Deforestación en la Amazonía colombiana. La expansión de carreteras no autorizadas, la ganadería extensiva y los cultivos de coca están acelerando la pérdida de selva en el arco noroeste del país.
Expertos advierten que la crisis ambiental y de seguridad debe ocupar un lugar central en las elecciones presidenciales del 31 de mayo. Ante el avance de economías ilegales y la débil presencia estatal.
Deforestación en la Amazonía colombiana: carreteras, ganado y coca avanzan
Más de 56.000 hectáreas taladas en un año. Y 1.460 kilómetros de nuevas vías profundizan la crisis ambiental en plena carrera electoral.
Entre abril de 2024 y marzo de 2025, la deforestación en la Amazonía colombiana alcanzó aproximadamente cifras alarmantes, superando las 56 mil hectáreas, según el último informe del FCDS. La expansión de las carreteras continúa impulsando la pérdida de bosque.
En los últimos siete años, se construyeron más de 8 mil kilómetros de nuevas carreteras, de los que 1500 fueron añadidos solo el año pasado. Eso implica que la selva se ‘asfalta’ a un promedio de cuatro kilómetros diarios. Y la mayor parte de los eventos de deforestación ocurre a menos de dos kilómetros de estas carreteras.
La Amazonía colombiana enfrenta una creciente devastación por la expansión de carreteras no autorizadas, la minería ilegal, la ganadería extensiva y los cultivos de coca, fenómenos asociados al conflicto armado y la débil presencia estatal que expertos consideran deben ocupar un lugar central en la agenda de las elecciones presidenciales de este año.
8.000 kilómetros de nuevas vías en siete años
En medio del verde continuo de la selva aparecen franjas grises de tierra donde la tala es evidente y vías de color ocre se abren paso para conectar potreros. Lo hacen formando un mosaico irregular que fragmenta la vegetación. Por el costado noroeste del arco amazónico colombiano formado por los departamentos de Caquetá, Guaviare, Putumayo y Meta.
En varios puntos, columnas densas de humo se elevan sobre áreas intervenidas. Son señal de quemas activas que afectan amplios sectores de la serranía de La Macarena, los parques nacionales naturales Tinigua y Chiribiquete y las llanuras del Yarí.
«Es evidente el avance de la deforestación de norte a sur». «Hay un avance muy importante en varios núcleos y es crítico lo que ocurre en los parques Tinigua y La Macarena», afirmó el director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS), Rodrigo Botero.
56.719 hectáreas taladas en un año
Según el más reciente informe de la FCDS sobre deforestación, entre abril de 2024 y marzo de 2025 la tala de árboles en la Amazonía colombiana abarcó un área aproximada de 56.719 hectáreas.
Además, en los últimos siete años (2018–2025), la malla vial se incrementó en 8.018 kilómetros. Y solo en el último año se abrieron 1.460 kilómetros de nuevas vías, a un promedio de cuatro kilómetros diarios.
El análisis técnico también muestra que el 90 % de la superficie deforestada en el último año está ubicado a menos de 1,9 kilómetros de las carreteras abiertas, lo que confirma la estrecha relación entre expansión vial y pérdida de selva.
Sobre esta situación, Botero advirtió que la transformación también es significativa al oeste del resguardo Yaguará, en el núcleo del alto río Camuya. Así como en el Parque Nacional Natural de Chiribiquete, «por el avance de carreteras, cultivos de coca y lotes de ganadería«.
Ganadería extensiva y crecimiento del hato bovino
El informe documenta además que en el arco noroeste amazónico se concentran 3,24 millones de cabezas de ganado —el 11,4 % del total nacional— y que el hato bovino en la región creció 86,1 % entre 2017 y 2024, muy por encima del promedio nacional. «De cada diez hectáreas deforestadas en esa zona, 8,3 se destinan a pasturas, 1,5 a cultivos de coca y 0,2 a la apertura de vías ilegales«, precisa el informe.
En materia de cultivos ilícitos, la Amazonía concentraba en 2023 el 25,6 % de las hectáreas de coca del país, y en los municipios del arco noroeste el área cultivada aumentó un 88,9 % entre 2019 y 2023.
Existe también «un nuevo corredor de cultivos de coca» que va de sur a norte, desde la frontera con Putumayo, en el río Caguán, hasta la zona de La Macarena, en el Meta. «Vimos una enorme magnitud en el avance de carreteras, en la instalación de grandes potreros y en un nuevo poblamiento del territorio. Y la selva está ardiendo», señaló.
La Amazonía, ausente del centro del debate electoral
Aunque la Amazonía comprende el 43 % del territorio colombiano, su lejanía de los principales centros de poder hace que la crisis ambiental y social que atraviesa no ocupe un lugar central en el debate público.
Botero planteó que, además de la deforestación, la región enfrenta profundas brechas sociales y concentra algunas de las mayores cifras de pobreza multidimensional del país. Por lo que consideró necesario que los candidatos presidenciales incorporen soluciones integrales para la Amazonía en sus propuestas de cara a las elecciones del próximo 31 de mayo.
La problemática ambiental, añadió, no puede desligarse del contexto de seguridad.
En varios de los municipios sobrevolados operan organizaciones armadas ilegales, entre ellas disidencias de la antigua guerrilla de las FARC agrupadas en el denominado Estado Mayor Central (EMC), así como otras facciones que se disputan el control territorial y corredores estratégicos para el tráfico de drogas, la minería ilegal y otras economías ilícitas.
Muchos de estos territorios formaron parte de la llamada ‘zona de distensión’ durante el fallido proceso de paz del expresidente Andrés Pastrana (1998-2002) con las FARC. Este fue un antecedente relevante para entender las dinámicas actuales de ocupación y control territorial de los grupos ilegales.
La ganadería predomina en las tierras en las que se ha talado la selva, representando el 83% de las áreas deforestadas en el noroeste de la Amazonía. Mientras que el cultivo de coca y la construcción ilegal de carreteras representan presiones menores, pero crecientes, sobre el bosque.
La región enfrenta crisis superpuestas de degradación ambiental, desigualdad social e inseguridad. Ya que los grupos armados operan en muchos municipios, lo que dificulta la gobernanza y los esfuerzos de conservación en toda la Amazonía colombiana. Seguir leyendo en ECO AMERICA


















