Durante décadas el viento ha sido clave para mantener la ruta marítima más importante de Panamá pero 40 años después ha desaparecido por un inusual fenómeno

Publicado el: 10 de mayo de 2026 a las 18:44
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Vista aérea del Golfo de Panamá donde el debilitamiento del viento ha alterado el afloramiento de agua fría.

Durante al menos cuatro décadas, el Golfo de Panamá tenía una especie de rutina natural. Cada año, entre enero y abril, los vientos del norte empujaban el agua superficial y permitían que subiera agua profunda, fría y cargada de nutrientes. Pero en 2025 ese mecanismo falló por primera vez desde que hay registros modernos. Y eso no es poca cosa.

La explicación más probable está en el viento. Según el estudio liderado por científicos del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI), los vientos alisios fueron inusualmente débiles o soplaron durante menos tiempo, lo que impidió que el mar hiciera su trabajo habitual. En la práctica, el Golfo perdió durante semanas una ayuda natural que enfría el agua, alimenta a la vida marina y sostiene parte de la pesca local.



Qué ha ocurrido

El fenómeno se llama surgencia o afloramiento. Dicho de forma sencilla, es como si el océano levantara desde el fondo una reserva de agua fría y nutritiva. Esa agua alimenta el fitoplancton, que es la base de muchas cadenas alimentarias marinas.

En el Golfo de Panamá, este proceso ha sido muy predecible durante años. Durante la estación seca de Centroamérica, los vientos del norte suelen empujar el agua cálida de la superficie hacia fuera, dejando espacio para que ascienda agua profunda. Gracias a eso, las playas del Pacífico panameño suelen estar más frescas en plena temporada de vacaciones.



En 2025, sin embargo, el enfriamiento típico casi no apareció. También se redujo el aumento habitual de productividad marina, una señal importante porque allí donde hay nutrientes suele haber más vida. El sistema no se apagó para siempre, pero sí falló de una manera que los investigadores no habían registrado antes.

El papel del viento

La clave está en que la surgencia no ocurre sola. Necesita viento, dirección y tiempo. Si el viento no sopla lo suficiente o no dura lo bastante, el agua fría de las profundidades no llega a la superficie como debería.

Los datos del estudio apuntan a una reducción de la frecuencia, duración e intensidad del llamado chorro de viento de Panamá. Los autores también señalan que podría estar relacionado con la posición de la Zona de Convergencia Intertropical durante La Niña de 2024 y 2025, aunque reconocen que los mecanismos aún no están claros. Esa cautela es importante. No todo se puede cerrar con una frase perfecta.

La diferencia fue muy marcada. Históricamente, la surgencia comenzaba hacia el 20 de enero, duraba unos 66 días y podía llevar el agua a una temperatura mínima media cercana a 19 °C. En 2025, el descenso por debajo de 25 °C no llegó hasta el 4 de marzo, duró solo 12 días y la mínima se quedó en 23,3 °C.

Por qué afecta a la vida marina

Para los peces, los corales y las comunidades costeras, este proceso no es un detalle técnico. Es parte de la despensa del mar. Cuando sube agua profunda, llegan nutrientes que alimentan organismos pequeños, y esos organismos sostienen después a peces más grandes.

También hay un efecto térmico. El agua fría ayuda a aliviar el estrés por calor en los arrecifes de coral, algo cada vez más importante en mares que se calientan. Sin ese colchón natural, los corales pueden quedar más expuestos a episodios de blanqueamiento y deterioro.

¿Significa esto que la pesca panameña vaya a colapsar de inmediato? No necesariamente. Los propios investigadores piden más trabajo para entender las consecuencias reales sobre las pesquerías. Pero el aviso está ahí, y llega en un momento en el que muchos ecosistemas costeros ya viven bajo presión.

Los datos que preocupan

El equipo no se basó en una impresión aislada. Analizó 40 años de datos satelitales de temperatura superficial del mar, registros de temperatura in situ desde 1995 y mediciones de viento de la estación meteorológica de Punta Culebra. También se usaron perfiles de agua tomados en 2024 y 2025.

El repositorio de datos del estudio indica que la información cubre el periodo 1985 a 2025 para datos satelitales, 1995 a 2025 para registros de temperatura en el agua y 2014 a 2025 para datos locales de viento. Además, define los eventos de surgencia como los días en los que la temperatura media baja de 25 °C. Es una forma bastante clara de detectar cuándo el mar entra en su fase fría habitual.

Los vientos del norte, cuando llegaron, no fueron necesariamente más débiles que en otros años. El problema fue que ocurrieron con mucha menos frecuencia y durante periodos más cortos. Según el estudio, la frecuencia fue un 74 % menor y las horas de relajación del viento aumentaron un 25 %.

Lo que falta por saber

La gran pregunta ahora es si lo ocurrido en 2025 fue una anomalía puntual o el comienzo de un cambio más frecuente. Esa diferencia lo cambia todo. Un año raro puede ser duro para un ecosistema, pero una repetición continua puede transformar la forma de funcionar de toda una costa.

Los científicos insisten en la necesidad de vigilar mejor los sistemas tropicales de surgencia. A pesar de su importancia ecológica y económica, muchos están poco monitorizados. Y cuando falta observación, se llega tarde.

También hay un mensaje incómodo para el resto del mundo. Aunque Panamá quede lejos de España, el océano funciona como una red de señales conectadas. Si procesos tan regulares empiezan a fallar, conviene mirar más de cerca qué está pasando con los vientos, las temperaturas y la vida marina.

Un aviso desde los trópicos

El caso del Golfo de Panamá muestra que el cambio climático no solo se mide en olas de calor, sequías o tormentas. A veces aparece de una forma menos visible, en un viento que no sopla lo suficiente o en un agua fría que no llega a tiempo. Y eso también cuenta.

Este hallazgo es además uno de los primeros resultados relevantes de la colaboración entre el buque de investigación S/Y Eugen Seibold del Instituto Max Planck y el STRI. Su valor está precisamente en eso, en mirar el océano con datos largos, equipos de campo y paciencia. Sin esa vigilancia, este fallo habría pasado casi desapercibido.

El estudio científico ha sido publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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