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Científicos colocaron collares GPS a 75 berrendos junto a una planta solar de 1.100 hectáreas en Nuevo México, y los datos sobre el animal terrestre más rápido de América revelan un problema que ningún proyecto solar había resuelto todavía

Un estudio con GPS revela cómo reaccionan los berrendos a una gran planta solar y pone en duda viejas teorías.

Científicos colocaron collares GPS a 75 berrendos junto a una planta solar de 1.100 hectáreas en Nuevo México, y los datos sobre el animal terrestre más rápido de América revelan un problema que ningún proyecto solar había resuelto todavía

Decenas de berrendos llevan más de dos años enviando su posición cada hora desde el suroeste de Estados Unidos. Los datos se reúnen en dos zonas de Nuevo México y Arizona, una de ellas junto a la planta San Juan Solar, y responden a una pregunta clave de la transición energética. ¿Pueden crecer las grandes instalaciones fotovoltaicas sin cerrar el paso a la fauna?

La respuesta preliminar es más compleja de lo que sugiere la imagen de una valla cerrada. Los animales no parecen evitar de forma general la planta de San Juan y han utilizado todos los pasos entre sus recintos, aunque con intensidades muy distintas. Pero la instalación ocupa hábitat valioso y las conclusiones definitivas todavía están bajo revisión científica.

Un seguimiento cada hora

El proyecto no colocó 75 collares de una sola vez. En marzo de 2024, los investigadores equiparon con GPS a 60 hembras adultas de berrendo y en enero de 2025 añadieron otras 15, repartidas entre las dos áreas de estudio. Cada dispositivo registra 24 posiciones al día.

En mayo de 2026, el equipo ya acumulaba más de un millón de localizaciones, cinco millones de fotografías de cámaras automáticas y miles de huellas, observaciones y señales de animales. Es una cantidad enorme de información, pero el volumen por sí solo no ofrece una respuesta. Hay que comparar estaciones, obras, rutas y comportamientos.

La sorpresa junto a la planta

Los científicos esperaban que los berrendos eligieran zonas más alejadas, redujeran el uso del hábitat próximo y se comportaran de otra manera si percibían la instalación como un riesgo. Sin embargo, los datos obtenidos hasta ahora no muestran una tendencia clara de rechazo duradero alrededor de San Juan Solar.

En la primera fase, 18 de las 30 hembras marcadas cerca de la planta llegaron a menos de 100 metros de sus vallas. Eso representa el 60 % y es un resultado alentador, aunque no demuestra que la instalación carezca de impacto. No es una absolución ambiental.

Los pasos sí se utilizan

San Juan Solar está dividida en nueve campos fotovoltaicos cercados y una instalación de baterías. Entre esos recintos quedaron franjas abiertas de diferentes anchuras y longitudes. Los GPS indican que los berrendos han usado todos esos pasos, aunque unos mucho más que otros.

Las zonas amplias registraron más movimiento, mientras que los pasos largos y estrechos tuvieron poco uso. Aun así, algunos animales atravesaron el paso más estrecho cuando era corto y permitía llegar a recursos importantes. El terreno también pesa, porque un arroyo, una ladera o una carretera pueden convertir un espacio aparentemente libre en un embudo.

Por qué una valla importa

El berrendo (Antilocapra americana) puede acercarse a los 97 kilómetros por hora. Pero hay una paradoja. Aunque es capaz de saltar, rara vez lo hace ante una cerca y suele intentar pasar por debajo, por lo que una malla cerrada puede cortar sus desplazamientos diarios o estacionales.

En cercados ganaderos y de manejo de fauna, las guías recomiendan dejar una separación inferior de unos 41 a 46 centímetros y evitar el alambre de espino en esa zona. Una planta solar tiene exigencias de seguridad diferentes, así que esa medida no puede copiarse sin más. Por eso importan tanto la ubicación de las vallas, los pasos entre campos y el seguimiento posterior.

Wyoming dio otra señal

Un estudio publicado en 2025 analizó durante cinco años el entorno de una planta solar de 80 megavatios en Wyoming. Allí, el uso del paisaje por los berrendos disminuyó después de la construcción. Las zonas de alta utilización cercanas a la instalación cayeron entre un 40 % y un 60 % dentro del primer kilómetro.

¿Por qué Nuevo México no repite exactamente ese patrón? Todavía no hay una explicación cerrada, porque la disposición de los recintos, el relieve, el agua, la calidad del hábitat y el comportamiento de cada población pueden cambiar el resultado. Y eso se nota.

Solar sin cerrar caminos

San Juan 1 ocupa unas 445 hectáreas junto a la antigua central de carbón de San Juan. Tiene 200 megavatios de potencia solar y una batería de 100 megavatios, con 400 megavatios hora de almacenamiento. Además, aprovecha parte de la infraestructura eléctrica existente.

El Departamento de Energía de Estados Unidos concedió 1,7 millones de dólares a Wildlands Network para estudiar la respuesta de los berrendos y otros mamíferos ante la energía solar a gran escala. «Queremos cambiar el paradigma para integrar las necesidades de la fauna en el desarrollo solar y reducir sus efectos», resume el investigador principal Aaron Facka.

Lo que viene ahora

El primer manuscrito, elaborado con el primer año y medio de datos, ha sido enviado a la revista Ecosphere y continúa en revisión por pares. Un segundo trabajo se centrará en los pasos entre los recintos y en las características que explican su uso.

Mientras llegan esos resultados, la lección más prudente es sencilla. Hay que estudiar los movimientos antes de decidir dónde se colocan los paneles, conservar el acceso a agua y alimento, dejar espacio junto a elementos naturales y comprobar después si los animales usan realmente las rutas previstas. Abrir un hueco en un plano no lo convierte automáticamente en corredor.

La actualización oficial más reciente del proyecto ha sido publicada por Wildlands Network.

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