el planeta.













