Ecólogos de la Fundación MATRIX descubren un importante sumidero natural de CO2 en España

El hallazgo de un equipo de investigadores científicos de la Fundación MATRIX, presentado en el Congreso de la European Ecological Federation que se celebra en Ávila del 25 al 29 de septiembre, tiene importantes implicaciones para la ciencia y política del cambio climático. Los pastizales no solo mantienen una valiosa diversidad biológica o proveen productos agrarios de alta calidad. En el trabajo, cuyo primer autor es el Dr. Javier Montalvo, Profesor de Ecología de la Universidad de Vigo y director de la Fundación MATRIX, han participado varios investigadores que colaboran con esta fundación como voluntarios. Los resultados se apoyan en un estudio iniciado hace casi dos décadas liderado por el Dr. Francisco Díaz Pineda, Catedrático de Ecología de la Universidad Complutense, también coautor del trabajo, y responsable de una fructífera línea de investigación en pastizales del centro de España desde hace más de 40 años.

Montalvo explica que otros investigadores han observado experimentalmente que la fertilización y otros factores que promueven la producción inducen el efecto sumidero de carbono en el suelo en pastizales. El trabajo presentado, sin embargo, demuestra que bajo condiciones de manejo tradicional extensivo y de cambio climático, los pastizales “tienen una capacidad intrínseca de secuestrar carbono en el suelo” a un ritmo promedio del 2,2% al año durante las dos últimas décadas. “Nadie duda de la asociación entre aumento de CO2 y calentamiento global”, añade Montalvo, que recuerda el aumento de 0,6 grados en la temperatura media en España en los últimos 50 años, según la Agencia Estatal de Meteorología. “La buena noticia es que los pastizales nos prestan un servicio de mitigación del cambio climático gratuito”, ya que acumulan en el suelo ingentes cantidades de las emisiones de CO2 producidas, por ejemplo, por la industria y el sector del transporte.

Este trabajo posee dos características únicas. Por una parte, tiene una base empírica a largo plazo, pues cubre un periodo de observación en parcelas permanentes iniciado en 1989. Por otra, el incremento significativo de carbono en el suelo se ha registrado en ecosistemas de pastizal muy diferentes, tanto en los de plantas anuales de dehesa, como en los de plantas perennes de alta montaña, a lo largo de un rango altitudinal de más de mil metros. Los autores consideran que por su representatividad y situación geográfica (centro de la Península), existe fundamento científico para extrapolar los resultados a todo el territorio nacional peninsular e islas Baleares.

El secuestro de carbono en cualquier ecosistema ocurre cuando manifiesta un balance neto positivo entre los flujos biológicos de entrada y salida, predominantemente en forma de CO2. En la jerga científica y de cambio climático, esto supone un incremento del stock de carbono, que puede ser en el suelo o en la parte viva de ecosistema (biomasa). La estimación de los investigadores es conservadora porque limitan el alcance del cambio detectado a la parte más superficial del suelo de pastizales, que contiene, precisamente, la mayor proporción del carbono total presente en el suelo. Los prados de Cantabria y los pastizales de montaña almacenan en el suelo al menos una tonelada de carbono por hectárea y año, mientras que la tasa de secuestro de los pastizales de clima más cálido y seco del sureste peninsular es 0,4 toneladas de carbono por hectárea y año. En las dos últimas décadas, los pastizales de España (Península y Baleares) habrían retirado de la atmósfera, y almacenado en el suelo, 22,7 millones de toneladas de CO2 cada año. Esta cifra tan alta se debe a que los diferentes tipos de pastizal cubren aproximadamente el 20% de la superficie nacional (según estimaciones de los autores basadas en imágenes de satélite).

El abandono de los pastizales a corto plazo, simulado experimentalmente mediante la eliminación de ganado y otros herbívoros durante seis años, no modifica su capacidad de secuestro de carbono en el suelo. “Desconocemos el efecto a largo plazo de esta perturbación”, afirma Montalvo, “ya que el suelo es un compartimento con una baja tasa de renovación del carbono”. El secuestro de carbono en pastizales parece ser una reacción al cambio climático. “A la vez, es un valioso proceso de mitigación del cambio climático y de adaptación a éste porque estabiliza este tipo de ecosistema”. Las medidas y proyecciones estimadas de cambios de uso del suelo, permiten estimar que la superficie de pastizales no cambia globalmente en España, aunque con pequeñas diferencias regionales (afectan a menos del 1% de la superficie total). Actualmente, la reserva de carbono en el suelo de pastizales representa alrededor de la cuarta parte del stock total de carbono en los suelos de España (algunos tipos de pastizal contienen en este compartimento más de 170 toneladas de carbono por hectárea).

Combinando modelos de cambio de superficie de pastizal y su localización geográfica, con proyecciones de la tasa de secuestro empíricas, los ecólogos estiman que el secuestro de carbono en el suelo de pastizales hoy (23,5 millones de toneladas de CO2 al año; equivale al 7% de las emisiones totales de CO2 de 2010) es de una magnitud semejante al secuestro en la biomasa del conjunto de bosques de España (25,2 millones de toneladas de CO2 al año en 2009).

España excluyó los posibles cambios del stock de carbono en pastizales entre aquellos de los que debe informar para cumplir los compromisos del Protocolo de Kioto (sí informa de los asociados a la gestión de bosques y cultivos agrícolas). El informe de 2011 del Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino (MARM) a Naciones Unidas afirma: “no se considera que tengan lugar variaciones netas de carbono, ni en la biomasa viva ni en los suelos, mientras no cambien los sistemas de gestión del pastizal”. La Fundación Matrix, de acuerdo con sus fines, comunicará al MARM los resultados de esta investigación. Apoyará que España considere los cambios de stock de carbono en los pastizales en el futuro acuerdo del régimen climático post-Kioto y en los informes a Naciones Unidas, procurando la mayor precisión posible en su estimación, de acuerdo con las directrices de buenas prácticas formuladas por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC).

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