“El asesinato de marzo de 2016 de la activista hondureña Berta Cáceres condujo a una protesta global contra la violencia, a la que ambientalistas e indígenas de todo el mundo se enfrentan todos los días. Honduras sigue encabezando la lista de los países más peligrosos, cuando se trata de luchar por los derechos humanos y proteger el Medio Ambiente”.
Defender el Medio Ambiente cuesta vidas
A un año de su fallecimiento, Global Witness, una organización mundial dedicada a la Investigación y defensa de los derechos humanos y de los abusos medioambientales, explicó que el 2015 fue el año más peligroso para los ecologistas, con 185 asesinatos documentados.
La organización estima que, según los datos con los que cuentan, que aún no han sido completamente corroborados, el 2016 podría superar la cifra antes mencionada, puesto que el estimativo de las muertes de ecologistas y ambientalistas se supone que alcanzó los 200 individuos.

Advierten además que el 2017 tampoco será una excepción, dado que ya han muerto asesinados varios activistas, como Isidro Baldenegro López de 72 años, que murió a causa de las heridas de bala recibidas, mientras protestaba por la construcción de una presa hidroeléctrica en Guatemala.
«Nunca ha sido más importante para los seres humanos defender nuestro planeta y, sin embargo, nunca ha sido más peligroso hacerlo,» dice el comunicado de Global Witness. Ejemplo de ello es la incansable lucha de Berta Cáceres, que finalmente le costó la vida y que también fue el motivo principal por el que, en el año 2015 le otorgaron el prestigioso Premio Ambiental Goldman.

Un año después todo sigue igual
Cáceres recibió 33 amenazas de muerte antes de su asesinato y, sin embargo, las autoridades hondureñas jamás la protegieron, a sabiendas de que su vida corría peligro, puesto que su enfrentamiento con las empresas que querían construir una presa en la tierra de sus ancestros era bien conocido por todo el mundo.

Tras su muerte, al menos tres ambientalistas, conocidos compañeros de lucha de la malograda Berta fueron asesinados en Honduras, por lo que Global Witness considera que “Honduras es un emblema, puesto que detrás de los ataques hay proyectos económicos, corrupción en gran escala y una completa falta de consulta a las comunidades que se verán afectados por la degradación de su Medio Ambiente”.
La conclusión de la organización es que Honduras es el país más peligroso del mundo para ser activista medioambiental y para proteger los derechos humanos. Y alerta de que, si las tornas no cambian, los grandes proyectos del país costarán aún más vidas cada año.






















