Los combustibles fósiles tienen los días contados

Las naciones que han firmado acuerdos para estabilizar la temperatura media global para 2050 no cumplirán objetivos a menos que la producción de energía con combustibles fósiles acabe antes de lo programado.

«Necesitamos alcanzar las emisiones netas de dióxido de carbono a mediados del siglo para lograr la estabilización de las temperaturas globales tal como lo exigen los acuerdos internacionales, como el Acuerdo de París –destaca el autor principal Dan Tong, un académico postdoctoral de la Universidad de California Irvine en Ciencia del Sistema Terrestre–.

Pero eso no sucederá a menos que nos deshagamos de las centrales eléctricas, calderas, hornos y vehículos de larga duración antes del final de su vida útil y los reemplacemos con tecnologías de energía que no emitan».

El número de centrales eléctricas y vehículos que utilizan combustibles fósiles en el mundo ha aumentado drásticamente en la última década, impulsado por el rápido desarrollo económico e industrial en lugares como China y la India.

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Mientras tanto, la edad media de la infraestructura en los países desarrollados ha disminuido. Por ejemplo, las antiguas centrales eléctricas de carbón en Estados Unidos han sido suplantadas por nuevas de gas natural.

Según el estudio, las emisiones de la infraestructura energética existente ocupan todo el presupuesto de carbono para limitar el calentamiento medio a 1,5 grados centígrados y cerca de dos tercios del presupuesto para mantener el calentamiento a menos de 2°C durante las próximas tres décadas.

Tong y sus colegas utilizaron conjuntos de datos detallados de la infraestructura existente de quema de combustibles fósiles en 2018 para estimar las emisiones de dióxido de carbono acordadas. Asumieron que las centrales eléctricas y las calderas industriales operarán durante aproximadamente 40 años y que los turismos estarían en las carreteras durante 15 años, con algunas variaciones regionales en la economía de combustible y los kilómetros anuales recorridos.

Los investigadores también probaron diferentes supuestos de por vida para ver cómo las infraestructuras tempranas que emiten CO2 podrían ser retiradas para cumplir con los objetivos climáticos internacionales. Por ejemplo, un aumento de 1,5ºC en la temperatura promedio aún podría evitarse si las centrales eléctricas actuales fueran cerradas después de 25 años, en lugar de a los 40 de vida.

No obstante, si la infraestructura existente funciona como de costumbre, emitirá alrededor de 658 gigatoneladas de CO2 durante su vida operativa, calcularon los científicos. Se prevé que más de la mitad de estas emisiones provendrán del sector eléctrico, con China como mayor producto, con el 41 por ciento; Estados Unidos con el 9 por ciento y la Unión Europea, con el 7 por ciento. Si se construyen, las centrales eléctricas que se planifican o están en construcción emitirían 188 gigatones adicionales de CO2, aproximadamente, según el estudio.

«Nuestros resultados muestran que, básicamente, no hay espacio para una nueva infraestructura emisora de CO2 bajo los objetivos climáticos internacionales –señala en un comunicado el coautor Steven Davis, profesor asociado de ciencia del sistema de la Tierra en UCI–. Más bien, las plantas de energía que queman combustibles fósiles y los equipos industriales existentes deberán retirarse antes de tiempo, a menos que puedan ser readaptados con tecnologías de captura y almacenamiento de carbono o sus emisiones sean compensadas por emisiones negativas.

Sin tales cambios radicales, nos tememos que las aspiraciones de el Acuerdo de París ya están en riesgo».

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