Los edificios también contaminan el aire de las ciudades: las urbes afrontan una amenaza ambiental poco visible que se origina en el propio parque inmobiliario. A diario, las estructuras expulsan los residuos gaseosos generados por la actividad cotidiana de sus ocupantes.
Este flujo constante de impurezas altera el entorno comunitario y empeora la calidad ambiental del vecindario. Las chimeneas y las rejillas de ventilación funcionan como focos de emisión continua en las áreas urbanas.
El monitoreo técnico en las salidas de aire revela unas concentraciones elevadas de dióxido de carbono, metano y partículas finas. Estas mediciones confirman que las áreas habitacionales e instalaciones educativas liberan componentes muy nocivos.
Actualizar las normativas arquitectónicas e integrar los sistemas de filtrado inteligente resulta indispensable. Mitigar esta fuga contaminante reducirá el impacto climático global y protegerá la salud pública en las metrópolis.
Los edificios también contaminan el aire de las ciudades cuando expulsan el aire interior
Durante décadas, la relación entre edificios y contaminación atmosférica se ha observado principalmente en una dirección: el aire contaminado de la calle entra en viviendas, oficinas o colegios y obliga a diseñar sistemas capaces de garantizar ambientes interiores saludables.
La tesis doctoral de Robiel Manzueta invierte esa perspectiva. Los inmuebles reciben aire exterior, pero después expulsan nuevamente al entorno los contaminantes generados por personas, vehículos, cocinas, saneamiento y diferentes actividades desarrolladas en su interior.
La consecuencia es relevante para comprender la contaminación urbana: los edificios pueden funcionar como fuentes emisoras adicionales. Medir esa aportación permitiría incorporarla al diseño arquitectónico y ambiental de las ciudades en lugar de considerarla invisible.
Sensores de alta precisión descubren qué expulsan los edificios
La aportación diferencial de la investigación está en cómo medir esta “respiración”. Manzueta desarrolló una metodología que utiliza sensores de alta precisión instalados en los principales conductos de extracción para cuantificar las sustancias expulsadas.
Las mediciones abarcaron espacios con perfiles muy diferentes, entre ellos viviendas, aulas, garajes, cocinas y bajantes de saneamiento. Esta diversidad permite analizar cómo el uso de cada zona modifica la composición del aire que finalmente abandona el inmueble.
El sistema convierte las salidas de ventilación en puntos de observación ambiental. Frente a limitarse a medir concentraciones interiores, permite estudiar directamente qué contaminantes salen, desde dónde y potencialmente en qué cantidad, información esencial para diseñar futuras estrategias de reducción.
CO₂, metano y partículas salen de viviendas y otros espacios
Los resultados detectaron una mezcla considerablemente más compleja que el conocido dióxido de carbono (CO₂). Las viviendas también pueden expulsar monóxido de carbono (CO), metano (CH₄), compuestos orgánicos volátiles totales (TVOC) y partículas en suspensión.
No todos estos contaminantes proceden de la misma actividad ni presentan los mismos riesgos. Precisamente por eso, caracterizar las emisiones según el tipo de espacio puede ayudar a identificar qué usos generan los mayores impactos y qué soluciones técnicas resultan más eficaces.
La investigación señala además que estos contaminantes apenas son considerados por la normativa actual al diseñar determinados sistemas de ventilación. Existe así una posible brecha entre lo que los edificios realmente expulsan y aquello que las reglas técnicas contemplan.
La “exhalación de los edificios” cambia cómo entendemos la ciudad
Manzueta propone definir este fenómeno como “exhalación de los edificios”. La comparación resulta gráfica: un inmueble “inhala” aire exterior, dentro se incorporan sustancias derivadas de la actividad humana y finalmente “exhala” una composición diferente mediante la ventilación.
Esta idea permite contemplar cada edificio como parte del metabolismo ambiental de la ciudad. Miles de inmuebles absorbiendo y expulsando continuamente aire forman una red de pequeños flujos que, considerados individualmente, pueden parecer insignificantes.
