La inacción política estrangula el mar mientras diez borrascas continuas desplomaron la salinidad en Cortegada por debajo de cinco, matando el mejillón gallego golpeado por las lluvias en 2026.
El colapso ambiental devora la economía pesquera mundial: la bahía japonesa de Hiroshima perdió el 90 % del ostión por los récords térmicos que en 2025 sofocaron los parques de cultivo marino.
Galicia encadena sus peores cosechas con apenas 189.252 toneladas en 2025, demostrando que la extrema concentración territorial en las rías convierte al sector bivalvo en un negocio muy vulnerable ante los embates del cambio climático.
Las aguas de Vigo superaron los 20 grados durante las semanas estivales, evidenciando que el fallo del viento anula el amortiguador térmico costero y aproxima una catástrofe irreversible para la acuicultura.
El mejillón gallego ante el cambio climático entra en zona de riesgo
El invierno de 2026 ha sido catastrófico para los bateeiros de la ría de Arousa, que se enfrentaron a un escenario desolador: toneladas de mejillones (Mytilus galloprovincialis) murieron a 2 metros de profundidad.
La causa no fue el exceso de calor, como muchos pensaron, sino la dilución salina. Entre los días 3 y 7 de febrero, la estación de Cortegada registró unos niveles de salinidad por debajo de diez partes por mil (con picos puntuales por debajo de 5), lo que se sitúa bastante lejos del límite de supervivencia situado en doce unidades por mil.
Y es que la región sufrió unas diez borrascas seguidas que dejaron unos 290 litros por metro cuadrado al día. Esta cantidad de agua, que podría abastecer a la región entera durante 113 años, se convirtió en un veneno mortal para los moluscos gallegos.
Japón en una situación parecida
El centro de producción del ostión japonés (Crassostrea gigas) se encuentra en la bahía de Hiroshima con casi dos tercios de la producción total nacional, pero el sector se encuentra en una situación muy parecida a la de Galicia.
Los productores nipones suelen asumir mermas de entre el 30% y el 50%; sin embargo, este año han sufrido una mortalidad del ostión de casi el 90%, una cifra inasumible para los japoneses.
El verano de 2025 es el culpable, resultando en el más cálido registrado en Japón desde que se tienen registros (1898), con una subida de temperatura de 2.36 ºC por encima de la media.
El gobierno japonés tuvo que poner a disposición del sector unos préstamos de emergencia con intereses ínfimos a cinco años, ya que la crisis del sobrecalentamiento del agua provocó la estratificación de la misma, dificultando la circulación de oxígeno y la distribución de fitoplancton, lo que debilitó a los moluscos y provocó su muerte.
De una punta del mundo a la otra, el cambio climático afecta a todos por igual
Son dos situaciones distintas, pero que dejan una conclusión en común: el clima está cambiando y se debe actuar ahora para evitar desastres mayores.
En Galicia, el Instituto Gallego de Estadística ha recordado que los datos son alarmantes. La acuicultura cayó de 231.973 toneladas en 2022 a 190.407 en 2023 y no ha levantado cabeza, registrándose el nivel más bajo en 2025 con 189.252 toneladas, la cifra más baja desde 2007.
Con el 97% de la producción total de mejillón español proveniente de Galicia, esta pérdida en el volumen de producción puede transformar lo que antes era el orgullo de la región en una catástrofe económica sin precedentes para la región.
Las olas de calor son mortales
A diferencia de Japón, las Rías Baixas son más profundas y permiten el afloramiento de aguas frías subterráneas que, ayudadas por el viento, sirven de escudo térmico, por ahora.
Las olas de calor del año 2022 provocaron unas pérdidas de cerca de 150.000 kilos de mejillón en el Delta del Ebro, todo porque el agua se mantuvo a más de 30 ºC durante al menos 6 meses.
En Vigo empezaron con buen pie; los días 3 y 4 de julio comenzaron con afloramientos y registros de 15 ºC que realizó la estación Torallamar del Ecimat, pero el viento amainó, las aguas subterráneas dejaron de moverse y la temperatura se elevó hasta los 19 ºC, provocando que las playas se mantuvieran por encima de los 20 ºC durante dos semanas.
¿Qué se puede hacer?
A corto plazo, lo ideal sería instalar sistemas de monitorización continua para controlar la temperatura, la salinidad y el oxígeno en las zonas de bateas, contribuyendo a reubicarlas o hundirlas de manera preventiva en caso de necesidad.
A largo plazo, una gestión sostenible y efectiva para los bancos naturales de mejillón y el estudio genético para seleccionar los mejillones más resistentes a la baja salinidad y el estrés térmico.
La crisis de Hiroshima es un ejemplo claro de lo que le puede suceder al mejillón gallego y a las Rías Baixas si no se toman medidas de contención y protección ante las consecuencias tan desastrosas del cambio climático.



