Las capibaras se han vuelto los animales más adorables pero nadie sabe que son los ‘budistas’ del reino animal: se hacen amigos hasta de los cocodrilos

Publicado el: 20 de abril de 2026 a las 09:42
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Capibara sentado junto al agua en un humedal, conocido por convivir pacíficamente con caimanes.

Si alguna vez has visto un vídeo de un capibara tumbado junto a un caimán, quizá te haya parecido una escena imposible. Dos animales que comparten orilla, barro y siesta como si nada, cuando uno de ellos es un depredador con una mordida temible.

Pero esa “paz” no es un cuento de amistad. En gran medida es una mezcla de costes, riesgos y reglas del humedal que a veces juegan a favor del roedor… hasta que dejan de hacerlo.



Lo que realmente está pasando en la orilla

Los capibaras (también llamados carpinchos o chigüiros) viven pegados al agua y se mueven en grupos, por eso es normal verlos en las orillas. Su vida gira alrededor de lagunas, ríos y zonas encharcadas, donde comen y descansan.

En muchos humedales sudamericanos, el “cocodrilo del vídeo” suele ser un caimán, como el yacaré, que es abundante en regiones como el Pantanal brasileño. La coincidencia de hábitat crea escenas muy llamativas, pero lo que parece calma suele esconder vigilancia y una ruta de escape a pocos pasos.



Qué come un caimán

Cuando hay peces, insectos y presas pequeñas, el caimán tiene opciones más fáciles. Un estudio en el Pantanal brasileño analizó el contenido estomacal de 196 ejemplares de yacaré (Caiman crocodilus yacare) y encontró que comían sobre todo insectos y peces.

Eso ayuda a entender por qué un capibara adulto no suele ser la primera elección. En la práctica, un depredador prefiere una comida que no le cueste una lesión, y en un ecosistema con abundancia de presas pequeñas esa cuenta suele salir clara. No es poca cosa.

Un roedor enorme que no es tan “inofensivo”

El capibara es el roedor vivo más grande del planeta. Hay cifras que ponen la escena en perspectiva, un peso medio de 50 kg, cerca de 1,2 m de largo y unos 0,6 m de altura a la cruz.

Además, no es solo tamaño. Tiene incisivos grandes y duros, diseñados para cortar vegetación, pero capaces de causar daños serios si el animal se ve acorralado. Ese detalle cambia el balance entre riesgo y beneficio para cualquier atacante.

El agua como refugio

Los capibaras son semiacuáticos y están hechos para vivir en esa frontera entre tierra y agua. Ojos, orejas y narices en posición dorsal, y patas palmeadas, les permiten meterse al agua con rapidez sin perder de vista lo que ocurre alrededor.

Y no es solo para huir. Los trabajos sobre su biología señalan que el agua también es clave para su termorregulación, algo muy fácil de entender si pensamos en esas tardes de calor pegajoso en los humedales.

Siempre cerca del agua

Un estudio con radiotelemetría en el Chaco seco de Paraguay siguió a seis carpinchos y cuantificó algo que muchos naturalistas ya intuían. En general, los animales se localizaban el 95% del tiempo a menos de 500 metros de una fuente permanente de agua.

En el mismo trabajo, los autores relacionan esa cercanía con la termorregulación y con la evitación de depredadores. Dicho de otro modo, el estanque o la laguna es su “plan A” casi todo el día.

Con jaguares cerca, cambia la rutina

La historia se vuelve más interesante cuando entran en escena jaguares y pumas. Un artículo publicado en 2025 en Behavioral Ecology and Sociobiology comparó capibaras en el Pantanal (con jaguares y pumas) con los de los Esteros del Iberá antes de la reintroducción del jaguar en 2021.

En su “significance statement” lo resumen en una frase, “Predation risk shapes prey behaviors”. Traducido a la vida real, significa que el miedo también organiza horarios, distancias y decisiones.

Cuando el riesgo aprieta, se nota

Los resultados encajan con lo que se esperaría de un animal que vive “con el enemigo cerca”. En el Pantanal, los capibaras mostraron alta cohesión de grupo, forrajearon cerca del agua y limitaron su actividad a horas diurnas, sin depender tanto de la temperatura o la luz de la luna.

En Iberá, en cambio, los capibaras fueron más flexibles y ajustaron su actividad sobre todo a las condiciones ambientales (especialmente la temperatura). Eso sugiere que, cuando faltan grandes depredadores durante mucho tiempo, el comportamiento también se relaja.

Del comportamiento al paisaje y al CO2

Puede sonar exagerado pensar que una siesta junto a un caimán tenga algo que ver con el carbono. Pero los ecólogos llevan años explicando que las interacciones depredador presa pueden provocar cascadas que acaban afectando a la vegetación y al funcionamiento del ecosistema.

En el artículo de 2025, los autores plantean que las respuestas antidepredador del capibara podrían “cascadear” hacia abajo, afectando plantas, suelos e incluso la captura de carbono. No es una promesa automática, es una posibilidad ecológica razonable cuando cambian los patrones de pastoreo y uso del hábitat.

Una pista adicional llega de un trabajo en Applied Vegetation Science en el Parque Nacional Iberá. El equipo instaló recintos para excluir a los capibaras en parcelas de 3 × 3 metros y, tras años de seguimiento, vio que sin su pastoreo aumentaban la altura y la biomasa de la vegetación, cambiando también la diversidad y la composición de especies.

La mayor amenaza para el capibara no suele ser el caimán

A escala global, el capibara se considera “preocupación menor”, pero eso no significa que esté libre de presión. Una tesis académica lo dice sin rodeos (cita textual), “La principal amenaza de esta especie es la caza por su carne y cuero”.

En algunos lugares, además, aparecen conflictos con cultivos y riesgos sanitarios. Y en zonas concretas la pérdida de humedales y la transformación del paisaje pueden recortar su hábitat, aunque la especie también ha mostrado capacidad para expandirse en entornos modificados.

Si lo ves en redes, qué conviene tener en cuenta

Lo primero es bajar el tono de cuento. Que un capibara esté cerca de un caimán no es una invitación a acercarse ni a alimentar fauna, y menos en espacios naturales donde un susto puede acabar en una carrera hacia el agua.

Lo segundo es mirar el paisaje, no solo el clip. Detrás de esa escena hay humedales que almacenan agua, sostienen biodiversidad y pueden influir en procesos ligados al carbono a través de cambios en la vegetación y el pastoreo. Y ahí la conservación no es un lujo, es una herramienta.

El estudio más reciente sobre estas respuestas antidepredador ha sido publicado en Behavioral Ecology and Sociobiology.

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ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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