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sábado, febrero 4, 2023

Greenpeace recuerda la amenaza nuclear en el 70 aniversario de la bomba atómica de Hiroshima

Greenpeace recuerda que, apenas diez días antes de los bombardeos sobre Hiroshima y Nagasaki, se había firmado la Carta de las Naciones Unidas, cuyos objetivos eran la salvaguarda de la paz mundial y la defensa de los derechos humanos, entre otros. Pero los Gobiernos fueron incapaces de salvaguardar la paz entonces, y 70 años después siguen sin lograrlo.

Setenta años después de la primera detonación nuclear sobre población civil, ocurrida el 6 de agosto de 1945 en la ciudad japonesa de Hiroshima, la proliferación de armas nucleares sigue amenazando la paz y la estabilidad mundial. Nueve países (China, Corea del Norte, Estados Unidos, Francia, India, Irán, Pakistán, Reino Unido y Rusia) poseen más de 15.000 ojivas nucleares.

Greenpeace recuerda que, apenas diez días antes de los bombardeos sobre Hiroshima y Nagasaki, se había firmado la Carta de las Naciones Unidas, cuyos objetivos eran la salvaguarda de la paz mundial y la defensa de los derechos humanos, entre otros. Pero los Gobiernos fueron incapaces de salvaguardar la paz entonces, y 70 años después siguen sin lograrlo.

En ese sentido, el pasado mes de julio, en Viena, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) firmó con Irán un acuerdo para controlar su programa nuclear, y que éste tenga un carácter exclusivamente pacífico. Es el resultado de 20 meses de negociaciones, y un logro de la cooperación internacional de cara al desarme y el fin de las armas nucleares. Pero aunque la diplomacia le ha ganado la batalla al uso de la fuerza, Greenpeace recuerda que cinco de los seis países que han negociado con Irán son culpables de mantener y desarrollar arsenales nucleares.

Greenpeace considera también especialmente preocupante la creciente militarización de los países lindantes con el Ártico de cara al control y explotación de sus recursos naturales, en especial petróleo, gas y pesca. Es particularmente alarmante la militarización de Rusia, que está haciendo un especial esfuerzo para reclamar el Ártico tanto por sus recursos naturales como por ser un lugar estratégico desde donde lanzar armas nucleares, por ser la ruta balística más corta para alcanzar cualquier punto del hemisferio norte.

Además del uso militar de la energía nuclear, Greenpeace también recuerda la peligrosidad de su uso civil, que ha arrojado dos accidentes muy graves en menos de 70 años, además de muchos otros de menor escala pero también preocupantes. Las consecuencias de los accidentes de Chernóbil y Fukushima están lejos de tener solución, y han resultado en decenas de muertes y varios cientos de miles de personas evacuadas en cada caso.

“A pesar de los horrores de Hiroshima y Nagasaki, la industria y los Gobiernos han sido incapaces de frenar la carrera nuclear,” ha declarado María José Caballero, portavoz de Greenpeace. “Por la memoria de las víctimas pasadas, presentes y futuras de Hiroshima y Nagasaki, pero también de Chernóbil y Fukushima, el Reino Unido, Estados Unidos, Francia, China y Rusia deben hacer lo que predican y comprometerse a un desarme total. Solo así se dará un paso real para conseguir que la Carta de Naciones Unidas firmada hace 70 años esté un poco más cerca de cumplirse,” ha concluido Caballero.

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