Los expertos no dan crédito a lo que han descubierto de las orcas: están cambiando su comportamiento y eso podría acabar en una nueva especie

Publicado el: 18 de marzo de 2026 a las 07:54
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Dos orcas saltando en el océano al atardecer, símbolo del cambio de comportamiento que podría separar la especie.

Dos aletas de orca arrancadas y llenas de marcas de dientes, halladas en una remota isla rusa, han sacudido a los expertos. Un nuevo estudio indica que orcas que cazan mamíferos marinos habrían atacado y comido a otras orcas que solo comen peces. Sobre el papel es canibalismo, pero también una pista de que la especie podría estar separándose en dos ramas.

En el norte del Pacífico conviven dos grandes tipos de orcas. Las llamadas residentes forman familias muy estables, dirigidas por una hembra y con varias generaciones que viajan juntas toda la vida mientras se alimentan sobre todo de salmón. Las Bigg o transitorias se mueven en grupos más pequeños y flexibles y se especializan en cazar mamíferos marinos, como focas, leones marinos u otras ballenas.



Aunque comparten aguas, prácticamente nunca se mezclan ni se reproducen entre sí. En la clasificación oficial siguen dentro de una única especie, Orcinus orca, pero estudios recientes de genética y morfología proponen reconocerlas como especies distintas en la costa del Pacífico. En la práctica funcionan como vecinos que se cruzan a menudo y casi nunca se saludan.

El nuevo trabajo, liderado por la investigadora Olga Filatova y publicado en la revista Marine Mammal Science, se centra en dos hallazgos realizados en 2022 y 2024 en la isla de Bering, en el este de Rusia. En cada ocasión apareció en la arena una aleta dorsal de orca arrancada y con hileras de marcas de dientes. Los análisis genéticos identificaron a las dos víctimas como orcas residentes de dieta basada en peces.



El patrón de mordeduras coincide con el que dejan las orcas Bigg cuando atacan a otras ballenas y delfines. El equipo recuerda que los cadáveres de orca se hunden con rapidez, por lo que es poco probable que se trate de animales muertos por otras causas y luego carroñeados. Por definición, si una orca come a otra de su misma especie hablamos de canibalismo, aunque la historia sea más matizada.

Filatova subraya que en la vida real estos grupos están totalmente aislados, no socializan ni crían juntos y han seguido caminos evolutivos separados durante mucho tiempo. Para una orca Bigg, una residente no forma parte de su “familia” sino del menú. En las residentes, además, machos y hembras permanecen toda su vida en el grupo de su madre, algo muy poco común en mamíferos y que refuerza clanes muy cohesionados.

Esa estructura de clanes podría haber evolucionado como defensa frente a las orcas que cazan mamíferos, ya que un grupo grande detecta antes a posibles atacantes y protege mejor a crías y hembras ancianas. A la vez, otros estudios muestran que residentes y Bigg difieren en dieta, tamaño, forma del cráneo, vocalizaciones y uso del espacio marino. La genética refuerza la idea de linajes que casi no intercambian genes, por lo que la propia Filatova habla de que “estamos presenciando un proceso evolutivo”.

Que una orca pueda convertirse en presa de otra rompe la imagen del superdepredador invulnerable y recuerda que incluso en lo alto de la cadena trófica hay competencia y miedo. Si las orcas Bigg se benefician de poblaciones abundantes de mamíferos marinos y las residentes dependen de salmones muy presionados por la pesca y otros impactos humanos, ese desequilibrio puede intensificar los encuentros letales entre ellas. Por eso los expertos insisten en diseñar medidas de conservación específicas para cada tipo de orca y recuerdan que las poblaciones de orcas residentes ligadas al salmón son mucho más vulnerables.

Más allá del impacto inmediato, esta historia de aletas perdidas y clanes que se apiñan para sobrevivir es un recordatorio de cómo la evolución sigue trabajando en el océano. De momento solo se han documentado dos aletas arrancadas, así que los científicos insisten en que se trata de un comportamiento raro y difícil de observar, no de una “guerra civil” entre orcas. Aun así, cada nueva pista ayuda a entender cómo se organizan los superdepredadores del mar y cómo cambian las fronteras entre depredador y presa.

El estudio científico oficial se ha publicado en la revista Marine Mammal Science.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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