En 2025, 47 bisontes americanos fueron llevados a la Reserva El Santuario, ubicada en Cuatrociénegas, al noroeste de Coahuila, tras más de cien años de ausencia. A los pocos meses, los responsables comenzaban a observar alteraciones en el suelo, en la vegetación y en otros animales.
Para que se hable de una recuperación completa, queda mucho por recorrer, pero ya se observan evidencias que demuestran que la recolonización de una especie clave podría ser suficiente para reiniciar procesos naturales interrumpidos durante los años.
El regreso de una especie clave
El bisonte había desaparecido por los efectos de la caza y otras actividades humanas. Una especie clave es aquella cuyo comportamiento sostiene muchas de las relaciones e interacciones de un ecosistema. Gerardo Ruiz Smith, director de la Fundación Pro Cuatrociénegas, lo define como un «ingeniero del ecosistema», ya que transforma el paisaje al comer, caminar y trasladarse.
Los primeros tres ejemplares llegaron de una instalación del Museo del Desierto de Coahuila en agosto, y a finales de noviembre se integraron otros 44 procedentes de la Reserva de la Biosfera Janos, en Rancho El Uno.
El escenario no es precisamente un desierto vacío: la Reserva de la Biosfera de Cuatrociénegas cubre más de 413.000 hectáreas y tiene más de 800 especies de plantas y alrededor de 360 especies de animales.
Pezuñas que cambian el suelo
Su manera de moverse y sus pisadas pueden dejar un menor volumen de material como combustible. Sus pezuñas alteran la superficie y crean pequeñas cavidades donde se acumula el agua. Del mismo modo, pueden favorecer los rebrotes, aunque esto último depende del espacio, de la densidad de la manada y de la forma de manejarla.
Al alimentarse de gramíneas y de pasto seco, disminuyen la masa vegetal que podría convertirse en el mejor aliado para el fuego.
El pelaje transporta semillas que después se sueltan en otras áreas de la reserva. Además, el estiércol atrae a escarabajos peloteros e insectos que entierran la materia orgánica y pueden aumentar los nutrientes del suelo mientras excavan.
Señales de más biodiversidad
Desde su llegada, las cámaras de seguimiento han vuelto a captar pumas, linces y pecaríes de collar que llevaban años sin aparecer por esa zona, incluso aves locales han sido vistas recogiendo pelo de bisonte para hacer sus nidos.
Una investigación de los prados de Montana ya asocia la reintroducción del bisonte con una mayor diversidad de aves y con una presencia más frecuente de otros grandes herbívoros. Esto no evidencia que esté pasando lo mismo en México, aunque es interesante tener esta referencia.
Es una buena señal, pero por la presencia del bisonte no evidencia que hayan causado cada regreso. Hará falta un seguimiento durante varios años para comprobar si esas especies permanecen, si la vegetación se diversifica o si el suelo retiene mejor el agua.
Una recuperación a largo plazo
El éxito no se va a evidenciar en unos pocos meses. Los equipos tendrán que seguir la diversidad genética de la manada, evitar una presión demasiado elevada sobre los pastizales y comparar las zonas recorridas con otras semejantes en las que no haya bisontes.
Ahí aparece la prueba de fondo. Si el suelo mejora, las plantas nativas aumentan su presencia y la fauna vuelve de forma estable, Cuatrociénegas habrá recuperado más que un animal simbólico.
El comunicado se ha publicado en el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza.



