La idea suena descabellada pero científicos están intentando volver a congelar el Ártico para frenar el aumento del nivel del mar

Publicado el: 28 de junio de 2026 a las 18:38
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Científicos trabajan sobre el hielo marino del Ártico durante un experimento para engrosarlo y retrasar su deshielo.

Puede sonar a ciencia ficción. Bombear agua de mar sobre el hielo del Ártico en pleno invierno para que se congele, gane grosor y resista algo más cuando llegue el deshielo. Pero eso es justo lo que está probando Real Ice en Cambridge Bay, en Nunavut, al norte de Canadá, dentro de un programa financiado por la agencia británica ARIA y liderado por la Universidad de Cambridge.

El resultado inicial llama la atención, aunque todavía no permite cantar victoria. Según las mediciones comunicadas en la campaña más reciente, el equipo bombeó unas 50 000 toneladas de agua del océano sobre el hielo y logró añadir alrededor de 50 centímetros a una capa natural de 1,5 metros. En el Ártico, donde cada semana de hielo cuenta, no es poca cosa.



Una idea que parece imposible

La técnica se basa en una lógica muy sencilla. En invierno, el aire del Ártico está mucho más frío que el mar, así que el agua bombeada desde debajo del hielo se extiende por encima y se congela rápido. En la práctica, es parecido a crear una carretera de hielo, pero aplicado sobre el mar congelado.

El objetivo no es fabricar un nuevo Ártico desde cero. Lo que se busca es engrosar el hielo que ya existe para retrasar su fusión en verano. Dicho de otra manera, ganar tiempo en una región que se está calentando mucho más rápido que la media mundial.



Por qué importa tanto

El hielo marino funciona como un gran espejo blanco. Cuando hay nieve y hielo, una parte muy importante de la luz solar vuelve al espacio. Cuando el hielo desaparece, aparece el océano oscuro, que absorbe mucho más calor y acelera el calentamiento. Y ahí empieza el círculo vicioso.

El problema es que el hielo de verano del Ártico lleva décadas retrocediendo. Climate.gov calcula que el mínimo estival ha caído alrededor de un 13 % por década desde el inicio del registro por satélite. Además, el IPCC advierte de que el Ártico podría vivir condiciones prácticamente sin hielo en el mínimo de verano al menos una vez antes de 2050.

Lo que han visto en el hielo

En Cambridge Bay, el equipo trabajó en condiciones extremas, con temperaturas de hasta 40 grados bajo cero durante las tareas sobre el terreno. La idea era perforar, bombear agua de mar y medir después qué pasaba con el hielo, su salinidad, su estructura, su grosor y su capacidad para reflejar la luz.

Las primeras imágenes de satélite mostraron algo muy gráfico. La zona tratada aparecía como una isla blanca rodeada de charcos azules de deshielo. Además, Real Ice asegura que el hielo creado era más brillante que el natural cercano, posiblemente porque la congelación rápida atrapa más burbujas de aire.

No es solo una prueba aislada

El estudio revisado por pares más reciente sobre esta técnica analizó una campaña anterior, realizada en la temporada 2024 y 2025 en Cambridge Bay. Allí se usó un área de trabajo de 1 por 1 kilómetro, con zonas de control sin inundar y zonas de prueba en las que se bombeó agua de mar sobre el hielo.

Los resultados de ese trabajo fueron más prudentes, pero importantes. A mediados de mayo, antes del deshielo fuerte, algunas zonas inundadas eran hasta 32 centímetros más gruesas que las zonas de control. También se observó que el hielo tratado era más brillante y se derretía más despacio durante la primavera.

La comunidad inuit cuenta

El experimento no se está haciendo en un lugar vacío. Cambridge Bay, también conocida como Ikaluktutiak, es una comunidad donde el hielo forma parte de la vida diaria. Sirve para desplazarse, pescar, cazar y mantener actividades culturales que dependen de saber leer el mar congelado.

Por eso, la participación local es clave. ARIA afirma que los ensayos se diseñaron con colaboración comunitaria y bajo un marco de gobernanza específico. En la información recogida sobre el terreno, el guía inuit Kyle Weese resume bien el sentimiento de muchos vecinos. La idea, reconoce, «suena loca», pero su intención es ayudar a preservar el entorno.

El debate incómodo

La geoingeniería polar genera rechazo entre muchos científicos. Un análisis publicado en Frontiers in Science revisó varias propuestas para intervenir en los polos y concluyó que no superaban el examen de viabilidad, coste, gobernanza y riesgo ambiental. Entre ellas estaba el engrosamiento artificial del hielo marino.

La crítica principal es clara. Estas ideas podrían distraer de lo urgente, que es reducir de forma rápida las emisiones de gases de efecto invernadero. ARIA también lo reconoce en su propia documentación, donde insiste en que el engrosamiento del hielo no puede resolver por sí solo el cambio climático y, en el mejor de los casos, sería una medida temporal.

Lo que falta por demostrar

La gran pregunta sigue abierta. ¿Puede funcionar a una escala suficiente para tener importancia climática, o solo servirá para proteger rutas locales durante algo más de tiempo? Nadie tiene todavía una respuesta cerrada, y esa prudencia es importante para no vender humo.

También falta entender mejor los efectos ecológicos. Bombear agua de mar lleva sal, nutrientes y microbios a la superficie del hielo. ARIA señala que los ensayos están midiendo precisamente salinidad, deshielo, reflectividad y posibles cambios en la vida microbiana. Hasta que esos datos sean sólidos, el proyecto seguirá siendo una prueba, no una solución.

Aun así, el experimento deja una imagen poderosa. En un Ártico que pierde hielo año tras año, un pequeño rectángulo blanco resiste un poco más entre charcos azules. Puede que no baste para salvar el clima, pero sí obliga a hacerse una pregunta difícil. ¿Qué estamos dispuestos a investigar mientras reducimos emisiones de verdad?

El estudio revisado por pares más reciente sobre esta técnica ha sido publicado en la revista Earth’s Future.

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ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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