El cambio aparece cuando se observa la escala urbana. Una reducción modesta en un solo inmueble tendría un impacto limitado, pero reproducida en miles o millones de edificios podría traducirse, según la investigación, en mejoras relevantes para la calidad ambiental de las ciudades.
Los colegios necesitan una vigilancia especial de su aire
La investigación presta especial atención a los edificios educativos, donde ocupación y actividad varían considerablemente a lo largo de la jornada. Un aula llena presenta necesidades de ventilación muy distintas a las de ese mismo espacio cuando permanece vacío.
Por eso, la autora plantea una monitorización continua de la calidad del aire que permita adaptar la ventilación al uso real de los espacios. El objetivo combina eficiencia con protección de quienes permanecen durante muchas horas dentro de los edificios.
Esta aproximación también evita pensar que ventilar más constituye siempre la única respuesta. Una gestión inteligente necesita conocer ocupación, contaminantes y condiciones interiores y exteriores para determinar cuándo, cuánto y de qué manera renovar el aire.
Reducir estas emisiones podría mejorar ciudades y clima
Que los edificios también contaminan el aire de las ciudades plantea finalmente un desafío regulatorio. La investigación propone revisar la normativa e incorporar desde el propio diseño arquitectónico soluciones destinadas a reducir las sustancias expulsadas.
Parte de las emisiones identificadas corresponde además a gases de efecto invernadero, particularmente CO2 y metano. Reducirlas podría conectar las políticas sobre calidad del aire urbano con las estrategias destinadas a disminuir el impacto climático de los edificios.
La gran oportunidad está en actuar antes de construir. Si arquitectos e ingenieros conocen desde el proyecto cómo un inmueble inhala, transforma y exhala aire, la ventilación podría evolucionar desde una herramienta destinada únicamente al interior hacia un componente activo de ciudades más saludables.
Los edificios también contaminan el aire de las ciudades, pero hasta ahora una parte de esas emisiones permanecía fuera del foco habitual. La metodología desarrollada en la Universidad de Navarra proporciona una herramienta para cuantificar aquello que viviendas, aulas, cocinas, garajes y sistemas de saneamiento devuelven a la atmósfera urbana.
El siguiente paso será determinar cuánto representan estas emisiones a escala de barrio y ciudad y qué soluciones ofrecen mejores resultados. Convertir millones de pequeñas “exhalaciones” en un nuevo objetivo ambiental podría abrir otra vía para conseguir edificios que no solo sean saludables por dentro, sino también más limpios hacia fuera.
Los edificios también contaminan el aire de las ciudades: te lo contamos en 15 segundos
¿Los edificios contaminan el aire exterior?
Sí. La investigación muestra que los edificios pueden expulsar mediante sus sistemas de ventilación gases y partículas generados por las actividades desarrolladas en su interior.
¿Qué contaminantes expulsan los edificios?
El estudio detectó, entre otros, CO₂, monóxido de carbono, metano, compuestos orgánicos volátiles y partículas en suspensión, aunque las emisiones pueden variar dependiendo del espacio y de su utilización.
¿Cómo contaminan los edificios el aire de las ciudades?
Los inmuebles toman aire del exterior y posteriormente lo expulsan mediante sus sistemas de extracción y ventilación, incorporando sustancias generadas dentro de viviendas, cocinas, garajes, aulas u otras instalaciones.
¿Qué significa que un edificio “exhala”?
La “exhalación de los edificios” es el concepto propuesto para describir cómo un inmueble recibe aire exterior y posteriormente devuelve al entorno gases y partículas procedentes de las actividades interiores.
¿Cómo se puede reducir la contaminación que expulsan los edificios?
La investigación plantea monitorizar continuamente la calidad del aire, adaptar la ventilación al uso de los espacios y desarrollar soluciones desde la fase de diseño capaces de disminuir las emisiones.
¿Por qué hay que controlar más la ventilación de los colegios?
Los edificios educativos experimentan importantes variaciones de ocupación. Monitorizar continuamente el aire permitiría ajustar la ventilación a las necesidades reales y contribuir a proteger la salud de sus ocupantes.



