La inyección de sulfato a la atmósfera contra el calentamiento global no es la solución definitiva y puede acarrear serios problemas

Investigadores de la Universidad de Washington, en Estados Unidos, han detectado que el método de geoingeniería consistente en inyectar partículas de sulfato en la atmósfera para reflejar los rayos solares y frenar los efectos del calentamiento global podría representar una amenaza grave si no se mantiene indefinidamente y va apoyado de reducciones estrictas de las emisiones de gases de efecto invernadero (GHG, por sus siglas en inglés).

   El nuevo estudio, publicado este martes en la revista ‘Environmental Research Letters’, pone de relieve los riesgos de grandes y espacialmente extensos aumentos de temperatura si la gestión de la radiación solar (SRM) se detiene abruptamente una vez se ha aplicado.

   SRM es un método propuesto de geoingeniería por el que se liberan diminutas partículas de sulfato a la atmósfera superior para reflejar la luz solar y enfriar el planeta. Se ha demostrado que es económica y técnicamente viable, pero que su eficacia depende de su mantenimiento continuo, sin interrupción por fallos técnicas, ruptura de la cooperación global o detención de la financiación para su funcionamiento.

   Según el estudio, el aumento de la temperatura global podría más que duplicarse si el SRM se desarrolla durante un periodo de varias décadas de tiempo y luego se detiene repentinamente en comparación con los aumentos de temperatura esperados en caso de que no se realizara SRM.

   Los científicos usaron un modelo climático global para demostrar que si una de las vías de emisiones extremas, RCP8.5, continúa hasta 2035, haciendo que las temperaturas aumenten 1° C por encima de la media 1970-1999 y después se realiza SRM durante 25 años y de repente se detiene, las temperaturas globales podrían aumentar 4° C en las siguientes décadas.

   Esta tasa de aumento, causada por la acumulación de las emisiones residuales de gases de efecto invernadero, iría mucho más allá de los límites experimentados en el siglo pasado y supondría más del doble del aumento de la temperatura de 2° C que se produciría en el mismo plazo si no se hubiera aplicado esta técnica de geoingeniería.

   En una escala regional y temporal, los cambios de temperatura serían mayores en sentido absoluto en invierno en las zonas de alta latitud, pero en comparación con las fluctuaciones históricas, los cambios de temperatura serían mayores en las zonas tropicales en verano, donde por lo general hay muy poca variación.

   La autora principal de la investigación, Kelly McCusker, de la Universidad de Washington, señala: «De acuerdo con nuestras simulaciones, las regiones tropicales como Asia meridional y África subsahariana resultan particularmente afectadas, las mismas regiones en las que se ubica la mayoría de las poblaciones con problemas alimentarios. Los potenciales cambios de temperatura también suponen una grave amenaza para la biodiversidad».

   Por otra parte, los investigadores usaron un modelo climático sencillo para estudiar una variedad de escenarios plausibles de gases de efecto invernadero y la parada de SRM en el siglo XXI. Estos expertos mostraron que la sensibilidad climática, una medida de hasta qué punto el clima se calentará en respuesta al efecto invernadero, tuvo un menor impacto en la tasa de los cambios de temperatura y que las tasas de cambio de temperaturas se determinan por la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero y la duración de tiempo que se realiza SRM.

   Según concluye la principal investigadora de este estudio, la única manera de evitar el consiguiente riesgo de un aumento sustancial de la temperatura a través de SRM es conseguir fuertes reducciones simultáneas de las emisiones de gases de efecto invernadero.

 

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