Un estudio de Stanford atribuye a los gases emitidos tras el Acuerdo de París parte de la intensidad de las olas de calor europeas. En algunas zonas, el episodio de 2025 habría sido cerca de un tercio de grado más suave.
Gracias a un nuevo estudio sobre las olas de calor en Europa del equipo de Stanford, se compararon las condiciones meteorológicas observadas durante el calor extremo de 2025 con otras vinculadas a escenarios de menor nivel de emisiones de GEI, mediante un modelo de inteligencia artificial entrenado con simulaciones climáticas.
Los expertos estimaron que existe una probabilidad superior al 99 % de que las emisiones de esa década hayan intensificado las olas de calor y calcularon que habrá un aumento aproximado de un tercio de grado en algunas regiones del mundo, ya que las temperaturas siguen al alza debido al cambio climático.
Las olas de calor son más intensas por las emisiones de los últimos años
Las emisiones a la atmósfera de gases de efecto invernadero o GEI producidas durante la última década y posteriores al Acuerdo de París de 2015 han intensificado de una manera muy significativa las olas de calor que se han registrado en Europa.
Lo ha comprobado un equipo de la Escuela de Sostenibilidad Stanford Doerr (Universidad de Stanford, Estados Unidos), que centra su labor investigadora en el cambio climático y en la sostenibilidad, y publicaron los resultados de su trabajo en la revista Geophysical Research Letters.
Gracias a la combinación de los sistemas de inteligencia artificial generativa y de modelos científicos, los investigadores han podido determinar que el calor extremo del verano de 2025 habría sido más moderado sin la contaminación de la última década y que es uno de los culpables del aumento de las olas de calor.
Estos son unos hallazgos de enorme importancia porque demuestran que incluso los incrementos mínimos en la temperatura global, como un tercio de grado, elevan drásticamente los riesgos de mortalidad y multiplican los daños socioeconómicos.
Las temperaturas irán a más
Según el resumen de la investigación facilitado por la Universidad, este trabajo marca un hito técnico al separar con éxito la influencia humana de la variabilidad climática natural en eventos meteorológicos específicos, como es el caso de las olas de calor. Los expertos han advertido además de que las temperaturas extremas continuarán agravándose, lo que exige una preparación urgente frente a desastres climáticos inminentes.
«Hemos encontrado pruebas contundentes de que si la ola de calor que azotó Europa en el verano de 2025 se hubiera producido sin las emisiones registradas desde 2015, muy probablemente habría sido más fría», ha manifestado el autor principal, Jared Trok , y ha asegurado que este resultado no es exclusivo de la ola de calor de 2025, sino que también se cumple para la semana más calurosa de Europa en cada año desde al menos 2021.
Los científicos llevan mucho tiempo estudiando si la quema de combustibles fósiles desde la Revolución Industrial a mediados del siglo XIX ha contribuido a los cambios en las temperaturas medias globales y otros aspectos del clima terrestre.
Emisiones históricas y recientes
En las últimas dos décadas, los investigadores han desarrollado métodos para estudiar cómo las emisiones históricas han afectado a las olas de calor, los huracanes, las sequías, los incendios forestales y otros fenómenos meteorológicos extremos.
El estudio se basa en una serie de investigaciones previas y utiliza inteligencia artificial generativa entrenada con modelos climáticos para cuantificar si ciertos subconjuntos de las emisiones de origen humano han influido en fenómenos meteorológicos específicos (como las olas de calor) en los últimos años.
Los investigadores de Stanford han recordado en el resumen que el Acuerdo de París sobre el Clima de 2015 comprometía a la comunidad internacional a limitar el calentamiento global por debajo de los 2 grados por encima de los niveles preindustriales, pero han advertido de que ya se acerca al umbral de 1,5 grados.
Así, estabilizar la temperatura global requerirá reducir las emisiones a «cero neto», el punto en el que los gases de efecto invernadero liberados a la atmósfera se compensan mediante mecanismos naturales o tecnologías avanzadas, han apuntado.













