En 1987 devolvieron 30 bisontes a una pradera de Kansas y 29 años de seguimiento después, las zonas donde pastaban tenían un 103 % más de especies de plantas autóctonas que las que no tenían grandes herbívoros, incluso tras una sequía extrema

Publicado el 27 de septiembre de 2026 a las 08:02
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Pradera de hierba alta de Konza, en Kansas, con bisontes al fondo

En 1987, 30 bisontes regresaron a Konza Prairie, una pradera de Kansas, y pusieron en marcha una transformación que los científicos siguieron durante décadas. En 2020, las parcelas pastoreadas por estos animales albergaban un 103 % más de especies vegetales autóctonas que las zonas sin grandes herbívoros, una diferencia que alcanzaba el 86 % al estudiar superficies mayores.

El hallazgo procede de una investigación publicada en 2022 en la revista PNAS, con un seguimiento experimental de 29 años. Además, las ganancias de diversidad se recuperaron después de una sequía extrema, una pista sobre el papel que estos animales pueden desempeñar en la restauración de las praderas.

Qué significa ese aumento

La cifra del 103 % se refiere al número de especies autóctonas presentes en parcelas de 10 metros cuadrados. Mide cuántos tipos de plantas conviven, algo distinto de la cantidad de hierba que vemos al pasear por un campo.

El 86 % corresponde a la escala de cuenca, que reúne observaciones de una superficie mayor. Ambos porcentajes comparan las zonas con bisontes y las zonas sin pastoreo en 2020, por lo que no representan un aumento calculado directamente sobre la vegetación que había en 1987.

La historia comenzó con animales donados por la reserva militar de Fort Riley. La manada creció mediante reproducción y nuevas incorporaciones, y en 1992 se amplió el área disponible para los bisontes, dentro de un programa que estudia cómo interactúan el pastoreo, el fuego y el clima.

Comer hierba abre espacio

¿Cómo puede un animal que come plantas ayudar a que haya más especies? Los investigadores relacionan el resultado con la reducción del dominio de unas pocas gramíneas, el grupo al que pertenecen muchos de los pastos que forman estas praderas.


Los bisontes se alimentan principalmente de esas gramíneas y vuelven una y otra vez a lugares donde brota hierba fresca. Al mantenerlas a raya, dejan oportunidades para otras plantas que antes tenían más difícil competir por los recursos.

También modifican físicamente el terreno al revolcarse, creando pequeñas depresiones y condiciones distintas dentro del paisaje. En las zonas con bisontes aumentaron las plantas propias de la pradera, mientras que las especies exóticas siguieron siendo poco frecuentes.

Las vacas también ayudaron

El equipo comparó tres formas de gestionar el terreno, con bisontes durante todo el año, con ganado vacuno durante la temporada de crecimiento y sin grandes herbívoros. Esta comparación buscaba reflejar prácticas habituales de la región, según explicó la Universidad Estatal de Kansas.

El ganado vacuno también favoreció la riqueza vegetal frente a las áreas sin pastoreo. La diferencia fue del 41 % en las parcelas y del 30 % a escala de cuenca, menos de la mitad del incremento registrado con bisontes.

Pero hay un matiz que cambia cómo debemos leer el resultado. Como las dos especies pastaban durante periodos distintos, el experimento no permite separar por completo el efecto del animal del efecto de su manejo.

La prueba de la sequía

Las sequías de 2011 y 2012 permitieron comprobar qué ocurría cuando faltaba agua de forma excepcional. Al principio, el número de especies autóctonas disminuyó en las áreas con bisontes, de modo que la comunidad vegetal también sufrió el golpe.

Después llegó la recuperación, que tardó unos cuatro años a escala de parcela y dos a escala de cuenca. La riqueza de especies volvió a la trayectoria de aumento previa a la sequía, un resultado que los autores describen como resiliencia.

Una posible explicación está bajo nuestros pies. Mientras las gramíneas del lugar utilizan sobre todo agua de las capas superficiales, muchas otras herbáceas acceden a reservas más profundas, lo que puede reducir la competencia cuando el suelo se seca.

Recuperar procesos naturales

“Reintroducir la megafauna autóctona podría ayudar a restaurar la biodiversidad de los pastizales”, explicó Zak Ratajczak, autor principal, en el comunicado de la universidad. La idea plantea recuperar animales capaces de influir en el funcionamiento del ecosistema, además de conservar las plantas por separado.

Los resultados corresponden a una pradera de pastos altos de Kansas y a unas condiciones concretas de manejo. Por eso, aplicarlos a otros lugares exige estudiar el terreno, el clima y la fauna propia de cada ecosistema, sin dar por hecho que cualquier introducción producirá el mismo beneficio.

Konza muestra, además, por qué merece la pena observar la naturaleza durante décadas para entender sus cambios.

El estudio original se publicó el 29 de agosto de 2022 en la revista PNAS.

Imagen: Kgwo1972 / Wikimedia Commons (dominio público)

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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